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Sobre ‘La Historia De Tu Vida’ y Arrival (2016)

08/19/2016

Leisure [Icon By Buuf]
 Entretenimiento.

El lenguaje moldea nuestro pensamiento y determina lo que pensamos.

Benjamin Lee Whorf (1897 – 1941). Lingüista estadounidense.

Este año, Hollywood ha sido bastante pobre en cuanto a producciones de ciencia ficción se trata: exceptuando algunas pequeñas joyas, como Star Trek: Beyond y Captain America: Civil War, casi todas las películas estrenadas a lo largo del año han tendido hacia la mediocridad. Es así como el filme Arrival (o “La Llegada” en Español), por estrenarse durante el mes de noviembre en los Estados Unidos, además de tener excelentes efectos visuales, puede que nos haga reflexionar un poco acerca de la vida, el universo y todo lo demás, como los clásicos del cine Interstellar (2014) y Gravity (2013).

Pic: Arrival Poster (based on 'Story Of Your Life' by Ted Chiang)
Poster de Arrival (2016).
(Fuente: io9.com)

La principal razón por la que tengo fe en esta película, es el material original en el que está basada: escrita por el autor sino-estadounidense Ted Chiang y titulada como La Historia De Tu Vida, la novela original ha sido nominada o ha ganado todos los galardones otorgados a las obras de ciencia ficción y fantasía del año 1999, tales como los premios Locus, Hugo, Nébula y Sturgeon. Sin revelar demasiado acerca de la trama, baste decir que éste es un extraordinario y conmovedor relato narrado en primera persona, acerca de cómo la Dra. Louise Banks, una lingüista que ha sido reclutada por las fuerzas armadas estadounidenses, debe entablar comunicación con visitantes extraterrestres durante un primer contacto, mientras al mismo tiempo, ella intercala los recuerdos de su propia hija.

A diferencia de otros relatos, en los que los alienígenas llegan a la Tierra para destruirnos o solicitar nuestro ingreso a la Comunidad Galáctica, el autor explora uno de los escenarios más probables de primer contacto: algunas docenas de naves llegando a la Tierra, permaneciendo suspendidas en el aire sin un propósito aparente. Como ya habíamos expresado en este mismo blog, nuestros gobiernos reaccionarían con muchísima cautela, buscando establecer comunicación con los visitantes para descubrir sus verdaderas intenciones. Ya que es casi imposible decodificar el lenguaje de una especie cuya biología difiere completamente de la nuestra, la historia se centra en el tortuoso proceso requerido para entendernos mutuamente e intercambiar información de manera significativa.

Por otro lado – y este es el twist de la historia – el autor basó su novela en la Hipótesis de Sapir-Whorf, cuyo principio establece una correlación directa entre el lenguaje que una persona habla y la forma en que dicha persona entiende y conceptualiza el mundo. Así, conforme la Dra. Banks descifra los secretos del lenguaje hablado y escrito de los visitantes, su manera de percibir la realidad empieza a cambiar… así que si los productores incluyen esta idea en la película, Arrival se convertirá en un filme único por sus implicaciones filosóficas. En pocas palabras: para adultos inteligentes.

Por ello, antes de verla en el cine, recomiendo leer el relato original: un excelente ejemplo de lo que pasaría durante un primer contacto. Además, nos hará darnos cuenta que posiblemente, el mejor regalo que nos pueda dar una civilización extraterrestre no sea tecnología o tratados científicos, sino una nueva manera de entender el universo. Y en cuanto a la película, bueno, esperemos que Paramount no la arruine. Después de todo, si el libreto es manejado correctamente y Amy Adams – quien interpreta a la Dra. Banks en esta producción cinematográfica – hace bien su trabajo, es posible que el próximo año, Arrival compita por guión, actriz y hasta mejor película en los premios Oscar, pues así de interesante está el argumento original, que no le pide nada a Contacto de Carl Sagan o El Marciano de Andy Weir.

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E.T. nos dio la Wi-Fi: ¿Es posible adoptar tecnología extraterrestre?

06/24/2016

Space [Icon By Buuf]
 SETI.

Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Arthur C. Clarke (1907 – 2008). Escritor británico de divulgación científica y ciencia ficción.

Justo el día de hoy, la secuela del aclamado filme de ciencia ficción, Independence Day (1996), se estrenó en Hispanoamérica. Titulada como Independence Day: Resurgence, esta nueva entrega nos cuenta lo que ocurre 20 años después de la fallida invasión extraterrestre mostrada en la primera película. El argumento se centra en qué ocurre cuando los alienígenas remanentes en la Tierra logran enviar una señal de auxilio al resto de su flota, esparcida por el resto de la galaxia. Así como las demás producciones de su tipo, seremos testigos de un ejemplo clásico del Blockbuster Hollywoodense, que usualmente cuenta con una relativa simplicidad de guión, uno o dos personajes memorables y unos extraordinarios efectos visuales.

Sin embargo, un punto peculiar del filme consiste en que los humanos han logrado recuperar, estudiar y aplicar tecnología extraterrestre. ¿Es esto realmente posible? Porque si bien infinidad de series y películas de ciencia ficción muestran cómo la humanidad logra prevalecer o congeniar con otras civilizaciones debido a que las diferencias tecnológicas se reducen a “ametralladoras frente a láseres”, la realidad es que muy pocas historias explican cómo nuestros valientes científicos e ingenieros estudian estos “campos de fuerza”, para posteriormente copiarlos y colocarles el sello de “Hecho en la Tierra”.

Cualquier tecnología extraterrestre a nuestro alcance no puede ser el resultado de una invasión, ya que de manera realista, si un imperio galáctico quiere deshacerse de los terrícolas, éste no requiere de contacto alguno con nosotros. Con algo tan burdo como un asteroide de hierro de unos 10 Km de diámetro, viajando al 90% de la velocidad de la luz, es posible desintegrar el planeta – y con sólo una milésima parte de esa velocidad, es posible eliminar a casi toda la vida en la Tierra. Por lo tanto, para tener algo recuperable y vivir para contarlo, cualquiera de los siguientes escenarios debería ocurrir:

• Un accidente en cualquiera de los planetas o lunas de nuestro sistema solar, que por lo menos permita la recuperación parcial de los restos. Por ejemplo, un choque a menos del 0.01% de la velocidad de la luz, o unos 30 Km/s. Dichas velocidades son ciertamente catastróficas para los tripulantes y el planeta huésped (equivalentes a una explosión nuclear de miles o millones de megatones, como el que extinguió a los dinosaurios hace 65 millones de años), pero debido a los requerimientos técnicos necesarios para el viaje interestelar, es posible que quede algo qué rescatar.

• Descubrimiento de instalaciones o artefactos alienígenas abandonados en nuestro sistema solar. De acuerdo a la Paradoja de Fermi, de existir vida extraterrestre, la Tierra sería visitada una vez cada 2 millones de años, por lo que es probable que hayan dejado algo atrás, pero es muy difícil de detectar: debido a las fuerzas erosivas y geológicas de nuestro mundo, tales dispositivos deberían haber sido destruidos desde hace mucho tiempo – no así para los lugares con atmósfera inexistente y órbitas estables, como algunos asteroides, lunas y planetoides del sistema solar.

Pic: 300 Million-year UFO Gear! (Not really)


Un artefacto metálico que parece ser parte de un engrane, encontrado en un depósito de carbón de 300 millones de años de antigüedad en la región de Jakasia, Rusia Meridional. Manteniendo una postura de escepticismo, esto también puede ser un cristal de ferrita, un fósil de crinoideo o una parte del equipo de minería que pudo haberse roto durante la extracción del carbón. (Fuentes: The Huffington Post y Doubtful News)

¿Es posible descifrar su operación y funcionamiento?

Lamentablemente, a diferencia de un mensaje desde las estrellas, cualquier maquinaria extraterrestre encontrada de esta manera estaría incompleta o en un terrible estado de deterioro: recordemos que para copiar un mecanismo, es necesario verlo en funcionamiento; de lo contrario sólo podremos hacer conjeturas acerca de su operación. Un ejemplo de esto es el Mecanismo de Anticitera, recuperado del fondo del Mar Mediterráneo en 1900.

Por mucho tiempo, dicho mecanismo fue considerado como la prueba absoluta de visitantes extraterrestres, pues se creía que era tecnológicamente demasiado complejo como para haber sido construido por seres humanos. Cabe mencionar que su fecha de ensamblado se estimó en base a los sedimentos formados alrededor del mecanismo, así como otras piezas de arqueología encontradas en el mismo lugar de su descubrimiento: entre el 150 y el 100 antes de nuestra era. No fue sino hasta finales del 2006 que se encontró su verdadera función: ésta es una computadora análoga usada para predecir posiciones astronómicas y eclipses con fines calendáricos y astrológicos. Es decir, se requirieron más de 100 años para descubrir que un mecanismo incompleto de engranes de cobre fue construido por humanos para algo tan pedestre como saber cuándo se jugarían los Juegos Olímpicos.

Por otro lado, es necesario considerar que cuando se trata de tecnología avanzada, es muy probable que el gobierno o fabricante original haya incluido algunas salvaguardas para evitar que su tecnología sea replicada. Esto hace mayor sentido con desarrollos gubernamentales – como una sonda interestelar probablemente lo sería – ya que viéndolo desde el punto de vista de un terrícola, muchos grupos a lo largo de nuestra historia han tratado de robarse o copiar la tecnología de los demás, desde que un homínido se dio cuenta que un hueso podría ser una eficiente herramienta de cacería, o una poderosa arma para tomar el abrevadero de la tribu vecina.

El problema del costo

Hay una relación inversa entre la existencia y adopción de una tecnología determinada y su coste unitario; mientras más instancias de ella se implementan, más se aprende cómo producirla de manera barata y eficiente, lo que significa que su costo al público puede ser reducido sin disminuir el margen de ganancia. Así, tecnologías recientemente desarrolladas que no han tenido el tiempo suficiente para dejar que esta relación tenga efecto, tienden a ser muy costosas de adquirir y difíciles de mantener. Un ejemplo de esto son los automóviles eléctricos: en 2003, el Tony Stark/Iron Man de la vida real, Elon Musk, fundó Tesla Motors con el objetivo de revolucionar la industria automovilística; a sabiendas de que esta tecnología era demasiado costosa, su estrategia se centró en primero ingresar al mercado con un modelo caro, apto sólo para clientes VIP: en 2008 inició la producción del Tesla Roadster, por un precio de US$109,000. Conforme los volúmenes de venta han aumentado, los modelos han evolucionado de la misma manera: hoy por hoy, existe el Modelo 3, revelado al público en 2016 con un costo de US$35,000. Se espera que en dos o tres años más, se terminará el desarrollo del modelo Gen 4, con un precio asequible para la mayoría de la población.

Así, la adquisición de tecnología avanzada requeriría no sólo de entenderla y replicarla, sino que también implicaría la creación de nuevas industrias, procesos y modelos de negocio para que pueda ser adoptada por todos. Esto conllevaría considerable tiempo y una enorme inversión, por lo que lamentablemente, a veces tarda mucho o no termina de suceder debido al statu quo: no fue sino hasta que Tesla demostró un éxito sostenido, que otras compañías automotrices se han unido de mala gana a esta corriente.

Por supuesto, cualquier argumento en contra de los costes de producción pierde su validez en cuanto a la tecnología militar se refiere. Sólo tenemos que superar algunas “pequeñas” limitaciones técnicas, para las que todavía no hemos descifrado completamente la solución…

El problema del software

Para los que tienen un mínimo conocimiento en TI: ¿alguna vez vieron precisamente, Independence Day? ¿Cuál es la escena más atroz que llegaron a ver en dicha película?

Pic: A PowerBook communicating with an alien computer


Precisamente. (Fuente: Reddit)

La mera idea de que una Mac, ensamblada hace 20 años, sea compatible con el sistema operativo de una nave extraterrestre de más de 500 kilómetros de diámetro, miles de años más avanzada de lo que la humanidad jamás ha creado, y lo suficientemente sofisticada como para darle soporte vital a toda una civilización extraterrestre, es considerado por cualquier ingeniero de software como una de las peores representaciones de la informática en la historia del cine. Si tomamos en cuenta que la última laptop ofertada por Apple tiene mil veces la cantidad de memoria RAM de la laptop mostrada en la película, sería realmente chusco ver a alguien intentar conectarlas; incluso más si consideramos que ambas son del mismo fabricante.

Ahora bien, una de las realidades de la vida moderna es que el futuro casi no consistirá de materiales nuevos, sino que estará basado en cómo combinar materiales ya conocidos y hacerlos funcionar. Un celular está compuesto de plástico y algunos metales (oro, cobre, plata y litio); pero lo que realmente lo hace útil es el complejo software que le permite funcionar: con él, es posible usar 4G para navegar por internet, llamar a otros dispositivos celulares, o sincronizar la información contenida en el dispositivo con un wearable o aplicaciones en la nube.

Intentar extraer y decodificar este software es posiblemente uno de los mayores obstáculos para aplicar ingeniería inversa a un artefacto extraterrestre, ya que sería indispensable conectarse a dicho dispositivo y descargar el sistema operativo para descifrar sus rutinas. Por supuesto, si bien esto es muy difícil, no es imposible: incluso hoy existe gente alrededor del mundo cuyo hobby consiste en descargar el software de sus propios automóviles para hackearlos y optimizar su desempeño. Hacer lo mismo con un dispositivo cuya arquitectura, lenguaje de programación y abstracciones son desconocidas, podría tomar décadas y considerable poder de procesamiento, pero de lograrse, eventualmente obtendríamos las llaves del reino.

El problema de la energía

Desde la década de 1990 aparecieron experimentos científicos que demuestran la posibilidad de crear ventanas de plasma, que separan el vacío del espacio exterior, del interior de una nave espacial. También, ya existen en la actualidad diseños que permitirían enviar sondas a Alfa Centauro en tan sólo cinco años o a Marte en apenas 7 minutos. ¿Que es lo que impide que estas fantásticas tecnologías se hagan realidad, aparte de los elevados costos?

El traje de Iron Man es un extraordinario exoesqueleto que permite entre otras cosas, cargar objetos de varias toneladas de peso, volar a la misma velocidad que un avión caza y disparar ráfagas de plasma. Su potencia estimada es de 4 millones de caballos de fuerza, o 2.98 Gigawatts/hora, equivalentes a 2.2 veces la energía generada por una planta nuclear como Laguna Verde, México. Lamentablemente, hoy por hoy no contamos con una fuente de energía del tamaño del reactor arc (un reactor de fusión fría del tamaño de una mano) mostrado en los comics y las películas.

Así entonces, la miniaturización de fuentes de energía es otro problema al que se enfrentan los ingenieros, y por el que no pueden pasar de pequeños experimentos en el laboratorio: para hacer funcionar estos increíbles gadgets, es necesario crear y almacenar enormes cantidades de energía en un espacio muy reducido. Algunos materiales tienen la densidad de energía necesaria (por ejemplo, para el traje de Iron Man bastan 133 gramos de uranio en un reactor reproductor), pero entonces, nos enfrentaríamos al obstáculo final para la adopción de tecnología extraterrestre: nuestra propia biología.

El problema de la biología terrestre

Todos hemos soñado alguna vez con tener un auto volador desde que éramos niños. Y cuando aprendimos a manejar, llegó algún momento en que incluso de adultos, hemos dejado correr la imaginación: si estamos atorados en el tráfico pesado de la hora pico, nos imaginamos despegando en modo vertical para volar a casa o al trabajo dejando atrás el smog, el ruido y la incomodidad. Excepto que esto es imposible.

Incluso en la actualidad, existen “carreteras” por el aire que todo piloto de avión debe seguir, y si llega a darse tráfico aéreo pesado, deben volar sin cesar en un patrón de círculo hasta que haya un lugar disponible en la pista de aterrizaje. Entonces imaginémonos no sólo una hilera de automóviles enfrente y atrás de nosotros durante la hora pico, sino varios niveles arriba y abajo también. Si ocurre una descompostura o un choque en el aire, no podremos detenernos en el acotamiento para llamar a la compañía de seguros, sino que caeremos por varios cientos o miles de metros hacia abajo, llevándonos a una muerte segura a todos los que estén circulando debajo de nosotros en ese momento, y a los que estén a nivel del suelo también.

El punto es que nuestra tecnología también viene de la mano de características de seguridad: si bien es posible crear reactores nucleares del tamaño de una batería de automóvil, o sondas que viajen a Marte en 7 minutos, nuestros cuerpos no están a la par de estas tecnologías, por lo que sufriríamos de daños irreparables o una horrible muerte; ya sea por la radiación, altas velocidades o exposición al frío y calor extremos. Con decir que el simple hecho de estar en una nave espacial, es mortal para los seres humanos.

Posiblemente, para adoptar cualquier clase de tecnología futura (y no sólo la extraterrestre) tendremos que cambiar nosotros mismos también. Con mejoras genéticas y cibernéticas, eventualmente será posible salir allá afuera. Pero de momento, adaptar o crear tecnología que hoy es indistinguible de la magia, dependerá enteramente de qué tan segura es para formas de vida basadas en carbono con una baja resistencia a la variación de temperatura, presión o fuerzas centrífugas. Como elocuentemente menciona uno de los personajes de la serie de televisión Battlestar Galactica (2004):

¡No quiero ser humano! Quiero ver los rayos gamma. Quiero poder escuchar los rayos X. Y quiero – quiero oler la materia oscura. ¿Ves lo absurda de mi existencia? ¡Ni siquiera puedo expresar estas cosas correctamente, ya que tengo que – tengo que conceptualizar ideas complejas en este estúpidamente limitado lenguaje hablado! Pero sé que quiero alcanzar con algo más que estas patas prensiles. Y sentir el viento solar de una supernova fluyendo sobre mí. ¡Soy una máquina! ¡Y puedo saber mucho más! Puedo experimentar mucho más. ¡Pero estoy atrapado en este cuerpo absurdo!

— John Cavil/Número Uno. Battlestar Galactica (2004).

Conclusiones

Algunas de las historias de ciencia ficción más entretenidas tienen que ver con la adopción de tecnología extraterrestre, principalmente para que el conflicto no se convierta en una lucha sin esperanza para los seres humanos. Incluso algunas historias expresan la jocosa idea de que nuestra tecnología moderna, como el velcro, los hornos de microondas o la liposucción, es producto de ingeniería inversa aplicada a platillos voladores. Sin embargo, suponiendo que tenemos acceso a dicha tecnología para estudiarla, esta tarea requeriría un esfuerzo titánico, por decir lo menos. Un ejemplo de la vida real: en la década de los 1960, la NASA creó los Saturno V, unos cohetes que nos permitieron llegar a la Luna, y son considerados una de las más impresionantes hazañas de ingeniería de todos los tiempos. En 2004, la agencia espacial norteamericana buscó replicar su potencia como parte del Proyecto Constelación, pero no fue posible hacerlo, debido a que la infraestructura con la que se construyeron estos cohetes ya no existe. Se estima que se necesitarían dieciséis mil millones de dólares (US$16,000,000,000) para recrear las industrias y procesos requeridos por el Saturno, más quinientos cincuenta millones de dólares (US$550,000,000) por lanzamiento. Por esos precios, es mucho más sencillo crear desde cero versiones que sean igualmente potentes, aunque más ligeras, fuertes y hasta reutilizables – algo que de hecho, están tratando de lograr empresas como Blue Origin y SpaceX.

Así entonces, la ciencia ficción eventualmente se volverá realidad, haciendo innecesario importar tecnología de “hombrecillos verdes”. El problema principal es el tiempo que nos tomará llegar hasta ahí, debido a la interacción de factores como la continua evolución de la ciencia, cuáles son sus costos de implementación y qué tan segura o deseable puede llegar a ser. Después de todo:

Sólo aquellos que intentan lo absurdo alcanzarán lo imposible.

M. C. Escher (1898 – 1972). Dibujante y litógrafo holandés.

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Una invasión extraterrestre científicamente plausible

10/09/2015

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Si fueras a conquistar el mundo, ¿harías volar la Casa Blanca al estilo Día de la Independencia, o buscarías colarte furtivamente por la puerta trasera?

— Casey, The Faculty (1998).

La invasión extraterrestre es una de las metáforas más antiguas de la ciencia ficción, describiendo cómo seres del espacio vienen a invadir nuestro mundo. Existen múltiples razones por las que ellos recurren a métodos extremos contra nosotros: desde apoderarse de nuestros recursos o el planeta mismo, hasta cosecharnos porque somos una excelente fuente de proteínas. La invasión puede darse de dos maneras: ya sea que lancen un ataque militar global, como en el famoso Día de la Independencia (1996), o se infiltren en nuestros gobiernos y organizaciones, reemplazando, lavándole el cerebro o controlando seres humanos, allanando el camino para asestar el golpe final, como se ha visto en las series de televisión Expedientes Secretos X (1993 – 2002) e Invasión Extraterrestre / V (1983).

Muchas de estas historias tienen su origen en los miedos y principales eventos de la época en la que se publica el relato: La Guerra de los Mundos de H.G. Wells (1898), reconocida como la primera descripción de una invasión extraterrestre, fue escrita en los últimos años del siglo 19, cuando las guerras imperialistas por recursos, por parte de las potencias occidentales, ocurrían casi a diario, y la guerra mecanizada, la cual inspiró a los trípodes de aquella novela, estaba a menos de dos décadas de mostrar sus aterradores efectos. Películas como Invasion of the Body Snatchers (1956) y The Thing (1982), que fueron estrenadas durante el apogeo de la Guerra Fría (1947 – 1991), resaltaban la paranoia y miedo a ser infiltrados por las fuerzas del enemigo. En este caso, por elementos del bloque comunista.

En la vida real una invasión, definida seriamente como un escenario catastrófico de primer contacto, sólo puede tener un resultado: nuestra total aniquilación. La razón es muy sencilla: una especie que por sí misma haya llegado hasta aquí, ha superado infinidad de problemas técnicos y sociales para los que todavía no tenemos solución. Pongámoslo de esta manera: a las velocidades típicas de un viaje interestelar (10% de la velocidad de la luz o unos 30,000 kilómetros por segundo), impactar un malvavisco es el equivalente explosivo a un arma nuclear táctica de tamaño mediano. Aunque nuestra tecnología y recursos actuales ya nos permiten construir una sonda interestelar autónoma, ésta tomaría 40 años de fabricación y una inversión de 174 billones de dólares (USD 1.74×1014, equivalente a 2.2 veces el producto bruto mundial de 2014). Tan solo el costo, tiempo de construcción y duración de la misión (unos 46 años hasta la Estrella de Barnard) nos pueden dar una idea de las diferencias tecnológicas entre un posible invasor y nosotros.

Pic: Daedalus vs. Saturn V comparison

Comparativa entre el cohete Saturno V que llevó a los primeros seres humanos a la Luna, y una sonda interestelar Dédalo. Ésta última sería construida en la órbita de la Tierra y tendría una masa inicial de 54,000 toneladas, incluyendo 50,000 toneladas de combustible y 500 toneladas de equipo científico.

(Fuente: daviddarling.info)

Los motivos

En términos generales, todo conflicto en la historia de la humanidad se ha debido a dos razones: recursos o ideología. Considerando que las leyes de la física y biología operan de la misma manera en el resto del universo, es posible extrapolar los motivos de una invasión:

Ya hemos mencionado anteriormente que una invasión por nuestros recursos es la explicación más fácil de entender por un público ávido de diversión Hollywoodense, pero es algo científicamente imposible de ocurrir, debido a que el retorno de inversión es nulo: todos los recursos naturales de nuestro planeta se encuentran disponibles en el espacio, donde son más fáciles de extraer ya que no es necesario lidiar con el molesto campo gravitacional y nativos que se vanaglorian por su capacidad de contaminar con radiación nuclear dichos recursos. Es como si los Estados Unidos movilizaran toda su capacidad bélica para invadir Burundi: un pequeño país africano sin litoral, estratégicamente irrelevante y con pocos recursos naturales, así como uno de los ingresos per cápita más bajos del mundo (USD 910 en 2015)… y los burundeses poseyeran un par de ojivas nucleares. Esto haría de dicha aventura militar algo impráctico.

Las diferencias debido a que una especie extraterrestre no comparta los rasgos característicos de la psicología humana pueden ser otro motivo, que entra de lleno en el campo ideológico. ¿Qué pasaría si una sociedad erróneamente nos considera como seres no pensantes, o incluso se siente amenazada por nuestra propia biología? En el relato corto The Things (Las Cosas) de Peter Watts, el autor describe la película The Thing (1982) desde el punto de vista del extraterrestre. De acuerdo a éste, los humanos somos horribles abominaciones, ya que no cambiamos de forma, como el resto del universo. Nuestras mentes no están distribuidas entre todas las células de nuestros cuerpos, sino encerradas en “espantosas fibras nerviosas dentro de cavidades óseas”… como un cáncer pensante. Qué terrible existencia debemos tener… por lo que este explorador, embajador y misionero decide cambiar nuestra “precaria” situación:

No va a ser fácil. Ellos no lo van a entender. Torturados, incompletos, no son capaces de entender. Al presentarles el conjunto mayor, ven la pérdida del menor. Al ofrecerles comunión, ellos sólo ven la extinción. Debo ser cuidadoso. Debo usar esta nueva capacidad de esconderme. Otras cosas vendrán eventualmente, y no importa si se encuentran con los vivos o los muertos; lo importante es que encuentren con algo parecido a ellos mismos, para llevarlo a casa. Así que voy a mantener las apariencias. Voy a trabajar tras bambalinas. Yo los salvaré desde el interior, o su soledad inimaginable no tendrá fin.

Estas pobres cosas salvajes nunca podrán abrazar la salvación.

Voy a tener que violarlas con ella.

The Things. Peter Watts. (Clarkesworld Magazine, Issue 40, 2010).

Sin embargo, un escenario en el que fanáticos interestelares vengan hasta aquí para “convertirnos” a la fuerza también es poco probable, ya que cualquier sociedad con ideas extremistas tiende a autodestruirse debido a sus propias creencias. El ejemplo más claro lo tenemos en los mayores villanos de nuestra historia reciente: los Nazis del siglo 20. Si bien poseían una increíble capacidad técnica e industrial, la principal falla de su sociedad tuvo que ver con sus prejuicios y xenofobia. Por citar un ejemplo, la politización de la academia alemana dejó fuera a cualquiera que no fuese de “ascendencia aria pura” resultando en la ejecución o exilio de cientos de científicos judíos, como Albert Einstein, quien es considerado como el padre de la física moderna. En contraste, el éxito de sociedades como la estadounidense se ha debido a la diversidad e igualdad de oportunidades: mientras un miembro tenga algo que aportar, será bienvenido y podrá sobresalir sin importar cuál es su origen, sexo o religión.

Esto nos lleva al único motivo por el que podrían tomarse tantas molestias, ya que es algo imposible de encontrar en cualquier otro lugar del universo: nosotros y los demás seres vivos de este planeta. No como comida, pues antes de “servir al hombre“, es necesario tomar en cuenta que la mayor parte de la materia orgánica de nuestro planeta es de hecho venenosa o no nutritiva para el ser humano, y eso que nosotros hemos evolucionado aquí. Tampoco podríamos ser esclavos de una civilización con un alto nivel tecnológico, pues sería más eficiente construir robots que duran más, no necesitan alimentos y por supuesto, no tienden a sublevarse a la primera oportunidad. Los extraterrestres tampoco buscarían aparearse con nosotros, ya que si bien deben tener algún equivalente al ADN terrestre, es poco probable que compartan la misma estructura genética encontrada aquí. Pero si éste fuera el caso, la posibilidad de crear un híbrido entre especies que evolucionaron de manera independiente es muy pequeña. Por citar un ejemplo, un ser humano moderno (Homo sapiens) no puede aparearse con un Homo habilis, incluso siendo uno el ancestro del otro.

Claro que, la diversidad genética encontrada en este mundo puede ser muy útil para cualquier especie extraterrestre que posea tecnología orgánica – especialmente si contamos con una característica que al parecer, es rara en el universo: la inteligencia. Así, identificar y tomar los mejores rasgos de los terrícolas puede ser suficiente motivo para cruzar media galaxia.

Pic: Prone ~ Patricia Piccinini

Un bebé, híbrido de humano… y algo más. Para tranquilidad de todos, una escultura hiperrealista de la artista Patricia Piccinini.

(Fuente: patriciapiccinini.net)

El filme Skyline (2010) quedó bastante a deber durante su ejecución, pero representa un ejemplo brutalmente honesto de los motivos y resultado de este escenario: una raza alienígena súper avanzada de seres biomecánicos invade la Tierra, y nosotros somos el motivo de la invasión. ¿Cómo logra la humanidad repeler a estos poderosos enemigos? No lo hace; nunca tuvimos una oportunidad.

Escenarios de invasión

Los dos escenarios de invasión científicamente plausibles dependen del tipo de civilización que nos estaría conquistando: ya sea que ellos sean entes biológicos o máquinas pensantes. En el caso de los seres orgánicos, es más probable que quieran preservar al planeta debido a su riqueza biológica; no así para los seres sintéticos, pues nuestro sistema solar sería el equivalente a un pequeño hormiguero en medio del sitio en el que van a construir una autopista.

De acuerdo a los cálculos optimistas de la Ecuación de Drake, la civilización tecnológica más cercana a nosotros se encuentra a unos 50-70 años luz de distancia. Transportar a lo largo de esas distancias a todo el personal, armas y equipo necesarios para subyugar a los cerca de 7,125 millones de habitantes terrestres sería una tarea abrumadora. Por ello, la solución sería decepcionantemente simple: en el caso de civilizaciones orgánicas, tan sólo basta una nave autónoma que pueda detectar, catalogar y sintetizar el genoma humano. En base a esta información, la nave podría generar un virus a la medida, liberando esporas con éste en la atmósfera terrestre e infectando a toda la raza humana en unos cuantos meses. No para aniquilarnos, sino para… hacernos cambiar:

Pic: Gene Therapy ~ Wikipedia

Cómo funciona la terapia genética de línea germinal: consiste en administrar al paciente un gen a través de un vehículo (por ejemplo un virus), el cual debe localizar las células a infectar. Dicho injerto se realiza sobre las células germinales del paciente (óvulos y espermatozoides en el caso del ser humano), por lo que los cambios generados serán hereditarios.

(Fuente: English Wikipedia)

A sabiendas de que una especie debe reproducirse o enfrentar su propia extinción, una sociedad extraterrestre puede conquistar la galaxia sin necesidad de trasladarse físicamente, al insertar el equivalente de su código genético a otras especies pensantes. Esto no es demasiado descabellado, ya que nuestros propios genes son un collage que incluye hasta 8% derivado de la absorción de código genético foráneo. Por otro lado, este tipo de conquista no requiere un sólo disparo: en un par de generaciones, una fracción importante de la población huésped se convertirá en aquello que los extraterrestres deseen. Y si ellos ya dominan los secretos de la genética, puede que incluso inyecten ciertos instintos y recuerdos en los híbridos. Esto hace de películas como Species (1995) y John Carpenter’s Village of the Damned (1995) una posibilidad real. La invasión no tendría que ver con motivos políticos, económicos o religiosos, sino biológicos: la preservación, renovación y cooperación genética pueden ser fuertes motivadores. Después de todo, en la Tierra existen dos especies modernas que ya han hecho esto en algún punto de su historia evolutiva: las hormigas argentinas invasoras (Wasmannia auropunctata) y el Homo sapiens, cuyo código genético incluye hasta un 4% proveniente del Homo neanderthalensis.

En caso de ser “colonizados” por máquinas pensantes, el escenario sería aterrador: una pequeña nave autónoma, microscópica e indetectable – un nanobot – llegaría a nuestra atmósfera; ésta tendría la capacidad de autorreplicarse con los materiales existentes en la superficie terrestre. Supongamos que estos nanobots están diseñados para consumir exclusivamente todos los materiales basados en el carbono, lo que es una suposición lógica, ya que los materiales salidos de éste elemento son espectacularmente versátiles. Desgraciadamente, toda la vida sobre nuestro planeta está basada en el carbono: la biomasa terrestre contiene alrededor de 1045 átomos de carbono; si un nanobot consiste de alrededor de 10 millones de átomos de carbono, 1039 de éstos podrían consumir toda la vida sobre la Tierra, en alrededor de 130 replicaciones, después de que océanos o nubes de ellos (también conocidos como “plaga gris” o grey goo) cubran todo el planeta. Los científicos creen que un nanobot puede replicarse en alrededor de 100 segundos, por lo que la vida en la Tierra se extinguiría en 3.5 horas.

Pic: The Darkest Hour Concept Art ~ Imery Watson and Stas Lebedev

El último instante en la vida de una víctima de la nanotecnología.

(Fuente: filmsketchr.blogspot.com)

Pero… ¿por qué seguimos aquí?

De acuerdo la Paradoja de Fermi, si hubiera numerosas civilizaciones avanzadas en nuestra galaxia, entonces ¿Dónde están? Si se requirieran 1,000 años para construir una nave de colonización que se moviera al 1% de la velocidad de la luz, tan sólo se necesitan 3 millones de años para colonizar toda la galaxia – realmente muy poco a escalas geológicas. Por otro lado, hace poco se realizó el escaneo de casi 100,000 galaxias en busca de civilizaciones de tipo III en la escala de Kardashev (aquellas que abarcan galaxias enteras) sin encontrar ningún positivo obvio. Sólo 50 de esas 100,000 son posibles candidatas, lo que haría de la inteligencia algo mucho más escaso en el universo… a menos que no lo sea:

Dentro de algunos decenios (2040 – 2060) la humanidad tendrá la capacidad de crear una inteligencia artificial fuerte, equivalente a la de un cerebro humano. Ya que la investigación en este campo se ha centrado en la “mejora recursiva“, en un tiempo realmente corto alcanzaremos el ascenso a la trascendencia:

Es difícil pensar en cualquier problema que una superinteligencia no pueda resolver, o al menos ayude a resolver. La enfermedad, la pobreza, la destrucción del medio ambiente, el sufrimiento innecesario de todo tipo: son cosas que una superinteligencia equipada con nanotecnología avanzada sería capaz de eliminar. Además, una superinteligencia podría darnos una vida indefinida, ya sea por detener y revertir el proceso de envejecimiento a través del uso de la nanomedicina, o al ofrecernos la opción de subir nuestra mente a una consciencia digital. Una superinteligencia también podría crear las oportunidades para que aumentemos enormemente nuestras propias capacidades intelectuales y emocionales, y nos podría ayudar a crear un atractivo mundo experiencial en el que podríamos vivir vidas dedicadas al alegre juego y las relaciones interpersonales; experimentando, alcanzando crecimiento personal y viviendo más cerca de nuestros propios ideales.

Bostrom, Nick. (2015). “Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies”. London. Oxford University Press.

Esto, asumiendo que creamos una inteligencia artificial afín a los intereses humanos; de lo contrario, nuestra existencia terminará debido a un apocalipsis nanotecnológico como el descrito más arriba. Por lo tanto, si consideramos que somos la civilización más joven en la galaxia y estamos a relativamente poco tiempo de lograr este hito, podemos asumir que todos las demás ya han hecho este enorme salto en su evolución, terminando así: desmenuzados para formar parte de una sopa uniforme de nanobots, o transformados en una sociedad que ha trascendido los límites impuestos por la biología, el mundo físico, o hasta el espacio-tiempo.

Lo más seguro, es que futuras generaciones nos verán con una mezcla de pena y desdén, pensando: “Pobres bárbaros. No tenían ni idea de lo que realmente estaba pasando.”

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¿Que pasara durante un primer contacto con extraterrestres?

04/08/2014

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Sólo existen dos posibilidades: estamos solos en el Universo o no lo estamos. Ambas son igualmente aterradoras.

Arthur C. Clarke (1907 – 2008). Escritor británico de divulgación científica y ciencia ficción.

En una buena parte de la literatura de ciencia ficción somos testigos del escenario de contacto con extraterrestres más popular de todos: qué pasaría si somos invadidos por una fuerza hostil. Ciertamente, el argumento surge de nuestras propias experiencias como especie, donde “matar o morir” ha sido el pan nuestro de cada día durante los últimos 12,000 años. Sin embargo, ya que estas historias son escritas de, por y para seres humanos, la mayoría de las veces, el relato termina en que la humanidad logra repeler a los invasores y triunfar ante la adversidad. Claro que este escenario, para bien o para mal, tiene una posibilidad prácticamente nula de llegar a suceder: ya sea porque nosotros no tenemos nada atractivo como para ser invadidos, o por el contrario, en caso de ser el blanco de un “imperio galáctico”, seríamos aniquilados sin siquiera tener tiempo para reaccionar.

Un tema poco tratado en la ciencia ficción o la literatura científica es qué pasaría REALMENTE si fuésemos contactados en nuestra época actual: qué impacto tendría tal evento sobre nuestra civilización a corto, mediano y largo plazo. De hecho, sí existen estudios serios al respecto, ya que esta situación tiene una mayor probabilidad de ocurrir de lo que creemos:

En 1962 inició la era espacial comercial, cuando el satélite artificial Telstar-1 comenzó a retransmitir señales de telecomunicaciones sobre los Estados Unidos. Desde ese momento y hasta la fecha, de forma inadvertida hemos venido transmitiendo nuestra presencia al resto de la galaxia. Expandiéndose de manera ininterrumpida, nuestras ondas de radiofrecuencia han cubierto una esfera de unos 52 años luz de radio; lo suficiente como para llegar a unas 2,000 estrellas, de las cuales 63 tienen las mismas características de nuestro Sol y hasta este momento, sabemos que 11 de ellas tienen planetas. De acuerdo a los últimos cálculos, la civilización extraterrestre más cercana a nosotros se encuentra a unos 57-65 años luz de distancia, por lo que faltan algunos años para que ellos se den cuenta que estamos aquí, y al menos un par de generaciones más para que recibamos un posible mensaje de respuesta. Por ello, muchas instituciones han empezado a cambiar su actitud con respecto a un posible contacto con extraterrestres: por ejemplo, la Iglesia Católica ha declarado que “Así como existen una multiplicidad de criaturas en la Tierra, pueden existir otros seres, hasta inteligentes, creados por Dios. Esto no contradice nuestra fe porque no podemos poner límites a la libertad creativa de Dios.” ¿A qué se debe este cambio tan radical? Muy sencillo: a partir del primer contacto, nuestras instituciones tendrán que reinventarse a sí mismas o resignarse a desaparecer.

Escenarios de contacto

En el estudio “¿El contacto con extraterrestres beneficiaría o perjudicaría a la humanidad? Un análisis de escenarios” (Would Contact with Extraterrestrials Benefit or Harm Humanity? A Scenario Analysis) desarrollado por la agencia espacial norteamericana, parten de tres contextos y una multitud de posibilidades dependiendo de cada uno de ellos:

• En el primero, conocido como malévolo, el contacto es perjudicial para nosotros. Dentro de este escenario, existen dos posibilidades: si los extraterrestres vienen con malas intenciones (modelo catastrófico), éste sería el fin de nuestra evolución, pues las diferencias tecnológicas serían apabullantes. Por el contrario, si se tratase de un accidente, hay una posibilidad de que nosotros sobrevivamos, pero al final no existiría un diálogo o intercambio significativo de ideas. Ejemplo de este escenario podría ser una nave espacial viajando a velocidades cercanas a la de la luz, chocando contra la Tierra y generando una gran devastación; otro podría ser la introducción no intencional de especies invasivas que sólo pueden ser detenidas mediante una solución extrema.

• El segundo, es el resultado de una presencia neutral por parte de los extraterrestres: es posible que seamos considerados poco interesantes o inútiles a sus propósitos, que sean extremadamente diferentes o se encuentren demasiado lejos de nosotros para considerarnos dignos de cualquier atención. Existen muchas razones por las que ellos no nos han contactado, pero una de las más convincentes implica que somos considerados como niños, que debemos madurar por nuestros propios medios. Nuestra “mayoría de edad” se cumplirá una vez que logremos sobrevivir a la adolescencia tecnológica sin destruirnos a nosotros mismos. Cuando hayamos alcanzado la suficiente capacidad social y técnica (por ejemplo, el nivel I en la Escala de Kardashev), los seres humanos podremos ser aceptados como iguales. Otra posibilidad interesante al respecto, es que los alienígenas siguen el modelo post-biológico, en el que los ovnis NO son piloteados por extraterrestres; los ovnis SON los extraterrestres. Así, un escenario en el que ellos son sintéticos parece una causa bastante razonable al “gran silencio”: las máquinas serían infinitamente más inteligentes, durables y capaces de dirigir su propia evolución, a través de actualizaciones que contienen el conocimiento previo de todos sus ancestros. Siendo así las cosas, no tendríamos mucho que ofrecer, incluso como especímenes de laboratorio.

pic: Solaris, a truly alien alien



Un extraterrestre realmente exótico: en la imagen, Solaris, una conciencia alienígena con forma de océano planetario. De acuerdo a la novela, ha pasado casi un siglo desde su descubrimiento, y los seres humanos aún no han logrado descifrar los fenómenos que en él ocurren. De hecho, ni siquiera saben si el concepto de “contacto” puede considerarse como tal.

Los extraterrestres se distinguen porque pueden poseer cualquiera de las siguientes características:

• Son invertebrados o poseen una biología diferente a la nuestra. Por ejemplo, están basados en silicio, en vez del carbono como nosotros.

• No poseen una psicología humana, desconociendo valores como el amor, la generosidad, el odio, o la manipulación.

• Por otro lado, ellos no pueden sobrevivir en las condiciones medioambientales de la Tierra (rica en oxígeno y nitrógeno, y con un alto contenido de agua); o son capaces de sobrevivir en casi cualquier lugar, incluyendo el espacio profundo.

• Poseen habilidades motoras, sensoriales o de comunicación muy diferentes a las nuestras.

• Mantienen una reproducción no-humana, tal como gemación, inmortalidad virtual, partenogénesis, o clonación.

Sin embargo, se les debe considerar como personas, ya que deben tener:

• Algún tipo de lenguaje, no necesariamente verbal, que podamos aprender e interpretar – o tal vez no, pero al menos podemos reconocerlo como tal.

• Una cultura que incluya conocimientos, símbolos, organización o ideas.

• Sus propios sistemas de creencias, incluso si pueden parecernos repugnantes o difíciles de entender.

• Una mente que admita lógica o intuición; no necesariamente de acuerdo a nuestros parámetros, sino de acuerdo a los de ellos.

• Por lo menos algo en común con los seres vivos con los que estamos familiarizados: comen, duermen, se reproducen. Son claramente criaturas orgánicas, o bien seres mecánicos.

(Fuente de la imagen: io9.com)

• El tercer escenario de contacto considera una interacción benévola de parte de los posibles visitantes. Éste se divide en dos posibilidades: sólo detección remota y cooperación activa. La detección remota es más probable, ya que la comunicación a través de radiofrecuencia es relativamente fácil de alcanzar. Finalmente, la cooperación activa significa que dentro de sus planes incluyen integrarnos a la “Comunidad Galáctica”. Para este último escenario existen tres posibilidades: que ellos sólo intervengan en caso de un “peor escenario” (por ejemplo, evitando que nosotros cometamos un suicidio colectivo mediante una guerra nuclear); o que ellos ya están aquí, trabajando “tras bambalinas” para mejorar el bienestar de nuestra especie; o de acuerdo al modelo milenarista, ellos ya establecieron contacto, pero están trabajando secretamente con algunos de nuestros gobiernos para revelar su presencia poco a poco, evitando en la medida de lo posible un shock cultural.

La respuesta inmediata

Ahora bien, asumiendo cualquiera de estos últimos escenarios de contacto, ¿cómo reaccionaría la humanidad al enterarse de que no estamos solos? En el interesante artículo de la Royal Society titulado “Miedo, pandemonio, ecuanimidad y deleite: la respuesta humana ante vida extraterrestre” (Fear, pandemonium, equanimity and delight: Human responses to extra-terrestrial life), el autor detalla cómo el proceso de contacto determinará la reacción ante un evento de tal magnitud, incluyendo:

• Contacto remoto: señal de radio o descubrimiento de una obra de ingeniería fuera de nuestro planeta.

• Lugar del contacto: ¿Estados Unidos? ¿Corea del Norte? ¿Sudáfrica?

• Agentes involucrados en el descubrimiento inicial: científicos, personal militar, civiles.

• El mensaje en sí: divulgación científica, tratados religiosos, teorías políticas, comunicación incidental.

Por ello, en caso de detectar un mensaje incidental salido del otro lado de la galaxia, la sociedad reaccionaría de cierta manera; si fuésemos testigos de un violento choque en alguna de las lunas de Júpiter o llegáramos a toparnos con un platillo volador en medio de Washington, DC, ésta sería muy diferente. Independientemente de las intenciones de los extraterrestres, se tendrían dos reacciones opuestas: por un lado, la detección de una señal artificial proveniente de algún punto de nuestra galaxia. Por el otro, la repentina presencia de naves de origen desconocido, ya sea en la órbita terrestre o en la superficie de nuestro planeta.

En caso de que el primer contacto sea remoto, no pasaría demasiado en un principio. De primera instancia, la comunidad científica buscaría comprobar que el descubrimiento es real; de ser cierto, éste sería notificado a las Naciones Unidas. Seguirían algunos encabezados en los periódicos más importantes. Finalmente, se crearían “comisiones especiales” para determinar qué hacer con el mensaje y cómo responder:

Muchas organizaciones, incluidas las instituciones políticas (congresos, parlamentos), agencias administrativas (departamentos de estado, comisiones regulatorias), la milicia, agencias de inteligencia, sociedades profesionales, iglesias, y muchos otros que piensan que tienen una participación en el descubrimiento, jugarán un papel importante. Muchas de ellas serán dependientes unas de otras para su análisis y asesoramiento.

Harrison, A. A. (2011). “Fear, pandemonium, equanimity and delight: Human responses to extra-terrestrial life”. Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences.

Puesto que el mensaje no será claro en un inicio, tendremos que esperar a la validación de su contenido, lo que podría tardar años en ser descifrado; en un peor escenario, tal vez nunca nos enteraremos de qué se trata. De cualquier manera, el acontecimiento sería histórico, ya que confirmaría las sospechas de una buena parte de la población mundial. Sin embargo, éste evento no representaría un impacto significativo en la vida de los habitantes de la Tierra; al menos no en el corto plazo.

En el otro extremo de la escala existe la posibilidad de un contacto “frente a frente” o a través de sondas autónomas. Considerando que el 20-25% de las personas cree firmemente en la existencia de vida extraterrestre, y una buena parte incluso supone que ya están entre nosotros, es poco probable un “colapso de la civilización”:

Existen grandes mitos derivados de la posibilidad de un contacto con extraterrestres. Tres de estos mitos son: (i) la población entraría en pánico debido a esta situación, (ii) habría un fuerte aumento en la conducta antisocial y criminal y (iii) las personas dentro de la zona afectada esperarían con impotencia el rescate desde el exterior. Estos mitos han sido refutados una y otra vez. De hecho, el pánico es excepcionalmente raro. Muchas personas asocian el “pánico generalizado” a la transmisión radial de Orson Welles en 1937 sobre la invasión marciana de los Estados Unidos. Sin embargo, la vasta mayoría de los radioescuchas no se dejó engañar, y muchas de las personas que tomaron los informes como un hecho, reaccionaron de maneras que tienen sentido, tales como meterse en el coche para buscar una prometida detrás de las líneas enemigas; rellenar las ventanas con trapos húmedos para retardar la entrada de gas venenoso, o reportarse a servicio en la armería local.

Harrison, A. A. (2011). “Fear, pandemonium, equanimity and delight: Human responses to extra-terrestrial life”. Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences.

La gente ordinaria estaría al pendiente de la situación en todo momento, sin entrar en pánico pero tomando sus propias precauciones – comprar víveres “por si acaso”, salir de la ciudad en caso de avistar una enorme nave suspendida en el cielo. El ejemplo más claro es la situación vivida por la población mundial durante el atentado a las Torres Gemelas, ocurrido el 11 de Septiembre de 2001: debido a la incertidumbre, muchas bolsas de valores cerraron temprano aquél día; por obvias razones, los servicios de emergencia recibieron un enorme tráfico adicional de llamadas, y alrededor del mundo se produjo un incremento generalizado en las medidas de seguridad. Si bien todos recordamos dónde estábamos durante el momento de los ataques, en términos generales, la vida siguió su curso. En caso de un contacto escasamente planeado, es muy probable una movilización de fuerzas armadas alrededor del mundo, órdenes de no-vuelo, así como la evacuación de las zonas cercanas a los sitios de aterrizaje como medida precautoria. Inicialmente, vehículos no tripulados se aproximarían a las naves o sondas, transmitiendo la información a sus respectivos cuarteles generales.

Indudablemente, ellos serán muy diferentes a nosotros: la ciencia ficción es ávida en definir a otros habitantes de la galaxia como humanoides que caminan en dos piernas, poseen dos brazos y se parecen ya sea a nuestra especie o a cualquiera de las que tenemos aquí en la Tierra; el problema es que las series de televisión y películas más célebres de este género no tenían muchas opciones, pues debían trabajar con actores maquillados, marionetas o creaciones por CGI que no fueran totalmente incomprensibles para el público. Sin embargo, puede darse una paradoja: que sus representantes tengan apariencia humana. Aunque esto generaría muchísima especulación, esto podría deberse a una de dos posibilidades: ya sea que ellos han clonado a algunos seres humanos para interactuar más fácilmente con nosotros, o los visitantes están usando algún otro medio (¿Metamorfismo? ¿Hologramas? ¿Poli-aleación mimética?), con el afán de parecerse a nosotros y no causar pánico. Y en sentido contrario puede darse lo mismo: es posible que nosotros tengamos que “improvisar” para tener una comunicación efectiva con nuestros interlocutores alienígenas, en un ambiente placentero para ellos:

pic: Impromptu First Contact ~ Michael Dashow


Si alguna vez nos encontramos con otra especie inteligente, ¿hay alguna garantía de que ellos nos reconozcan a nosotros como inteligentes también? Aquí, unos “extraterrestres con cara de marioneta” sólo parecen responder ante algo que luce como ellos; de ahí el uso improvisado del calcetín de un compañero como medio de comunicación. ¡Parece estar funcionando! (Fuente de imagen y pie de página: Michael Dashow Portfolio)

Si bien puede haber vaqueros de gatillo fácil entre nosotros, los extraterrestres seguramente tendrán la precaución de poseer defensas pasivas, tales como campos de fuerza o trajes hechos de nanotubos de carbono, pues estarían conscientes de que somos primitivos y todavía reaccionamos mal ante lo desconocido. Reconociendo que somos una especie que todavía venera las jerarquías, después del saludo inicial ellos buscarán tener una reunión con nuestros máximos representantes. Si nuestros líderes son lo suficientemente inteligentes, sabrán que deberán resistir toda tentación de encerrarlos en un calabozo con el objetivo de efectuar un interrogatorio, a sabiendas que nuestra mejor opción es conducirlos al podio central en las Naciones Unidas. Por razones de seguridad, los jefes de estado seguirán atentamente los acontecimientos desde la confortable – aunque escasa – seguridad de sus búnkeres.

Una vez pasada la sorpresa inicial, nos enteraremos de la razón del contacto; puesto que ellos han decidido acercarse a nosotros de manera formal, muy probablemente los visitantes nos han estado observando por algún tiempo. Si es el caso, probablemente ellos entenderán algunos de nuestros lenguajes. Para comunicar sus intenciones, es enteramente probable que ellos interfieran nuestras transmisiones de radio, televisión e Internet; si los extraterrestres tienen sentidos parecidos a los nuestros, es posible que ellos se comuniquen mediante señales audiovisuales.

Impacto a largo plazo

Es universalmente aceptado que el primer contacto dejará una profunda huella en el desarrollo de nuestra especie, palpable por cientos, miles o millones de años después del evento inicial. El simple hecho de saber que no estamos solos puede cambiar nuestra perspectiva como individuos, grupo social, nación y especie: darnos cuenta que somos únicos y que sólo tenemos un planeta Tierra; que estamos fallando como especie al dejar que nuestro planeta agonice por nuestra propia acción; que una buena parte de nuestra población no sabe leer ni escribir y que otro tanto sufre de desnutrición crónica. Y lo peor de todo es que aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas, están cómodos con el statu quo. Esto podría significar que al tratar de estudiar una inteligencia extraterrestre, finalmente lleguemos a la suficiente introspección como para tomar acciones definitivas al respecto. Pero, dejando de lado ideas románticas, ¿cuáles son las principales áreas afectadas por tal descubrimiento? Pueden dividirse en cuatro tipos: teológico, político, científico y biológico; todos ellos con su consecuente revolución social:

Impacto Teológico

Si se confirma la existencia de vida extraterrestre inteligente, todas las doctrinas religiosas tendrán que reinterpretar sus escrituras para adaptarse a la nueva realidad; de la misma manera en que el Cristianismo tuvo que hacerlo cuando se confirmó que el Sol no gira en torno a la Tierra, o que debido a la evolución, los seres humanos llegamos a ser la especie dominante sobre el planeta. Sin embargo, el proceso no será una tarea fácil; especialmente para las religiones Judeocristianas debido a que son sumamente antropocéntricas: tan sólo digamos que en el país más “avanzado” del mundo, el 16% de la población sigue pensando en el Creacionismo como una verdad absoluta.

El factor determinante en el futuro de nuestras religiones reside en el sistema de creencias de los extraterrestres. Ya sea que ellos hayan resuelto las eternas preguntas: ¿Existe Dios? ¿Por qué estamos aquí? ¿Hay vida después de la muerte? y el resto de la humanidad se una a la fe visitante, o nosotros encontremos que no hay una “verdad única” y logremos alcanzar una mayor tolerancia religiosa, o finalmente nos demos cuenta que la religión sólo era un desesperado intento por no sentirnos tan insignificantes y solos ante el resto del universo, y terminemos por abolir la religión en toda su extensión.

Impacto Político

Existe una idea equivocada acerca de la manera en que el Imperio Azteca cayó a manos de conquistadores españoles a principios del siglo 16. Se cree que debido a una tecnología superior – caballos, armaduras de hierro, espadas y cañones – así como la falsa impresión de que eran descendientes de los dioses, Hernán Cortés y un puñado de 400 españoles pudo destruir un imperio con más de 300,000 guerreros y conquistar toda una extensión de tierra poblada por hasta 30 millones de personas. La realidad es que debido a los azares del destino, Cortés y sus hombres se hicieron aliados del Señorío Tlaxcalteca, quienes eran acérrimos enemigos de los aztecas. Por otro lado, los aztecas sabían que los españoles eran hombres de carne y hueso, pero al menos en un principio, decidieron actuar cautelosamente, recibiendo a Cortés y sus aliados como huéspedes hasta que supieran cuáles eran sus verdaderas intenciones. Lamentablemente, con la Matanza del Templo Mayor, los españoles demostraron su naturaleza depredadora. Para no hacer el cuento largo, apoyados por casi 200,000 guerreros tlaxcaltecas y una terrible epidemia de viruela, dos años más tarde, Cortés y sus aliados eventualmente destruyeron al Imperio Azteca.

Así como los tlaxcaltecas, muchos países podrían tratar de aprovechar la situación para incrementar su poder: los extraterrestres no necesariamente comparten nuestros valores sociales, incluyendo confianza en la democracia, el libre mercado como sistema económico o la plenitud del ser como máxima aspiración. Supongamos que debido a sus propias circunstancias históricas, los visitantes son parte de un estado policial con una economía planificada en la que la máxima aspiración del individuo sea el logro colectivo. Los visitantes considerarían como aliados naturales y representantes de nuestra especie a… China y posiblemente, Rusia. Y esto no es malo, a menos que nuestro país haya tenido fricciones recientes con ambos.

Incluso si los visitantes tratan de mantenerse neutrales ante nuestros conflictos, a menos que logremos resolver nuestras diferencias, es muy probable que de la misma manera que una madre separa a sus dos hijos pequeños cuando están en medio de una pelea, una civilización extraterrestre intervendría, no necesariamente con sonrisas y caricias, sino mediante una muestra de poder para que ambos pongan fin a sus diferencias, posiblemente de manera terminal.

Impacto Científico y Tecnológico

Asumiendo que una civilización extraterrestre esté dispuesta a compartir su conocimiento, la magnitud del impacto dependerá de acuerdo al tipo de comunicación. Si el contacto se establece a través de ondas electromagnéticas, muy probablemente éste sea bastante limitado en un principio. Conforme el contenido del mensaje vaya siendo descifrado, pueden descubrirse importantes avances en ciencia y tecnología; el más relevante de éstos puede ser el acceso a la así denominada Enciclopedia Galáctica, que de acuerdo al honorable Carl Sagan, sería un directorio de las civilizaciones tecnológicas en la Vía Láctea. Más allá de eso, los avances científicos pueden buscarse en la literatura de ciencia ficción: nanorobótica industrial, monopolos magnéticos, fusión nuclear, transmisión de la materia, maquinaria cuántica. Y sus aplicaciones igualmente increíbles: conciencia digital, comunicación ansible, energía barata e ilimitada, inmortalidad clínica y un gran etcétera.

El mayor reto derivado de la tecnología extraterrestre consiste en definir quién será el responsable de administrarla: los grandes corporativos transnacionales buscarán apropiarse de las patentes salidas de esta tecnología, lo que puede derivar en la intervención directa de los gobiernos mundiales para salvaguardar sus intereses económicos y comerciales, resultando en múltiples conflictos, incluyendo aquellos de índole militar. Por ejemplo, de saber que existe una forma barata de convertir el agua de mar en energía, los grandes consorcios petroleros usarían todos los recursos a su alcance para evitar a toda costa que dicho conocimiento se haga público, incluyendo echar mano del complejo industrial-militar. Si los líderes mundiales llegan a trabajar como verdaderos estadistas, deberán otorgar los poderes necesarios a una organización mundial para que administre estos conocimientos de forma autónoma, declarándolos como patrimonio de la humanidad, y ahorrándonos a todos muchos dolores de cabeza.

Independientemente de quién controle estas tecnologías, la realidad es que más temprano que tarde éstas saldrán a la luz. Al principio, la humanidad venerará el conocimiento adquirido, sintiéndose muy inferior a los extraterrestres. Conforme vaya pasando el tiempo, crecerá gradualmente nuestra confianza gracias a una cada vez mayor exposición a la ciencia, tecnología y cultura de una o múltiples civilizaciones más avanzadas que la nuestra. Eventualmente, ocurrirá una singularidad tecnológica; aquellos que han vivido en la era pre-contacto sufrirán de “shock cultural” debido a la vertiginosa velocidad con la que estos avances son adquiridos e implementados: actualmente, es muy difícil para una buena parte de la población hacer uso de los frutos de la “era digital”, incluyendo teléfonos móviles, computadoras e Internet. La adopción de tecnología extraterrestre significará un cambio total de valores sociales, tabúes, motivaciones y patrones de comportamiento. Por ejemplo, ¿qué pasaría si tuviésemos acceso a la teletransportación? Independientemente de los increíbles requisitos necesarios para implementar dicha tecnología, la posibilidad de mover lo que sea – alimentos, mercancías, materiales, tropas – de forma instantánea a cualquier punto del planeta cambiaría absolutamente todo, ya que el concepto de distancia se volvería irrelevante, como en cierta película de ciencia ficción con una muy interesante premisa, pero sosa ejecución:

[primeras líneas]

Déjenme contarles acerca de mi día hasta ahora. Café en París, surf en las Maldivas, una pequeña siesta en el Kilimanjaro. Oh, sí, tengo el teléfono de esta chica polaca en Río. Y entonces di un salto atrás para el último cuarto de la final de la NBA – junto a la cancha por supuesto. Y todo eso antes del almuerzo. Podría seguir, pero lo único que digo es que estoy en la cima del mundo.

— David Rice, Jumper (2008).

Impacto Biológico

El mayor peligro al que puede enfrentarse la humanidad en caso de un primer contacto tiene que ver con la biología extraterrestre. Sin proponérselo, los visitantes podrían traer a la Tierra especies invasivas que causen estragos en los ecosistemas locales. Esto no se debe necesariamente a que un chupacabras se alimente de nuestro ganado, sino a organismos que puedan desplazar por completo a la biología terrestre de sus respectivos nichos ecológicos. Un excelente ejemplo lo encontramos en el Tiberium, una sustancia que tiene las características de un hongo terrestre y que posee un rol central en la serie de videojuegos Command & Conquer:

En el juego, los cristales de Tiberium proliferan de diferentes maneras. En la forma más simple y común, una “vaina” de Tiberium crecerá “raíces”, que a su vez crean más vainas. El Tiberium también se propaga infectando árboles, mutándolos en los llamados “árboles de propagación”, cuyas semillas permiten a la sustancia viajar a través de grandes extensiones de tierra […] también se propaga a través de fisuras en la corteza terrestre […] estas concentraciones de Tiberium son como “extrañamente hermosos campos de cristales verdes que [aniquilan] todo a su alrededor”. La sustancia es radiactiva y muy tóxica para la vida basada en el carbono, causando la muerte o mutaciones genéticas graves en plantas, seres humanos y animales por igual […] es a la vez “un don y una maldición – un recurso y una plaga.”

— Mike Verdu, productor ejecutivo de Electronic Arts. Definición de Tiberium en Wikipedia.

Por el contrario, aunque la posibilidad es mínima, si los seres humanos o cualquier otra especie de nuestro mundo son compatibles con ellos, existe también la posibilidad de crear híbridos. Aunque esto entra de lleno al terreno de la ciencia ficción, si llegan a faltar individuos dispuestos a cruzar el tabú de la procreación inter-especies, indudablemente alguna obscura organización terminará por crear un híbrido de manera artificial. Un potencial peligro de este tipo de investigación es que incluso si el contacto se lleva a cabo a través de señales electromagnéticas, nosotros podríamos recibir la información necesaria para crear mortales armas biológicas.

Finalmente, un punto a tomar en cuenta: en una buena parte de la literatura y filmes de ciencia ficción se retrata a sociedades con múltiples seres de diferentes especies conviviendo hombro con hombro, como en la legendaria Cantina de Mos Eisley. En realidad, esto es prácticamente imposible, ya que cada especie tiene sus propias necesidades de alimentación, salud e higiene, que en algunos casos pueden ser totalmente incompatibles. Por ello, por más cercana que sea la colaboración entre dos o más civilizaciones, sus poblaciones tendrían que mantenerse segregadas, al menos hasta que se encuentre una solución satisfactoria que considere todas las posibles variables: administración de residuos, servicios de salud, así como una manera poco disruptiva de generar los nutrientes necesarios para todas las especies involucradas. Si bien muchos consideran que todas las formas de vida en el universo deberían ser compatibles ya que están compuestas de los mismos elementos, olvidan que el arsénico y el fósforo también son parte de estos “elementos básicos”.

pic: Alien and Predator


Dejando de lado el hecho de que el bocadillo favorito de ambos extraterrestres somos nosotros, sólo queda responder a la pregunta: si alguno de ellos tiene que hacer sus necesidades, ¿el otro podría usar las mismas instalaciones sanitarias? (Fuente: aintitcool.com)

Conclusiones

Un primer contacto será el descubrimiento más extraordinario de todos los tiempos, y significará la promesa de una nueva era, abriendo incontables posibilidades para nosotros y nuestros descendientes. ¿Cuál será el futuro de nuestra especie después de un primer contacto? De acuerdo a estudios serios, nuestra sociedad podrá sobreponerse a tan fantástica noticia sin que se derrumben nuestros sistemas de creencias o se produzca un colapso de la civilización. De hecho, para aquellas generaciones que hemos crecido con tecnologías que apenas hace veinte años hubiesen parecido ridículas, estaremos lo suficientemente preparados para lidiar con la noticia de que no estamos solos en el universo. Por otro lado, existe la posibilidad de que nuestras instituciones y líderes reaccionen de la misma manera que siempre lo han hecho ante cualquier descubrimiento que cambie las reglas del juego: buscarán obtener algún beneficio, ya sea económico, social, militar o político. Si como especie no logramos llegar a un acuerdo para que todos y cada uno seamos partícipes de esta oportunidad, eventualmente nuestras viejas costumbres se harán presentes: miedo, codicia, ignorancia y odio. Si esto parece catastrofista, es porque después de todo, tan sólo seguimos siendo seres humanos:

El hombre ha salido a explorar otros mundos y otras civilizaciones, sin haber explorado su propio laberinto de oscuros pasadizos y cámaras secretas, y sin haber encontrado lo que hay detrás de las puertas que él mismo ha sellado.

Stanislaw Lem (1921 – 2006). Filósofo y escritor polaco de ciencia ficción.

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“Están hechos de carne” (They’re made out of meat)

04/27/2013

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Uno podría preguntarse por qué, en una galaxia de cientos de miles de millones de estrellas, los extraterrestres tendrían la intención de visitar la Tierra en absoluto. Sería como si todos los vertebrados en Norteamérica de pronto se sintieran atraídos por una casa particular en Peoria, Illinois. ¿Acaso somos tan interesantes?

Seth Shostak (n. 1943), físico y astrónomo estadounidense, Astrónomo Senior del Instituto SETI (organización dedicada a la búsqueda de vida extraterrestre).

Muchos de nosotros estamos seguros de que hay vida inteligente fuera de nuestro sistema solar. Sin embargo, no existe una prueba contundente de que alguna vez hayamos sido visitados por una civilización extraterrestre. Anteriormente ya he publicado algunos artículos donde razono que somos tan tecnológicamente atrasados y con tan poca madurez como especie, que una relación entre iguales sería prácticamente imposible: mientras “ellos” habrían iniciado la exploración de su sistema solar hace un millón de años, nosotros seguimos matándonos los unos a los otros por cosas tan triviales como la idea de quién es el “verdadero” dios. Además, no hay nada de valor que le podamos ofrecer a un posible visitante. Finalmente, no creo que ellos estuviesen dispuestos a regalarnos los secretos del viaje interestelar, ya que proporcionarnos esta tecnología puede ser tan peligroso para ambas partes como darle las llaves del Ferrari a un puberto irresponsable y sentarse en el asiento del copiloto.

Pero, ¿y si ellos no quieren tener nada que ver con nosotros debido a nuestra biología? Para no ir lejos, muchos humanos siguen sintiéndose superiores a sus congéneres tan sólo por el color de su piel, mientras como sociedad explotamos a las especies menos avanzadas de nuestro planeta sin tener en cuenta si sienten o sufren. Siendo así las cosas, me topé con Están hechos de carne (They’re made out of meat), un interesantísimo relato corto, escrito por el autor estadounidense Terry Bison. El ensayo es tan bueno, que se le ha usado en debates cosmológicos, cognoscitivos y hasta filosóficos. Con mi propia traducción, presento el artículo como fue publicado originalmente en la revista OMNI, en abril de 1990:

“Están hechos de carne.”

“¿Carne?”

“Carne. Están hechos de carne.”

“¿Carne?”

“No hay duda al respecto. Recolectamos algunos desde diferentes partes del planeta, los subimos a bordo de nuestras naves de exploración y los analizamos de arriba a abajo. Están completamente hechos de carne.”

“Eso es imposible. ¿Qué hay acerca de las señales de radio? ¿De los mensajes hacia las estrellas?”

“Utilizan señales de radio para comunicarse, pero las señales no provienen de ellos. Las señales provienen de máquinas.”

“¿Entonces quién construyó las máquinas? Es a ellos a quienes debemos contactar.”

“Ellos las hicieron. Eso es lo que estoy tratando de explicarte. La carne construyó estas máquinas.”

“Eso es ridículo. ¿Cómo puede la carne crear una máquina? Me estás pidiendo que crea en carne pensante.”

“No te lo estoy preguntando. Te lo estoy diciendo. Estas criaturas son la única raza pensante en ese sector y están hechas de carne.”

“Tal vez sean como los orfolei. Tú sabes, una inteligencia basada en el carbono que pasa por una etapa en forma de carne.”

“No. Nacen siendo carne y mueren siendo carne. Los hemos estudiado por muchas de sus generaciones, lo que no ha tomado mucho tiempo. ¿Sabes cuál es el tiempo de vida de una carne?”

“Ahórrate la molestia. De acuerdo, tal vez sólo son parcialmente de carne. Ya sabes, como los weddilei. Un pedazo de carne con un cerebro de plasma de electrones por dentro.”

“No. Pensamos en ello, ya que tienen cabezas de carne, como los weddilei. Pero te digo, los analizamos. Tienen carne por todos lados.”

“¿Sin cerebro?”

“Oh, ciertamente hay un cerebro. ¡Sólo que el cerebro está hecho de carne! Eso es lo que he estado tratando de decirte.”

“Entonces… ¿cómo piensan?”

“No me estás entendiendo, ¿verdad? Te niegas a aceptar lo que te estoy diciendo. El cerebro realiza el pensamiento. La carne.”

“¡Carne pensante! ¡Me estas pidiendo creer en carne pensante!”

“¡Sí! ¡Carne pensante! ¡Carne consciente! Carne que ama. Carne que sueña. ¡La carne lo es todo! ¿Estás empezando a entender la situación o tengo que empezar de nuevo?”

“Dios mío. Es en serio, entonces. Están hechos de carne.”

“Gracias. Finalmente. Sí. Ellos ciertamente están hechos de carne. Y han tratado de tener contacto con nosotros por casi cien de sus años.”

“Oh por Dios. Entonces, ¿qué es lo que esta carne tiene en mente?”

“Primero quieren hablar con nosotros. Entonces imagino que quieren explorar el Universo, contactar otras inteligencias, intercambiar ideas e información. Lo de costumbre.”

“Se supone que hablemos con la carne.”

“Esa es la idea. Ese es el mensaje que están enviando a través de radiofrecuencia. ‘Hola. Quien sea. ¿Hay alguien en casa?’ Ese tipo de cosas.”

“Entonces ellos hablan. ¿Usan palabras, ideas, conceptos?”

“Oh, sí. Excepto que lo hacen con su propia carne.”

“Creo que acabas de decirme que usan radiofrecuencia.”

“Ellos lo hacen, ¿pero qué crees que hay en la radio? Sonidos de carne. Tú sabes, cuando golpeas o volteas la carne, ¿ésta hace un ruido? Ellos hablan al hacer vibrar su carne. Incluso pueden cantar al expulsar aire a través de su carne.”

“Dios mío. Carne cantante. Esto es demasiado. ¿Cuál es tu recomendación?”

“¿Oficialmente o extraoficialmente?”

“Ambas.”

“Oficialmente, debemos hacer contacto, dar la bienvenida y registrar a todas y cada una de las especies pensantes o multiseres en este cuadrante del Universo, sin prejuicio, miedo o favoritismos. Extraoficialmente, recomiendo que borremos todo registro y nos olvidemos del asunto.”

“Esperaba que dijeras eso.”

“Parece duro, pero hay un límite. ¿En realidad queremos hacer contacto con un pedazo de carne?”

“Estoy de acuerdo al cien por ciento. ¿Qué podríamos decir? ‘Hola carne, ¿cómo te va?’ ¿Pero esto funcionará? ¿De cuántos planetas estamos hablando aquí?”

“Sólo uno. Pueden viajar a otros planetas en contenedores de carne especiales, pero no pueden vivir en ellos. Y al ser carne, sólo pueden viajar a través del espacio C. Lo que los limita a la velocidad de la luz y hace de la posibilidad de que alguna vez hagan contacto como algo muy difícil. Infinitesimal, de hecho.”

“Entonces sólo hagamos como que no hay nadie en el Universo.”

“Exacto.”

“Cruel. Pero tú lo has dicho, ¿quién quiere conocer un pedazo de carne? ¿Y aquellos que han subido a bordo de nuestras naves, aquellos que analizaron? ¿Estás seguro que no recuerdan nada?”

“Son considerados imbéciles si lo hacen. Nos metimos en sus mentes y ablandamos su carne para que creyeran que sólo era un sueño.”

“¡Un sueño para la carne! Qué extrañamente apropiado, que sólo seamos el sueño de una carne.”

“Y marcamos el sector entero como vacante.”

“Bien. De acuerdo, oficialmente y extraoficialmente. Caso cerrado. ¿Algún otro? ¿Alguien de interés en aquél lado de la galaxia?”

“Sí, una tímida pero dulce inteligencia en un núcleo de hidrógeno localizado en una estrella clase nueve de la zona G445. Estuvo en contacto hace un par de rotaciones galácticas; quiere ser amistosa nuevamente.”

“Siempre regresan.”

“¿Y por qué no? Imagina qué insoportable, qué tan inmensamente frío parecería el Universo si uno estuviese completamente solo…”

Ouch. Esto es precisamente lo que seres omnipresentes y omniscientes – verdaderos dioses – podrían pensar sobre nosotros: criaturas insignificantes con las que ni siquiera vale la pena hacer contacto. Es como nosotros con las abejas: de acuerdo a algunos estudios publicados el año pasado, resulta que estos insectos tienen sentimientos como ansiedad, alegría o la atracción por la novedad. Aunque esto puede parecer interesante, la verdad es que la mayoría de nosotros ni siquiera consideraría seriamente la posibilidad de comunicarnos con ellas. Parafraseando el ensayo anterior: “¿Qué podríamos decir? ‘Hola abeja, ¿cómo te va?'”

Lo que más me intriga de la historia es que de acuerdo a ésta, los seres inteligentes de carne y hueso seríamos únicos en el universo. Dudo que así sea, ya que los elementos de los que estamos conformados como el carbono, nitrógeno u oxígeno son muy comunes, y los procesos que nos han llevado hasta donde estamos tampoco son nada fuera de lo ordinario. Tal vez no lleguemos al extremo de Star Trek, donde la galaxia está poblada por civilizaciones de humanoides que sospechosamente, también pueden aparearse con nosotros. Sin embargo, todos los seres vivos estamos atados a las mismas leyes de la física y química, por lo que entes naturalmente evolucionados que posean “cerebros de plasma de electrones” son de hecho, más improbables que la posibilidad de que seamos los únicos habitantes de la Vía Láctea. Por otro lado, si la tecnología les ha permitido evolucionar hasta formas tan avanzadas como para “viajar entre las estrellas como luciérnagas en la noche”, su ciencia debería hacerles entender que ellos mismos empezaron como un humilde microorganismo salido del proverbial lodo.

Así pues, la deprimente posibilidad de no ser lo que se necesita para hacer contacto es muy improbable. Más bien, no hemos llegado todavía al punto de ser algo más que una atracción turística o un espécimen de laboratorio. Por otro lado, si como especie evitamos la autodestrucción, es muy posible que lleguemos eventualmente al infinito y más allá, hasta que en algún momento en el futuro nos topemos con una inteligencia extraterrestre, para finalmente comunicarnos con ella, como iguales. Pero, ¿y si no? nos daremos cuenta que somos únicos, y que sólo nos tenemos los unos a los otros. Pues, como dijera alguna vez el astrónomo y divulgador científico norteamericano Carl Sagan: Todos y cada uno de nosotros, desde una perspectiva cósmica, es precioso. Si un ser humano no está de acuerdo contigo, déjalo vivir. Entre cientos de miles de millones de galaxias, no encontrarás otro igual.

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La misteriosa esfera que succiona energía del sol

03/30/2012

Space [Icon By Buuf]  Astronomía.

El Observatorio de Dinámica Solar (Solar Dynamics Observatory) es un telescopio orbital lanzado el 11 de febrero de 2010 con el objetivo de detectar fenómenos astrofísicos de nuestro Sol, como su campo magnético, el viento solar que despide o su irradiancia. Pues bien, dicho instrumento detectó algo muy singular del 9 al 12 de marzo pasados: por más de 80 horas, imágenes del telescopio mostraron una misteriosa esfera cerca de la corona solar, que pareciera haber estado absorbiendo energía del sol directamente para posteriormente salir disparada al espacio:


Una misteriosa esfera que parece estar alimentándose de la energía del sol. Puede observarse un “hilo” que parte de la superficie solar directo hacia esta esfera, haciéndola parecer como una nave nodriza recargando combustible.
(Fuente: YouTube)

Muchas personas consideran esto como una prueba de la existencia de vida extraterrestre, ya que dicho fenómeno se asemeja a una nave nodriza cargando combustible a partir del plasma solar. Otros tantos creen que esto es el nacimiento de un nuevo planeta y los más conspirahólicos ven esto como los inicios del Cataclismo de Nibiru: una colisión entre la Tierra y un objeto planetario no descubierto aún por la astronomía moderna.

Derribando mitos

Sin embargo, con todo lo aguafiestas que puede ser, la comunidad científica ha determinado que esto es una cavidad de prominencia coronal: un hueco o burbuja dentro del plasma de nuestro Sol que tiene causas 100% naturales y que normalmente es un precursor de erupciones y eyecciones de masa coronal. Por eso pareciera que la esfera está saliendo disparada al espacio exterior, ya que de hecho, es plasma incandescente disparado hacia el espacio:

coronal prominence cavity

Una cavidad de prominencia coronal (coronal prominence cavity). A la izquierda, el evento detectado en una anterior ocasión, el 10 de agosto de 2007. A la derecha, un modelo por computadora del fenómeno. (Fuente: yowcrooks@wordpress.com)

¿Cómo es esto? De acuerdo al científico de la NASA Joseph Gurman, la burbuja no es más que plasma de menor temperatura que el ambiente circundante (de aproximadamente 10 millones de grados Centígrados). Pero, ¿por qué se ve de color obscuro? Porque las imágenes no utilizan luz visible sino un rango de frecuencias del espectro electromagnético que para nosotros pueden parecer como “más obscuras o más claras” pero no tienen nada que ver con la densidad o los colores que podemos ver a simple vista. Es decir, no es que las imágenes resulten de ponerle “gafas obscuras” al telescopio sino que así como una radiografía o un ultrasonido donde el tejido blando se ve como algo más obscuro, parten de una frecuencia electromagnética completamente diferente a la que ve el ojo humano.

Este es un fenómeno relativamente nuevo, ya que nunca antes se había realizado un estudio tan detallado de nuestro propio Sol; así que ésta es tan sólo una de la muchas incógnitas que podremos disfrutar del astro rey de ahora en adelante y por las que los científicos alrededor del mundo estarán devanándose los sesos durante los años por venir.

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Sobre Battle: LA y cómo Hollywood falla al mostrar invasiones extraterrestres

05/13/2011

Leisure [Icon By Buuf]  Entretenimiento.

Demasiado larga y cargada de clichés propios de películas de guerra, Battle: Los Angeles entretiene sólo a los seguidores más apasionados de las películas de acción (Calificación: 35%)

Battle: Los Angeles Review, Rotten Tomatoes (Sitio dedicado a reseñas de películas).

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de ver Battle: Los Angeles (2011). Resumiendo, es una mezcla de Día de la Independencia (1996) y Salvando al Soldado Ryan (1998) sin el aporte cómico de Will Smith ni el carisma de Tom Hanks. La película es relativamente buena si se le considera como una invasión de los Estados Unidos por una potencia extranjera que ataca sus ciudades de forma convencional – es decir, mediante pelotones de tropas anfibias con la ayuda de soporte aéreo. Más allá de eso, la película es ridículamente irreal: a los gringos les encanta ver cintas donde su país es inicialmente invadido y después de algunos civiles muertos e infraestructura destruida, sus fuerzas armadas restauran el orden y todo lo que es bello en este mundo. Sin embargo, como todos sabemos, muy pocos países tienen la capacidad de lograr una invasión del territorio estadounidense y por supuesto ninguno llegaría a sus costas pues serían fácilmente detectados y destruidos por el poderío aéreo y nuclear que posee nuestro vecino del norte. Así que para taparle el ojo al macho, en esta producción recurrieron a un truco que considero algo bajo: para no representar a China o Corea del Norte como los malos de la película, las costas norteamericanas son invadidas por extraterrestres que vienen por nuestros recursos.

Así entonces, la hago nuevamente de Mythbuster para demostrar por qué tantas películas de invasiones extraterrestres son simplemente, cuentos de hadas:

Nos llevan un millón de años de ventaja

Pues bien, en un post anterior expliqué que la civilización tecnológica más joven en la galaxia aparte de nosotros mismos, tiene al menos un millón de años de edad. Así que ante cualquier grupo de extraterrestres que viniera con malas intenciones, no podríamos hacer nada ya que su tecnología sería absolutamente aplastante. El mejor ejemplo encontrado en Hollywood es la nube de nanobots que consume todo a su paso en el remake de El día que la Tierra se detuvo (2008):

The Day The Earth Stood Still (2008) - Stadium Destruction

¡La nanotecnología en acción! Ver aquí o dar click en la imagen por la secuencia completa en video. (Fuente: IGN.com)

De hecho, con armas nanotecnológicas los extraterrestres podrían alcanzar todos sus objetivos por más extravagantes que estos fueren: Si sólo quisieran deshacerse de nosotros para colonizar el planeta, un enjambre de nanobots podría eliminarnos rápidamente, consumiendo a la vez nuestra infraestructura y limpiando el ecosistema terrestre al devorar nuestros desperdicios. Si el objetivo es llevarse recursos como el agua, minerales y otros elementos químicos, en un dos por tres un ejército de nanobots podría recuperarlos y dejarlos en elegantes paquetitos listos para su uso; es más, si son lo suficientemente sofisticados, estos mismos nanobots podrían construir la infraestructura que ellos requieren con los recursos obtenidos, como puede verse en este video. Finalmente, si resulta que sólo somos comida o nos quieren dominar sin destruirnos por completo como en la trilogía de Matrix (1999, 2003), estos mismos nanobots podrían someternos sin dificultad, para después ser cosechados por el contingente principal de la invasión.

No correrían desnudos por la calle

Un tema muy común en algunas de estas películas es que los alienígenas caminan sobre nuestro planeta… desnudos. Desde la primera Guerra de los Mundos (1953) hasta Señales (2002) han aparecido un sinfín de especies extraterrestres que no tienen ya no digamos un traje espacial, sino un calzoncito que les tape el rabo. Lo peor es que en algunas cintas dicha falta de protección significa su aniquilación, sobre todo cuando son mortalmente vulnerables al elemento que cubre el 70% de la superficie terrestre como sucedió en Señales, o pueden ser víctimas de los múltiples microorganismos que abundan en nuestro planeta, como sucedió en ambas Guerras de los Mundos. Cuando Gringolandia invade un país, sus soldados siempre toman la precaución de adquirir las vacunas necesarias y vestirse de acuerdo al clima local.

Underwear Army Soldier

¿Alguna vez han visto esto? Entonces, ¿por qué asumimos que los extraterrestres lo harían? (Fuente: anonymoushints.com)

Por ello, es risible imaginarse a un ET disparando rayos láser, armas de plasma o rayos deshidratadores mientras anda como Dios lo trajo al mundo.

El combate cuerpo a cuerpo no sería necesario

De hecho, para ahorrarse las contadas aunque posibles bajas derivadas de una invasión, los extraterrestres seguramente echarían mano de su tecnología para no tener que lidiar con nosotros personalmente. Considerando que hoy mismo los Estados Unidos utilizan aviones no tripulados para destruir – en muchas ocasiones de forma indiscriminada – objetivos terrestres en Paquistán, es muy probable que cualquier armada alienígena hiciera lo mismo. Por ello, ataques mediante operadores on site como se vio en Señales, Mars Attacks! (1996) y prácticamente cualquier otra cinta donde los extraterrestres descienden de sus naves para entablar una lucha cuerpo a cuerpo contra los ejércitos del mundo están completamente fuera de la realidad. Algo un poco más auténtico es la batalla de Sión en Matrix Recargado (2003) y Matrix Revoluciones (2003): cientos, miles o incluso millones de robots autónomos o manejados a control remoto enfrentarían a las fuerzas armadas del planeta. Y no, las batallas entre el ejército gringo y los Decepticons presentadas en la saga de los Transformers (2007, 2009) no son realistas en absoluto ya que G.I. Joe no existe.

Transformers battle

Imaginemos una batalla entre Optimus Prime o Bonecrusher y nuestros insignificantes tanques o peor aún: tropas a pie (Fuente: premiumhollywood.com)

Y aún así, existe la posibilidad de eliminarnos de forma remota sin enviar tecnología tan avanzada, con el uso de armas de destrucción masiva. Desde una plaga imparable, armas nucleares o de antimateria e incluso con hacer chocar contra la Tierra un par de naves a velocidades cercanas a la de la luz, podrían deshacerse de todo ser viviente sin demasiado esfuerzo. Vaya, con decir que nosotros mismos ya poseemos la capacidad de destruir a nuestra propia especie.

La interacción sería totalmente innecesaria

En 1972 la misión Apolo 17 fue la última expedición con seres humanos caminando sobre otro cuerpo celeste, que de hecho, está prácticamente en nuestro patio trasero. Si alguien llegara y literalmente se comiera todos los demás planetas, asteroides y cometas de nuestro sistema solar, no hay manera en la que pudiéramos evitarlo. Entonces, ¿para qué arriesgar vidas y equipo invadiendo la Tierra si puedes tomar todo lo que necesitas de los 8 planetas restantes con todo y sus lunas sin temor a represalias? Como ejemplo, la atmósfera de Venus tiene 47 veces la cantidad de oxígeno existente en nuestra atmósfera, mientras que Júpiter posee 286 veces la masa de la Tierra en forma de hidrógeno puro. Si obtuviésemos estos elementos de ambos planetas, es posible generar decenas de veces la cantidad de agua encontrada aquí. Así que “vienen por nuestros recursos” no suena tan realista si consideramos que nuestro mundo es justamente eso: una pequeña roca sin mucho qué ofrecer en medio del vacío interestelar.

La estrategia ganadora

Supongamos que somos una civilización extraterrestre en pos de conquista. Ni modo: no hay nanotecnología, ni robots con IA autónomos, ni armas de destrucción masiva; sólo es posible llegar hasta la Tierra con equipo básico, incluyendo armas balísticas, tropas de tierra con armaduras que eventualmente pueden ser eliminadas por los “locales” y algunas piezas de equipo parecidas a tanques y naves no tripuladas, como se muestra en Battle: Los Angeles. De ser este el caso, ¿cuál es la mejor forma de conquistar el mundo? Muy sencillo: no atacar a los Estados Unidos, al menos no inicialmente.

Cualquier fuerza militar que se respete debería tener un mínimo de tecnología de reconocimiento para saber dónde se encuentran los centros más importantes de infraestructura militar y cuáles son sus rutas de abastecimiento. Si los extraterrestres hacen su chamba, se darían cuenta que la mayoría de los países con armas sofisticadas dependen irónicamente, de las naciones menos preparadas para defenderse ante un ataque: las economías en desarrollo. ¿Qué pasaría si mañana Arabia Saudita, Irán, México y Kuwait ya no pudieran exportar su petróleo? Seguramente dentro de un mes una gran parte del mundo industrializado estaría en total parálisis económica y militar, ya que después de todo, sin petróleo no corren los tanques ni los humvees y los cazas y helicópteros de ataque no pueden volar. En medio del caos, es mucho más fácil llegar a repartir madrazos.

Conclusiones

Hay muchas razones por las que no deberíamos perder el sueño ante un posible contacto con extraterrestres. Aunque se ha puesto muy de moda eso de que vienen a eliminarnos porque somos una amenaza o nos vienen a quitar los pocos recursos que todavía nos quedan, es muy difícil si no imposible que ocurra una invasión militar, ya que el costo-beneficio no cuadra: la Tierra es un planeta pequeño, con pocos recursos realmente importantes. Tampoco tenemos una gran riqueza biológica, pues en la actualidad nos encontramos ante uno de los eventos de extinción más importantes que haya sufrido nuestro planeta y cuya causa somos nosotros mismos. Además, considerando los avances en nanotecnología que están por venir, podemos ir pensando en un futuro donde prácticamente todos los materiales tienen que ver con elementos tan rupestres como el carbono, el silicio, el oxígeno y el hidrógeno. Así que máquinas extraterrestres con clavijas de erbio son una fantasía.

Claro que, en caso de un eventual contacto, sí deberíamos tener en mente un par de cosas: la primera es la introducción de especies o microorganismos que pudieran ser mortales para nosotros y nuestros ecosistemas. Los nativos americanos y el continente Australiano son claros ejemplos de lo que puede pasar, incluso si dicha introducción no es mal intencionada.

Predators (2010) hound

Umm… ¿lindo perrito? (Fuente: nerdsociety.com)

La segunda tiene que ver con el shock psicológico que implicaría dicho contacto. Como ejemplo, nuestras religiones pasarían a ser totalmente obsoletas, ya que dudo mucho que una raza extraterrestre de un millón de años sea Católica Apostólica Romana. Por otro lado, la economía mundial podría venirse abajo pues la incertidumbre estaría a la orden del día y al menos durante los primeros años, gran parte del mundo entraría en pánico. Toda nuestra ciencia y tecnología podría cambiar en un dos por tres y seguramente muchos gobiernos buscarían la manera de beneficiarse directa o indirectamente del contacto, ya que independientemente de las intenciones de una civilización extraterrestre, nosotros seguimos siendo humanos. Así que a final de cuentas, de quienes realmente nos deberíamos cuidar no es de posibles viajeros interestelares, sino de nosotros mismos.