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Es oficial: vamos a Marte

10/01/2016

Space [Icon By Buuf]
 Astronomía y exploración del espacio.

Existen vistas celestes mucho más deslumbrantes y espectáculos que inspiran más asombro; pero para el observador reflexivo que tiene el privilegio de verlos correctamente, en el cielo no hay nada tan profundamente impresionante como los canales de Marte: líneas finas y filamentos pequeños que se entrecruzan sobre la superficie marciana, capturando nuestra mente a través de millones de millas de vacío.

Percival Lowell (1855 – 1916). Astrónomo, empresario y matemático estadounidense.

En primer lugar, una pregunta para reflexionar: si existiera aunque sea una remota posibilidad, ¿dejarías atrás todo lo que tienes en este mundo, para tomar un pasaje sólo de ida a Marte?

Desde hace algún tiempo, la idea de que los seres humanos debemos iniciar la colonización de nuestro sistema solar ha estado cobrando fuerza: la humanidad necesita de intrépidos exploradores dispuestos a ir “a donde ningún hombre ha ido antes”, para asegurar la preservación de nuestra especie. No, éstos ya no sólo son “sueños guajiros“: nuestro planeta ha entrado de lleno en el Antropoceno, una nueva era geológica dominada por el impacto global que las actividades humanas están teniendo sobre los ecosistemas terrestres, que puede traer como consecuencia un colapso ecológico cuyos efectos pueden alcanzar niveles catastróficos en tan sólo tres generaciones. De hecho, se proyecta que durante los próximos cien años, se extinguirá más del 50% de las especies animales y vegetales alrededor del mundo; una situación que ya es denominada como la sexta extinción masiva de la vida en la Tierra. Por ello, ahora más que nunca, la colonización del espacio es un tema relevante, porque además de mantenernos a salvo de la extinción, el proceso mismo para lograrlo puede proporcionarnos los medios y tecnologías necesarias para salvar lo que queda de nuestro mundo… y a nosotros mismos.

Pic: Urban Algae Farm
Prototipo de una granja urbana de algas. El mecanismo de escala completa, de más de 10 metros de longitud, podrá generar el oxígeno equivalente a cuatro hectáreas de bosque y cerca de 150 Kg de biomasa por día, de las cuales 60% son proteínas vegetales que pueden consumirse como alimento. (Fuente: ecologicstudio.com)

Así, durante las últimas dos semanas ocurrieron dos hitos importantes en este respecto. El primero, aunque poco espectacular, se trata del nuevo presupuesto de 19.5 miles de millones de dólares que le será otorgado a la agencia espacial estadounidense para 2017, el cual será independiente del presidente electo en las próximas elecciones de Noviembre:

Cada vez que se tiene un cambio en la administración, hemos visto el caos causado por la cancelación de los programas de mayor importancia: ya sea la cancelación del programa Constelación; ya sea la cancelación del transbordador espacial, el impacto en términos de puestos de trabajo perdidos, el impacto en términos de dinero desperdiciado, ha sido significativo.

Y [este proyecto de ley] va a encaminar a la NASA, no sólo a continuar con el desarrollo del Sistema de Lanzamiento Espacial [SLS] y Orión, sino también considerará a la exploración humana de Marte como un objetivo estatutario, soportado por el Congreso y el presidente.

Bipartisan Cruz-Nelson NASA Reauthorization Bill Unanimously Passed by Senate Commerce Committee. Press Office. (Official homepage of Senator Ted Cruz of Texas, Sep. 21, 2016).

El proyecto de ley exige a la NASA como objetivo primordial, colocar a un ser humano en la superficie de Marte dentro de los próximos 25 años, por lo que si éste es aprobado por el senado estadounidense, los Estados Unidos habrán dado un gran paso para conquistar “la última frontera”.

Haciendo de los humanos una especie multiplanetaria

En 2002, el genio, inventor y empresario sudafricano Elon Musk fundó la compañía aeroespacial SpaceX, con el objetivo de mejorar el coste y fiabilidad de los viajes espaciales. Para sorpresa de muchos, Musk declaró en 2011 que la visión a largo plazo de SpaceX es el desarrollo de tecnologías y medios necesarios para la colonización de Marte. Aunque en un inicio este objetivo fue considerado una locura, la compañía ha logrado alcanzar los hitos necesarios para que esto se haga realidad: con un precio de US$2,200 para colocar un kilogramo de carga en la órbita baja terrestre (40% menos que su competidor más cercano), SpaceX ha puesto a la industria aeroespacial en jaque: es tal la disrupción causada en el mercado, que la competencia se enfrenta a una importante reestructuración o la quiebra. A este ritmo, si el costo ofertado alcanza un monto menor a US$500 por kilogramo, finalmente será posible colocar estaciones espaciales privadas en órbita, comenzar la explotación minera de la Luna y establecer puestos de avanzada en Marte.

Es así como el Martes pasado, durante el 67º Congreso Astronáutico Internacional, llevado a cabo en la ciudad mexicana de Guadalajara, Musk reveló cómo planea llevar un millón (!) de colonos a Marte durante las próximas décadas. En una conferencia magistral, apropiadamente titulada “Haciendo de los humanos una especie multiplanetaria”, Musk presentó su plan para iniciar la colonización del planeta rojo, tan pronto como el 2024:


El fundador y CEO de SpaceX, Elon Musk, develó el Sistema de Transporte Interplanetario (ITS) que nos llevará a Marte. Para lograrlo, Musk busca combinar el cohete más poderoso jamás construido – que posee cuatro veces la potencia del Saturno V que nos llevó a la Luna – con una nave espacial diseñada para llevar hasta 100 personas por vuelo. (Fuente: treehugger.com)

Por razones de disminución de costos, el transporte sería bidireccional y reutilizable, por lo que Musk planea construir una planta generadora de combustible en Marte, usando el dióxido de carbono y hielo encontrados en la atmósfera y subsuelo marcianos, para generar el metano y oxígeno utilizados por el ITS durante el viaje de regreso. Si todo resulta de acuerdo al plan, el ITS permitirá a la humanidad establecer una colonia permanente y autosuficiente en Marte dentro de los próximos 40 a 100 años, mediante viajes con una duración de 80 a 120 días y un costo de transportación de US$200,000 por persona.

Hola… Tierra llamando a Musk

Sin embargo, por el bien del argumento, Musk tiene una solución extraordinaria para resolver un problema que, si bien no es trivial, es sólo uno de múltiples obstáculos que es necesario abordar para establecer una colonia permanente en Marte. Usando la metáfora de la conquista de América, SpaceX nos está vendiendo la mejor versión de La Niña, La Pinta y La Santa María, cuando no tenemos ni idea de cómo construir un asentamiento en el “Nuevo Mundo”, o cómo podremos sobrevivir una vez que lleguemos allí: hasta la fecha, nadie ha propuesto soluciones integrales que incluyan el suministro continuo de oxígeno, agua, energía, calor y refugio para toda la colonia, quedando sólo en conceptos artísticos o diseños y prototipos muy rudimentarios. Ya que Musk es serio, es esencial disponer de todas estas tecnologías, plenamente desarrolladas, dentro de los próximos 10 años. Así, pronto tendremos los medios para llegar hasta ahí, pero de momento toda la tecnología, necesaria para establecernos permanentemente fuera de la Tierra, sigue permaneciendo inmadura.

Pic: Mars Colony - Screenshot of Videogame 'Sol 0' by Chondrite Games
Si bien existen diseños y conceptos artísticos de hábitats espaciales desde la década de 1950, estas ideas no han sido puestas en práctica, más allá de prototipos sencillos. Si queremos llegar “al infinito y más allá”, es indispensable contar con modelos funcionales, que puedan operar de manera continua por décadas en un medio tan hostil como el espacio exterior, al mismo tiempo que proporcionan soporte vital y comodidad a los futuros colonizadores. En la imagen, una captura de pantalla del videojuego Sol 0, de Chondrite Games. (Fuente: greatbitblog.com)

Por otra parte, para iniciar un esfuerzo significativo de colonización, sería indispensable invertir miles de millones de dólares en transporte, personal y equipo, porque más allá de los materiales de construcción y compuestos volátiles (nitrógeno, hidrógeno y oxígeno), todo lo demás tendría que ser importado. Por lo tanto, todo el equipo de alta tecnología, alimentos, ropa y hasta los utensilios de cocina, tendrían que ser traídos desde la Tierra. Así pues, ¿no sería más práctico iniciar la colonización de nuestro propio satélite natural? Aunque la Luna es menos glamorosa que Marte, ésta posee una gran riqueza de recursos naturales, está mucho más cerca de la Tierra y en última instancia, lo que funcione en la Luna puede servir como prueba de concepto para otros asentamientos a lo largo del sistema solar.

¿Será posible llevar a cabo esta fantástica iniciativa? Ciertamente: tal vez no ocurra en 10 o 15 años como promete Musk, pero eventualmente será realizable. La verdad es que este hombre siempre ha tenido algún as bajo la manga: sin excepción, todas las empresas fundadas por Musk – SpaceX, Hyperloop One, Tesla, SolarCity – han logrado revolucionar sus respectivas industrias. No en vano, la mayoría de los expertos advierten que es muy malo para los negocios apostar en contra de Elon Musk. Sin embargo, éste será un camino arduo y tortuoso, y éste requerirá hacer sacrificios: el propio Musk dice que le gustaría morir en Marte; sólo que no durante el impacto.

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E.T. nos dio la Wi-Fi: ¿Es posible adoptar tecnología extraterrestre?

06/24/2016

Space [Icon By Buuf]
 SETI.

Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Arthur C. Clarke (1907 – 2008). Escritor británico de divulgación científica y ciencia ficción.

Justo el día de hoy, la secuela del aclamado filme de ciencia ficción, Independence Day (1996), se estrenó en Hispanoamérica. Titulada como Independence Day: Resurgence, esta nueva entrega nos cuenta lo que ocurre 20 años después de la fallida invasión extraterrestre mostrada en la primera película. El argumento se centra en qué ocurre cuando los alienígenas remanentes en la Tierra logran enviar una señal de auxilio al resto de su flota, esparcida por el resto de la galaxia. Así como las demás producciones de su tipo, seremos testigos de un ejemplo clásico del Blockbuster Hollywoodense, que usualmente cuenta con una relativa simplicidad de guión, uno o dos personajes memorables y unos extraordinarios efectos visuales.

Sin embargo, un punto peculiar del filme consiste en que los humanos han logrado recuperar, estudiar y aplicar tecnología extraterrestre. ¿Es esto realmente posible? Porque si bien infinidad de series y películas de ciencia ficción muestran cómo la humanidad logra prevalecer o congeniar con otras civilizaciones debido a que las diferencias tecnológicas se reducen a “ametralladoras frente a láseres”, la realidad es que muy pocas historias explican cómo nuestros valientes científicos e ingenieros estudian estos “campos de fuerza”, para posteriormente copiarlos y colocarles el sello de “Hecho en la Tierra”.

Cualquier tecnología extraterrestre a nuestro alcance no puede ser el resultado de una invasión, ya que de manera realista, si un imperio galáctico quiere deshacerse de los terrícolas, éste no requiere de contacto alguno con nosotros. Con algo tan burdo como un asteroide de hierro de unos 10 Km de diámetro, viajando al 90% de la velocidad de la luz, es posible desintegrar el planeta – y con sólo una milésima parte de esa velocidad, es posible eliminar a casi toda la vida en la Tierra. Por lo tanto, para tener algo recuperable y vivir para contarlo, cualquiera de los siguientes escenarios debería ocurrir:

• Un accidente en cualquiera de los planetas o lunas de nuestro sistema solar, que por lo menos permita la recuperación parcial de los restos. Por ejemplo, un choque a menos del 0.01% de la velocidad de la luz, o unos 30 Km/s. Dichas velocidades son ciertamente catastróficas para los tripulantes y el planeta huésped (equivalentes a una explosión nuclear de miles o millones de megatones, como el que extinguió a los dinosaurios hace 65 millones de años), pero debido a los requerimientos técnicos necesarios para el viaje interestelar, es posible que quede algo qué rescatar.

• Descubrimiento de instalaciones o artefactos alienígenas abandonados en nuestro sistema solar. De acuerdo a la Paradoja de Fermi, de existir vida extraterrestre, la Tierra sería visitada una vez cada 2 millones de años, por lo que es probable que hayan dejado algo atrás, pero es muy difícil de detectar: debido a las fuerzas erosivas y geológicas de nuestro mundo, tales dispositivos deberían haber sido destruidos desde hace mucho tiempo – no así para los lugares con atmósfera inexistente y órbitas estables, como algunos asteroides, lunas y planetoides del sistema solar.

Pic: 300 Million-year UFO Gear! (Not really)


Un artefacto metálico que parece ser parte de un engrane, encontrado en un depósito de carbón de 300 millones de años de antigüedad en la región de Jakasia, Rusia Meridional. Manteniendo una postura de escepticismo, esto también puede ser un cristal de ferrita, un fósil de crinoideo o una parte del equipo de minería que pudo haberse roto durante la extracción del carbón. (Fuentes: The Huffington Post y Doubtful News)

¿Es posible descifrar su operación y funcionamiento?

Lamentablemente, a diferencia de un mensaje desde las estrellas, cualquier maquinaria extraterrestre encontrada de esta manera estaría incompleta o en un terrible estado de deterioro: recordemos que para copiar un mecanismo, es necesario verlo en funcionamiento; de lo contrario sólo podremos hacer conjeturas acerca de su operación. Un ejemplo de esto es el Mecanismo de Anticitera, recuperado del fondo del Mar Mediterráneo en 1900.

Por mucho tiempo, dicho mecanismo fue considerado como la prueba absoluta de visitantes extraterrestres, pues se creía que era tecnológicamente demasiado complejo como para haber sido construido por seres humanos. Cabe mencionar que su fecha de ensamblado se estimó en base a los sedimentos formados alrededor del mecanismo, así como otras piezas de arqueología encontradas en el mismo lugar de su descubrimiento: entre el 150 y el 100 antes de nuestra era. No fue sino hasta finales del 2006 que se encontró su verdadera función: ésta es una computadora análoga usada para predecir posiciones astronómicas y eclipses con fines calendáricos y astrológicos. Es decir, se requirieron más de 100 años para descubrir que un mecanismo incompleto de engranes de cobre fue construido por humanos para algo tan pedestre como saber cuándo se jugarían los Juegos Olímpicos.

Por otro lado, es necesario considerar que cuando se trata de tecnología avanzada, es muy probable que el gobierno o fabricante original haya incluido algunas salvaguardas para evitar que su tecnología sea replicada. Esto hace mayor sentido con desarrollos gubernamentales – como una sonda interestelar probablemente lo sería – ya que viéndolo desde el punto de vista de un terrícola, muchos grupos a lo largo de nuestra historia han tratado de robarse o copiar la tecnología de los demás, desde que un homínido se dio cuenta que un hueso podría ser una eficiente herramienta de cacería, o una poderosa arma para tomar el abrevadero de la tribu vecina.

El problema del costo

Hay una relación inversa entre la existencia y adopción de una tecnología determinada y su coste unitario; mientras más instancias de ella se implementan, más se aprende cómo producirla de manera barata y eficiente, lo que significa que su costo al público puede ser reducido sin disminuir el margen de ganancia. Así, tecnologías recientemente desarrolladas que no han tenido el tiempo suficiente para dejar que esta relación tenga efecto, tienden a ser muy costosas de adquirir y difíciles de mantener. Un ejemplo de esto son los automóviles eléctricos: en 2003, el Tony Stark/Iron Man de la vida real, Elon Musk, fundó Tesla Motors con el objetivo de revolucionar la industria automovilística; a sabiendas de que esta tecnología era demasiado costosa, su estrategia se centró en primero ingresar al mercado con un modelo caro, apto sólo para clientes VIP: en 2008 inició la producción del Tesla Roadster, por un precio de US$109,000. Conforme los volúmenes de venta han aumentado, los modelos han evolucionado de la misma manera: hoy por hoy, existe el Modelo 3, revelado al público en 2016 con un costo de US$35,000. Se espera que en dos o tres años más, se terminará el desarrollo del modelo Gen 4, con un precio asequible para la mayoría de la población.

Así, la adquisición de tecnología avanzada requeriría no sólo de entenderla y replicarla, sino que también implicaría la creación de nuevas industrias, procesos y modelos de negocio para que pueda ser adoptada por todos. Esto conllevaría considerable tiempo y una enorme inversión, por lo que lamentablemente, a veces tarda mucho o no termina de suceder debido al statu quo: no fue sino hasta que Tesla demostró un éxito sostenido, que otras compañías automotrices se han unido de mala gana a esta corriente.

Por supuesto, cualquier argumento en contra de los costes de producción pierde su validez en cuanto a la tecnología militar se refiere. Sólo tenemos que superar algunas “pequeñas” limitaciones técnicas, para las que todavía no hemos descifrado completamente la solución…

El problema del software

Para los que tienen un mínimo conocimiento en TI: ¿alguna vez vieron precisamente, Independence Day? ¿Cuál es la escena más atroz que llegaron a ver en dicha película?

Pic: A PowerBook communicating with an alien computer


Precisamente. (Fuente: Reddit)

La mera idea de que una Mac, ensamblada hace 20 años, sea compatible con el sistema operativo de una nave extraterrestre de más de 500 kilómetros de diámetro, miles de años más avanzada de lo que la humanidad jamás ha creado, y lo suficientemente sofisticada como para darle soporte vital a toda una civilización extraterrestre, es considerado por cualquier ingeniero de software como una de las peores representaciones de la informática en la historia del cine. Si tomamos en cuenta que la última laptop ofertada por Apple tiene mil veces la cantidad de memoria RAM de la laptop mostrada en la película, sería realmente chusco ver a alguien intentar conectarlas; incluso más si consideramos que ambas son del mismo fabricante.

Ahora bien, una de las realidades de la vida moderna es que el futuro casi no consistirá de materiales nuevos, sino que estará basado en cómo combinar materiales ya conocidos y hacerlos funcionar. Un celular está compuesto de plástico y algunos metales (oro, cobre, plata y litio); pero lo que realmente lo hace útil es el complejo software que le permite funcionar: con él, es posible usar 4G para navegar por internet, llamar a otros dispositivos celulares, o sincronizar la información contenida en el dispositivo con un wearable o aplicaciones en la nube.

Intentar extraer y decodificar este software es posiblemente uno de los mayores obstáculos para aplicar ingeniería inversa a un artefacto extraterrestre, ya que sería indispensable conectarse a dicho dispositivo y descargar el sistema operativo para descifrar sus rutinas. Por supuesto, si bien esto es muy difícil, no es imposible: incluso hoy existe gente alrededor del mundo cuyo hobby consiste en descargar el software de sus propios automóviles para hackearlos y optimizar su desempeño. Hacer lo mismo con un dispositivo cuya arquitectura, lenguaje de programación y abstracciones son desconocidas, podría tomar décadas y considerable poder de procesamiento, pero de lograrse, eventualmente obtendríamos las llaves del reino.

El problema de la energía

Desde la década de 1990 aparecieron experimentos científicos que demuestran la posibilidad de crear ventanas de plasma, que separan el vacío del espacio exterior, del interior de una nave espacial. También, ya existen en la actualidad diseños que permitirían enviar sondas a Alfa Centauro en tan sólo cinco años o a Marte en apenas 7 minutos. ¿Que es lo que impide que estas fantásticas tecnologías se hagan realidad, aparte de los elevados costos?

El traje de Iron Man es un extraordinario exoesqueleto que permite entre otras cosas, cargar objetos de varias toneladas de peso, volar a la misma velocidad que un avión caza y disparar ráfagas de plasma. Su potencia estimada es de 4 millones de caballos de fuerza, o 2.98 Gigawatts/hora, equivalentes a 2.2 veces la energía generada por una planta nuclear como Laguna Verde, México. Lamentablemente, hoy por hoy no contamos con una fuente de energía del tamaño del reactor arc (un reactor de fusión fría del tamaño de una mano) mostrado en los comics y las películas.

Así entonces, la miniaturización de fuentes de energía es otro problema al que se enfrentan los ingenieros, y por el que no pueden pasar de pequeños experimentos en el laboratorio: para hacer funcionar estos increíbles gadgets, es necesario crear y almacenar enormes cantidades de energía en un espacio muy reducido. Algunos materiales tienen la densidad de energía necesaria (por ejemplo, para el traje de Iron Man bastan 133 gramos de uranio en un reactor reproductor), pero entonces, nos enfrentaríamos al obstáculo final para la adopción de tecnología extraterrestre: nuestra propia biología.

El problema de la biología terrestre

Todos hemos soñado alguna vez con tener un auto volador desde que éramos niños. Y cuando aprendimos a manejar, llegó algún momento en que incluso de adultos, hemos dejado correr la imaginación: si estamos atorados en el tráfico pesado de la hora pico, nos imaginamos despegando en modo vertical para volar a casa o al trabajo dejando atrás el smog, el ruido y la incomodidad. Excepto que esto es imposible.

Incluso en la actualidad, existen “carreteras” por el aire que todo piloto de avión debe seguir, y si llega a darse tráfico aéreo pesado, deben volar sin cesar en un patrón de círculo hasta que haya un lugar disponible en la pista de aterrizaje. Entonces imaginémonos no sólo una hilera de automóviles enfrente y atrás de nosotros durante la hora pico, sino varios niveles arriba y abajo también. Si ocurre una descompostura o un choque en el aire, no podremos detenernos en el acotamiento para llamar a la compañía de seguros, sino que caeremos por varios cientos o miles de metros hacia abajo, llevándonos a una muerte segura a todos los que estén circulando debajo de nosotros en ese momento, y a los que estén a nivel del suelo también.

El punto es que nuestra tecnología también viene de la mano de características de seguridad: si bien es posible crear reactores nucleares del tamaño de una batería de automóvil, o sondas que viajen a Marte en 7 minutos, nuestros cuerpos no están a la par de estas tecnologías, por lo que sufriríamos de daños irreparables o una horrible muerte; ya sea por la radiación, altas velocidades o exposición al frío y calor extremos. Con decir que el simple hecho de estar en una nave espacial, es mortal para los seres humanos.

Posiblemente, para adoptar cualquier clase de tecnología futura (y no sólo la extraterrestre) tendremos que cambiar nosotros mismos también. Con mejoras genéticas y cibernéticas, eventualmente será posible salir allá afuera. Pero de momento, adaptar o crear tecnología que hoy es indistinguible de la magia, dependerá enteramente de qué tan segura es para formas de vida basadas en carbono con una baja resistencia a la variación de temperatura, presión o fuerzas centrífugas. Como elocuentemente menciona uno de los personajes de la serie de televisión Battlestar Galactica (2004):

¡No quiero ser humano! Quiero ver los rayos gamma. Quiero poder escuchar los rayos X. Y quiero – quiero oler la materia oscura. ¿Ves lo absurda de mi existencia? ¡Ni siquiera puedo expresar estas cosas correctamente, ya que tengo que – tengo que conceptualizar ideas complejas en este estúpidamente limitado lenguaje hablado! Pero sé que quiero alcanzar con algo más que estas patas prensiles. Y sentir el viento solar de una supernova fluyendo sobre mí. ¡Soy una máquina! ¡Y puedo saber mucho más! Puedo experimentar mucho más. ¡Pero estoy atrapado en este cuerpo absurdo!

— John Cavil/Número Uno. Battlestar Galactica (2004).

Conclusiones

Algunas de las historias de ciencia ficción más entretenidas tienen que ver con la adopción de tecnología extraterrestre, principalmente para que el conflicto no se convierta en una lucha sin esperanza para los seres humanos. Incluso algunas historias expresan la jocosa idea de que nuestra tecnología moderna, como el velcro, los hornos de microondas o la liposucción, es producto de ingeniería inversa aplicada a platillos voladores. Sin embargo, suponiendo que tenemos acceso a dicha tecnología para estudiarla, esta tarea requeriría un esfuerzo titánico, por decir lo menos. Un ejemplo de la vida real: en la década de los 1960, la NASA creó los Saturno V, unos cohetes que nos permitieron llegar a la Luna, y son considerados una de las más impresionantes hazañas de ingeniería de todos los tiempos. En 2004, la agencia espacial norteamericana buscó replicar su potencia como parte del Proyecto Constelación, pero no fue posible hacerlo, debido a que la infraestructura con la que se construyeron estos cohetes ya no existe. Se estima que se necesitarían dieciséis mil millones de dólares (US$16,000,000,000) para recrear las industrias y procesos requeridos por el Saturno, más quinientos cincuenta millones de dólares (US$550,000,000) por lanzamiento. Por esos precios, es mucho más sencillo crear desde cero versiones que sean igualmente potentes, aunque más ligeras, fuertes y hasta reutilizables – algo que de hecho, están tratando de lograr empresas como Blue Origin y SpaceX.

Así entonces, la ciencia ficción eventualmente se volverá realidad, haciendo innecesario importar tecnología de “hombrecillos verdes”. El problema principal es el tiempo que nos tomará llegar hasta ahí, debido a la interacción de factores como la continua evolución de la ciencia, cuáles son sus costos de implementación y qué tan segura o deseable puede llegar a ser. Después de todo:

Sólo aquellos que intentan lo absurdo alcanzarán lo imposible.

M. C. Escher (1898 – 1972). Dibujante y litógrafo holandés.

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Una invasión extraterrestre científicamente plausible

10/09/2015

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Si fueras a conquistar el mundo, ¿harías volar la Casa Blanca al estilo Día de la Independencia, o buscarías colarte furtivamente por la puerta trasera?

— Casey, The Faculty (1998).

La invasión extraterrestre es una de las metáforas más antiguas de la ciencia ficción, describiendo cómo seres del espacio vienen a invadir nuestro mundo. Existen múltiples razones por las que ellos recurren a métodos extremos contra nosotros: desde apoderarse de nuestros recursos o el planeta mismo, hasta cosecharnos porque somos una excelente fuente de proteínas. La invasión puede darse de dos maneras: ya sea que lancen un ataque militar global, como en el famoso Día de la Independencia (1996), o se infiltren en nuestros gobiernos y organizaciones, reemplazando, lavándole el cerebro o controlando seres humanos, allanando el camino para asestar el golpe final, como se ha visto en las series de televisión Expedientes Secretos X (1993 – 2002) e Invasión Extraterrestre / V (1983).

Muchas de estas historias tienen su origen en los miedos y principales eventos de la época en la que se publica el relato: La Guerra de los Mundos de H.G. Wells (1898), reconocida como la primera descripción de una invasión extraterrestre, fue escrita en los últimos años del siglo 19, cuando las guerras imperialistas por recursos, por parte de las potencias occidentales, ocurrían casi a diario, y la guerra mecanizada, la cual inspiró a los trípodes de aquella novela, estaba a menos de dos décadas de mostrar sus aterradores efectos. Películas como Invasion of the Body Snatchers (1956) y The Thing (1982), que fueron estrenadas durante el apogeo de la Guerra Fría (1947 – 1991), resaltaban la paranoia y miedo a ser infiltrados por las fuerzas del enemigo. En este caso, por elementos del bloque comunista.

En la vida real una invasión, definida seriamente como un escenario catastrófico de primer contacto, sólo puede tener un resultado: nuestra total aniquilación. La razón es muy sencilla: una especie que por sí misma haya llegado hasta aquí, ha superado infinidad de problemas técnicos y sociales para los que todavía no tenemos solución. Pongámoslo de esta manera: a las velocidades típicas de un viaje interestelar (10% de la velocidad de la luz o unos 30,000 kilómetros por segundo), impactar un malvavisco es el equivalente explosivo a un arma nuclear táctica de tamaño mediano. Aunque nuestra tecnología y recursos actuales ya nos permiten construir una sonda interestelar autónoma, ésta tomaría 40 años de fabricación y una inversión de 174 billones de dólares (USD 1.74×1014, equivalente a 2.2 veces el producto bruto mundial de 2014). Tan solo el costo, tiempo de construcción y duración de la misión (unos 46 años hasta la Estrella de Barnard) nos pueden dar una idea de las diferencias tecnológicas entre un posible invasor y nosotros.

Pic: Daedalus vs. Saturn V comparison

Comparativa entre el cohete Saturno V que llevó a los primeros seres humanos a la Luna, y una sonda interestelar Dédalo. Ésta última sería construida en la órbita de la Tierra y tendría una masa inicial de 54,000 toneladas, incluyendo 50,000 toneladas de combustible y 500 toneladas de equipo científico.

(Fuente: daviddarling.info)

Los motivos

En términos generales, todo conflicto en la historia de la humanidad se ha debido a dos razones: recursos o ideología. Considerando que las leyes de la física y biología operan de la misma manera en el resto del universo, es posible extrapolar los motivos de una invasión:

Ya hemos mencionado anteriormente que una invasión por nuestros recursos es la explicación más fácil de entender por un público ávido de diversión Hollywoodense, pero es algo científicamente imposible de ocurrir, debido a que el retorno de inversión es nulo: todos los recursos naturales de nuestro planeta se encuentran disponibles en el espacio, donde son más fáciles de extraer ya que no es necesario lidiar con el molesto campo gravitacional y nativos que se vanaglorian por su capacidad de contaminar con radiación nuclear dichos recursos. Es como si los Estados Unidos movilizaran toda su capacidad bélica para invadir Burundi: un pequeño país africano sin litoral, estratégicamente irrelevante y con pocos recursos naturales, así como uno de los ingresos per cápita más bajos del mundo (USD 910 en 2015)… y los burundeses poseyeran un par de ojivas nucleares. Esto haría de dicha aventura militar algo impráctico.

Las diferencias debido a que una especie extraterrestre no comparta los rasgos característicos de la psicología humana pueden ser otro motivo, que entra de lleno en el campo ideológico. ¿Qué pasaría si una sociedad erróneamente nos considera como seres no pensantes, o incluso se siente amenazada por nuestra propia biología? En el relato corto The Things (Las Cosas) de Peter Watts, el autor describe la película The Thing (1982) desde el punto de vista del extraterrestre. De acuerdo a éste, los humanos somos horribles abominaciones, ya que no cambiamos de forma, como el resto del universo. Nuestras mentes no están distribuidas entre todas las células de nuestros cuerpos, sino encerradas en “espantosas fibras nerviosas dentro de cavidades óseas”… como un cáncer pensante. Qué terrible existencia debemos tener… por lo que este explorador, embajador y misionero decide cambiar nuestra “precaria” situación:

No va a ser fácil. Ellos no lo van a entender. Torturados, incompletos, no son capaces de entender. Al presentarles el conjunto mayor, ven la pérdida del menor. Al ofrecerles comunión, ellos sólo ven la extinción. Debo ser cuidadoso. Debo usar esta nueva capacidad de esconderme. Otras cosas vendrán eventualmente, y no importa si se encuentran con los vivos o los muertos; lo importante es que encuentren con algo parecido a ellos mismos, para llevarlo a casa. Así que voy a mantener las apariencias. Voy a trabajar tras bambalinas. Yo los salvaré desde el interior, o su soledad inimaginable no tendrá fin.

Estas pobres cosas salvajes nunca podrán abrazar la salvación.

Voy a tener que violarlas con ella.

The Things. Peter Watts. (Clarkesworld Magazine, Issue 40, 2010).

Sin embargo, un escenario en el que fanáticos interestelares vengan hasta aquí para “convertirnos” a la fuerza también es poco probable, ya que cualquier sociedad con ideas extremistas tiende a autodestruirse debido a sus propias creencias. El ejemplo más claro lo tenemos en los mayores villanos de nuestra historia reciente: los Nazis del siglo 20. Si bien poseían una increíble capacidad técnica e industrial, la principal falla de su sociedad tuvo que ver con sus prejuicios y xenofobia. Por citar un ejemplo, la politización de la academia alemana dejó fuera a cualquiera que no fuese de “ascendencia aria pura” resultando en la ejecución o exilio de cientos de científicos judíos, como Albert Einstein, quien es considerado como el padre de la física moderna. En contraste, el éxito de sociedades como la estadounidense se ha debido a la diversidad e igualdad de oportunidades: mientras un miembro tenga algo que aportar, será bienvenido y podrá sobresalir sin importar cuál es su origen, sexo o religión.

Esto nos lleva al único motivo por el que podrían tomarse tantas molestias, ya que es algo imposible de encontrar en cualquier otro lugar del universo: nosotros y los demás seres vivos de este planeta. No como comida, pues antes de “servir al hombre“, es necesario tomar en cuenta que la mayor parte de la materia orgánica de nuestro planeta es de hecho venenosa o no nutritiva para el ser humano, y eso que nosotros hemos evolucionado aquí. Tampoco podríamos ser esclavos de una civilización con un alto nivel tecnológico, pues sería más eficiente construir robots que duran más, no necesitan alimentos y por supuesto, no tienden a sublevarse a la primera oportunidad. Los extraterrestres tampoco buscarían aparearse con nosotros, ya que si bien deben tener algún equivalente al ADN terrestre, es poco probable que compartan la misma estructura genética encontrada aquí. Pero si éste fuera el caso, la posibilidad de crear un híbrido entre especies que evolucionaron de manera independiente es muy pequeña. Por citar un ejemplo, un ser humano moderno (Homo sapiens) no puede aparearse con un Homo habilis, incluso siendo uno el ancestro del otro.

Claro que, la diversidad genética encontrada en este mundo puede ser muy útil para cualquier especie extraterrestre que posea tecnología orgánica – especialmente si contamos con una característica que al parecer, es rara en el universo: la inteligencia. Así, identificar y tomar los mejores rasgos de los terrícolas puede ser suficiente motivo para cruzar media galaxia.

Pic: Prone ~ Patricia Piccinini

Un bebé, híbrido de humano… y algo más. Para tranquilidad de todos, una escultura hiperrealista de la artista Patricia Piccinini.

(Fuente: patriciapiccinini.net)

El filme Skyline (2010) quedó bastante a deber durante su ejecución, pero representa un ejemplo brutalmente honesto de los motivos y resultado de este escenario: una raza alienígena súper avanzada de seres biomecánicos invade la Tierra, y nosotros somos el motivo de la invasión. ¿Cómo logra la humanidad repeler a estos poderosos enemigos? No lo hace; nunca tuvimos una oportunidad.

Escenarios de invasión

Los dos escenarios de invasión científicamente plausibles dependen del tipo de civilización que nos estaría conquistando: ya sea que ellos sean entes biológicos o máquinas pensantes. En el caso de los seres orgánicos, es más probable que quieran preservar al planeta debido a su riqueza biológica; no así para los seres sintéticos, pues nuestro sistema solar sería el equivalente a un pequeño hormiguero en medio del sitio en el que van a construir una autopista.

De acuerdo a los cálculos optimistas de la Ecuación de Drake, la civilización tecnológica más cercana a nosotros se encuentra a unos 50-70 años luz de distancia. Transportar a lo largo de esas distancias a todo el personal, armas y equipo necesarios para subyugar a los cerca de 7,125 millones de habitantes terrestres sería una tarea abrumadora. Por ello, la solución sería decepcionantemente simple: en el caso de civilizaciones orgánicas, tan sólo basta una nave autónoma que pueda detectar, catalogar y sintetizar el genoma humano. En base a esta información, la nave podría generar un virus a la medida, liberando esporas con éste en la atmósfera terrestre e infectando a toda la raza humana en unos cuantos meses. No para aniquilarnos, sino para… hacernos cambiar:

Pic: Gene Therapy ~ Wikipedia

Cómo funciona la terapia genética de línea germinal: consiste en administrar al paciente un gen a través de un vehículo (por ejemplo un virus), el cual debe localizar las células a infectar. Dicho injerto se realiza sobre las células germinales del paciente (óvulos y espermatozoides en el caso del ser humano), por lo que los cambios generados serán hereditarios.

(Fuente: English Wikipedia)

A sabiendas de que una especie debe reproducirse o enfrentar su propia extinción, una sociedad extraterrestre puede conquistar la galaxia sin necesidad de trasladarse físicamente, al insertar el equivalente de su código genético a otras especies pensantes. Esto no es demasiado descabellado, ya que nuestros propios genes son un collage que incluye hasta 8% derivado de la absorción de código genético foráneo. Por otro lado, este tipo de conquista no requiere un sólo disparo: en un par de generaciones, una fracción importante de la población huésped se convertirá en aquello que los extraterrestres deseen. Y si ellos ya dominan los secretos de la genética, puede que incluso inyecten ciertos instintos y recuerdos en los híbridos. Esto hace de películas como Species (1995) y John Carpenter’s Village of the Damned (1995) una posibilidad real. La invasión no tendría que ver con motivos políticos, económicos o religiosos, sino biológicos: la preservación, renovación y cooperación genética pueden ser fuertes motivadores. Después de todo, en la Tierra existen dos especies modernas que ya han hecho esto en algún punto de su historia evolutiva: las hormigas argentinas invasoras (Wasmannia auropunctata) y el Homo sapiens, cuyo código genético incluye hasta un 4% proveniente del Homo neanderthalensis.

En caso de ser “colonizados” por máquinas pensantes, el escenario sería aterrador: una pequeña nave autónoma, microscópica e indetectable – un nanobot – llegaría a nuestra atmósfera; ésta tendría la capacidad de autorreplicarse con los materiales existentes en la superficie terrestre. Supongamos que estos nanobots están diseñados para consumir exclusivamente todos los materiales basados en el carbono, lo que es una suposición lógica, ya que los materiales salidos de éste elemento son espectacularmente versátiles. Desgraciadamente, toda la vida sobre nuestro planeta está basada en el carbono: la biomasa terrestre contiene alrededor de 1045 átomos de carbono; si un nanobot consiste de alrededor de 10 millones de átomos de carbono, 1039 de éstos podrían consumir toda la vida sobre la Tierra, en alrededor de 130 replicaciones, después de que océanos o nubes de ellos (también conocidos como “plaga gris” o grey goo) cubran todo el planeta. Los científicos creen que un nanobot puede replicarse en alrededor de 100 segundos, por lo que la vida en la Tierra se extinguiría en 3.5 horas.

Pic: The Darkest Hour Concept Art ~ Imery Watson and Stas Lebedev

El último instante en la vida de una víctima de la nanotecnología.

(Fuente: filmsketchr.blogspot.com)

Pero… ¿por qué seguimos aquí?

De acuerdo la Paradoja de Fermi, si hubiera numerosas civilizaciones avanzadas en nuestra galaxia, entonces ¿Dónde están? Si se requirieran 1,000 años para construir una nave de colonización que se moviera al 1% de la velocidad de la luz, tan sólo se necesitan 3 millones de años para colonizar toda la galaxia – realmente muy poco a escalas geológicas. Por otro lado, hace poco se realizó el escaneo de casi 100,000 galaxias en busca de civilizaciones de tipo III en la escala de Kardashev (aquellas que abarcan galaxias enteras) sin encontrar ningún positivo obvio. Sólo 50 de esas 100,000 son posibles candidatas, lo que haría de la inteligencia algo mucho más escaso en el universo… a menos que no lo sea:

Dentro de algunos decenios (2040 – 2060) la humanidad tendrá la capacidad de crear una inteligencia artificial fuerte, equivalente a la de un cerebro humano. Ya que la investigación en este campo se ha centrado en la “mejora recursiva“, en un tiempo realmente corto alcanzaremos el ascenso a la trascendencia:

Es difícil pensar en cualquier problema que una superinteligencia no pueda resolver, o al menos ayude a resolver. La enfermedad, la pobreza, la destrucción del medio ambiente, el sufrimiento innecesario de todo tipo: son cosas que una superinteligencia equipada con nanotecnología avanzada sería capaz de eliminar. Además, una superinteligencia podría darnos una vida indefinida, ya sea por detener y revertir el proceso de envejecimiento a través del uso de la nanomedicina, o al ofrecernos la opción de subir nuestra mente a una consciencia digital. Una superinteligencia también podría crear las oportunidades para que aumentemos enormemente nuestras propias capacidades intelectuales y emocionales, y nos podría ayudar a crear un atractivo mundo experiencial en el que podríamos vivir vidas dedicadas al alegre juego y las relaciones interpersonales; experimentando, alcanzando crecimiento personal y viviendo más cerca de nuestros propios ideales.

Bostrom, Nick. (2015). “Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies”. London. Oxford University Press.

Esto, asumiendo que creamos una inteligencia artificial afín a los intereses humanos; de lo contrario, nuestra existencia terminará debido a un apocalipsis nanotecnológico como el descrito más arriba. Por lo tanto, si consideramos que somos la civilización más joven en la galaxia y estamos a relativamente poco tiempo de lograr este hito, podemos asumir que todos las demás ya han hecho este enorme salto en su evolución, terminando así: desmenuzados para formar parte de una sopa uniforme de nanobots, o transformados en una sociedad que ha trascendido los límites impuestos por la biología, el mundo físico, o hasta el espacio-tiempo.

Lo más seguro, es que futuras generaciones nos verán con una mezcla de pena y desdén, pensando: “Pobres bárbaros. No tenían ni idea de lo que realmente estaba pasando.”

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Lecciones de vida de un astronauta

05/08/2015

Wizbook [Icon By Buuf]  Libros.

Yo no estaba destinado a ser un astronauta. Tuve que convertirme en uno.

Chris Hadfield (n. 1959), astronauta canadiense, primero de su país en viajar al espacio.

Para aquellos que no sepan quién es, Chris Hadfield es el primer ciudadano canadiense en el espacio exterior, después de haber completado un par de viajes en el ya retirado transbordador espacial, así como una estancia de alrededor de cinco meses en la estación espacial internacional. Él es mejor conocido por su extraordinariamente memorable interpretación de Space Oddity, del cantante británico David Bowie. Personalmente, recuerdo mucho más los videos en los que Hadfield describe los detalles de la vida en el espacio – que sin duda es brutal.

Pues bien, después de haber reunido casi 4,000 horas en órbita alrededor de la Tierra, Hadfield decidió escribir un libro basado en las experiencias que lo llevaron al éxito, titulado La guía de un astronauta a la vida en la Tierra (An Astronaut’s Guide to Life on Earth). A diferencia de otras obras autobiográficas, ésta nos da algunas ideas al respecto de cómo tomar la vida por los cuernos; es una especie de guía motivacional que puede ayudarnos en el día a día desde el punto de vista del que así se desee: trabajo, estudio, paternidad o actitud ante la vida. Lo mejor de todo es que este libro no ha sido escrito por una “celebridad” que heredó una gran fortuna o que haya triunfado gracias a un talento nato; éste es el trabajo de un ser humano que, habiendo nacido en el medio rural canadiense, logró a través de disciplina, esfuerzo, dedicación y una visión extraordinaria, alcanzar las estrellas.

Algunas lecciones de vida y trabajo

La parte autobiográfica me recuerda mucho a un libro que por ahí heredé de mis padres y que leí en mi infancia, titulado Sombras en las estrellas (1968), del escritor italiano Peter Kolosimo. Aunque aquél libro estaba más enfocado a los “misterios de la era espacial” – incluyendo referencias a astronautas prehistóricos, OVNIs, el viaje en el tiempo o mundos paralelos – gran parte de su contenido se basó en los hechos reales que ocurrieron durante los albores de la astronáutica (1942-1965), y lo que los primeros astronautas tuvieron que enfrentar para conquistar “la última frontera”. Así Hadfield nos da un buen recuento de lo que se necesita para ser un astronauta: me imaginaba que tenían que entrenar duro para ser considerados “el material adecuado“, pero es impresionante cuán difícil y por cuanto tiempo tienen que soportar este acondicionamiento físico y mental. Por otro lado, Hadfield presenta algunas reflexiones a lo largo y ancho del libro, que son perfectamente aplicables a cualquier persona, porque sí, éste trata acerca de la vida de un astronauta, pero el enfoque es sobre la vida en general. Estos son algunos de los consejos más importantes que me he encontrado:

• Tener una actitud. De acuerdo a la mecánica orbital, nuestra “posición” o “actitud” es la orientación con respecto a dos puntos; por ejemplo, nuestra nave espacial con relación con la Tierra y un satélite. La pérdida de posición es una propuesta peligrosa, pues podemos terminar a la deriva, perdidos y solos en el espacio exterior. Hadfield comenta que debemos pensar en una trayectoria de vida como el control de esta posición: es algo que necesitamos para mantenernos en el camino correcto para alcanzar nuestras metas. No siempre depende de nosotros llegar hasta ahí, pero podemos hacer todo lo que está en nuestro poder para que así suceda. En la vida, la pérdida de nuestra actitud – es decir, perder nuestro verdadero objetivo – es mucho peor que nunca llegar a nuestro destino.

• Apuntar al cero. Según Hadfield, “En cualquier situación nueva, ya sea un elevador o un cohete, es casi seguro que serás visto en una de tres maneras. Como un menos uno: activamente perjudicial, alguien que crea problemas. O como un cero: tu impacto es neutral y no inclinas la balanza en un sentido u otro. O serás visto como un más uno: alguien que activamente suma valor.” Sin embargo, si todo el tiempo estamos tratamos de ser un más uno y por casualidad nos enfrentamos a una situación en la que constantemente queremos de demostrar que somos el mero mero, con frecuencia nos convertiremos en el menos uno. Una mentalidad de “yo lo puedo todo” puede y va a fastidiar al resto del equipo o perjudicar a aquellos que dependen de nosotros. Por ello, la mejor solución es apuntar al cero: Seamos humildes, escuchemos otras propuestas, observemos el entorno. No seamos “gerentes obsesivos”: si sabemos lo que estamos haciendo, no tenemos que demostrarle a la gente que somos un más uno. Ellos ya lo saben.

• Aprovechar el pensamiento negativo. Como hemos reflexionado previamente, el optimismo desmedido puede ser mortal. Por ello, esperar lo mejor pero prepararnos para lo peor puede incluso mejorar nuestra confianza en nosotros mismos. ¿Cómo? Si siempre preparamos una contingencia ante cualquier eventualidad, nunca podrán agarrarnos como al Tigre de Santa Julia. La fórmula que recomienda Hadfield es siempre preguntarse: “¿Ahora qué me podría matar?” y aunque suene cansado vivir con paranoia todo el tiempo, al pensar qué podría salir mal, es posible adelantarse a cualquier problema antes de que éste se presente. Y así podremos “dejar que fluyan las cosas”, a sabiendas de que hemos hecho todo lo humanamente posible para enfrentar un imprevisto.

• Ser detallista. “Un astronauta que no se preocupa por los detalles es un astronauta muerto”, dice Hadfield: evitar desastres no se trata de tomar decisiones de vida o muerte de una sola vez; consiste en aprender y entender todos los detalles que pueden convertirse en un problema más grande. Un ejemplo para un astronauta es conocer las “negritas” – esas instrucciones probadas y vueltas a probar que componen el manual de reglas de vuelo de la NASA. Poner atención en los detalles – como pequeños síntomas de salud o los primeros signos de un problema con el auto – nos hacen progresivamente más seguros.

• Cuando la situación es crítica, la preparación lo es todo. No podemos esperar tener control de todo lo que sucede a nuestro alrededor. De hecho, el control es una falacia que ha quedado demostrada a lo largo de la cultura popular: un ejemplo muy claro lo vemos en la novela Parque Jurásico, de Michael Crichton, y que generó toda una franquicia de novelas, películas y hasta comics y videojuegos. Sin embargo, lo que sí podemos controlar, es a nosotros mismos – la clave es planear para alcanzar el éxito, pues de acuerdo a Hadfield, en casi cualquier situación hemos llegado al éxito o al fracaso incluso antes de empezar, dependiendo de nuestro nivel de preparación:

Esa es mi manera de abordar casi todo. Me paso la vida preparándome para jugar al “hombre cohete”. Visualizo el reto más demandante; visualizo lo que tendría que saber para hacerle frente; entonces practico hasta que llego a un nivel de competencia en la que me siento cómodo y siento que voy a ser capaz de realizar. Es lo que siempre he hecho, desde que decidí que quería convertirme en un astronauta en 1969 [a los 9 años de edad] y que un enfoque consciente y metódico a la preparación es la principal razón por la que llegué a Houston. Nunca dejé de prepararme.

Hadfield, Chris. (2015). “An Astronaut’s Guide to Life on Earth”. New York: Back Bay Books.

• Un buen liderazgo significa dirigir el camino, no intimidar a otras personas para que hagan las cosas a nuestra manera. Algunas personas son exitosas intimidando a la gente para que se ajuste a sus planes. Pero dirigir a través de la coerción significa que estamos construyendo nuestras habilidades de liderazgo sobre bases muy débiles. La mejor manera es demostrar el mejor camino, mediante un enfoque consensuado – el clásico “todos somos parte del mismo barco: ¿estás seguro que deberíamos tomar ese camino?” Así la gente nos seguirá porque quieren hacerlo, no porque deben hacerlo.

• Pon el pensamiento de grupo como la esencia del trabajo en equipo. La respuesta de cualquier integrante a “¿Qué puedo hacer para ayudar al equipo a llegar a su destino?” es muy simple: el equipo va primero. Generando un ambiente cordial basado en empatía y sentido del humor, es muy posible que todos vayan en la misma dirección, jalando parejo. Este punto se complementa con el párrafo anterior, ya que el líder puede ayudar a que se den las cosas al convertirse en uno más del equipo; alguien que primero pregunta “¿Ustedes qué creen que debamos hacer?” y luego permita que el equipo mismo resuelva los problemas que se le pongan enfrente. En palabras del propio Hadfield: “En última instancia, el liderazgo no se trata de actos de coronación gloriosa. Se trata de mantener a tu equipo enfocado en una meta y motivado para hacer todo lo posible para lograrlo, sobre todo cuando hay mucho en juego y las consecuencias realmente importan. Se trata de sentar las bases para el éxito de los demás, y luego retroceder y dejarlos brillar.”

Conclusiones

Mitad biografía, mitad libro de soft-skills, Mr. Hadfield nos adentra en el mundo de la exploración espacial, donde el trabajo en equipo y la preparación ayudan a lidiar con un estresante ambiente en el que una pequeña falla, por mínima que sea, puede resultar en víctimas humanas y millones de dólares tirados a la basura. Claramente, este es un relato de cómo uno de nosotros – geeks y nerds por igual – subió por la “cadena alimenticia” hasta sentarse literalmente en una nave espacial: debemos recordar que Hadfield no tiene una formación militar rigurosa, a diferencia de muchos de los astronautas de la era Mercurio, Géminis o Apolo. Personalmente, me gusta cómo este libro transmite dos mensajes: primero, que cuando queremos alcanzar nuestras metas, básicamente hay que recurrir a mucha preparación y trabajo duro. Segundo, que incluso un trabajo fantástico como ser astronauta no es tan diferente de lo que experimentamos día a día en nuestros empleos de “simples mortales”: hay buenos y malos jefes, compañeros de trabajo egomaníacos, papeleo difícil y tediosos procesos. En fin, un ejemplar muy recomendable, especialmente para aquellos que estudian o trabajan en el campo de las ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas. Sin embargo, cualquiera puede leer este libro, ya que es muy accesible para aquellos que no sean técnicos.

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¿Cómo sería el cielo si reemplazamos el Sol por otras estrellas? ¿Y la Luna por otros planetas?

03/06/2015

Space [Icon By Buuf]  Astronomía y exploración del espacio.

¡Esa es la exploración que te está esperando! No mapear estrellas y estudiar nebulosas, sino conocer las posibilidades desconocidas de la existencia.

Leonard Nimoy (1931 – 2015), actor, director, poeta y fotógrafo norteamericano.

Mr. Nimoy se nos ha ido. Uno de los grandes de nuestro tiempo, mejor conocido por su papel como el Sr. Spock en la serie de televisión y películas de Star Trek. Sin lugar a dudas, tanto la serie como el personaje han formado parte de la cultura popular moderna, pues gracias a que los actores añadieron sus propias experiencias durante la producción, han conquistado a varias generaciones de geeks. Con decir que todos aquellos nacidos después de 1960, sabemos quienes son Kirk, Spock, Uhura, Sulu, Bones, Chekov o Scotty. Mr. Nimoy: larga vida y prosperidad.

Pues bien, cambiando un poco de tema, en el sitio astronómico Universe Today se publicaron hace poco más de un mes un par de videos generados por la agencia espacial Rusa (Roskosmos). En uno de éstos, se muestra cómo se vería nuestro cielo si en vez de girar alrededor del Sol, la Tierra orbitara otras estrellas, como Alfa Centauri, Sirio, Arturo, Vega, y la Estrella Polar:


Cómo se vería nuestro cielo si la Tierra orbitara otras estrellas. (Fuente: TV Roskosmos @ YouTube)


Fantástico en verdad, aunque de orbitar estas estrellas, es muy probable que nuestro planeta no existiera en absoluto, no sería propicio para la vida, o ésta habría tomado un camino muy diferente al que ocurrió aqui debido a nuestra común y corriente, pero extraordinariamente benefactora enana amarilla.

Por otro lado, ¿y si en vez de tener a la Luna como satélite natural, otro planeta tomara su lugar? Esto no es algo tan descabellado, pues como hemos visto anteriormente, todos los planetas de nuestro sistema solar caben perfectamente en el espacio existente entre la Tierra y la Luna. De nueva cuenta, Roskosmos nos muestra un video para que no tengamos que imaginárnoslo:


Cómo se vería nuestro cielo si en vez de la Luna, otros planetas orbitaran la Tierra. (Fuente: TV Roskosmos @ YouTube)

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El espacio es grande, muy muy grande

10/31/2014

Space [Icon By Buuf]  Astronomía y exploración del espacio.

El espacio es grande. No creerías lo vasto, enorme, alucinantemente extenso que es. Es decir, puedes creer que el camino a la farmacia es un largo trecho, pero eso son sólo motas de polvo para el espacio.

Douglas Adams (1952 – 2001), humorista y escritor de ciencia ficción Británico.

Ciertamente, el espacio entre los cuerpos celestes es enorme. Y eso, aparte de nuestra biología, es uno de los principales obstáculos que nos impide lanzarnos al infinito y más allá. Son tales las distancias, que la mayoría de las personas – me incluyo – no comprendemos del todo su significado. ¿Y cómo podríamos? desde nuestro punto de vista, el Sol podría estar a la misma distancia que la Luna; Marte esta ¿diez o veinte veces más alejado? (intenta 585 veces en promedio) y Próxima Centauri, la estrella más cercana a nosotros, está a tan sólo cuatro años luz de distancia (sin embargo, manejando en auto, llegaríamos en alrededor de… 70 millones de años). Si bien estas analogías numéricas pueden ayudarnos un poco a comprender la vastedad del espacio, la realidad es que la mejor forma de darnos cuenta de lo infinitamente grande que es, es viéndolo de manera gráfica. Así que, ¿qué tanto es tantito?

En Reddit, el usuario CapnTrip publicó la siguiente imagen, en la que podemos notar que en tan sólo la distancia entre la Tierra y la Luna (~380,000 kilómetros), podríamos acomodar al resto de los planetas de nuestro sistema solar… y hasta tendríamos espacio de sobra:

Pic: Did you know: you can fit all of the planets in our Solar System in between the Earth and the Moon? ~ CapnTrip @ Reddit

La distancia promedio entre la Tierra y la Luna es de 384,400 Km. En este espacio, podrían caber todos los planetas del sistema solar. Aunque no se incluye Plutón porque ya no se le considera un planeta, éste también puede caber ahí. (Fuente: CapnTrip @ Reddit.com)

Esto nos dará una mejor idea de la enorme distancia entre la Tierra y nuestro satélite natural, y cómo los alunizajes efectuados sobre ella en la década de los sesenta y setenta fueron toda una proeza tecnológica.

Si queremos ver una representación fiel de las distancias entre los planetas, recomiendo mucho ver el mapa creado por Josh Worth, en el que construyó con HTML un modelo llamado Si la Luna fuera un solo pixel (If the Moon were only 1 pixel) en el que cada pixel del monitor representa alrededor de 3,500 kilómetros. De hecho, si usamos la barra de desplazamiento para movernos entre la Tierra y Marte, veremos por qué con todo y los recursos con los que cuentan actualmente los Estados Unidos, una misión tripulada al planeta rojo es todavía un sueño. Y ni qué decir si buscamos ir más allá de la órbita de Júpiter: el “viaje” se vuelve tedioso. Sin embargo, cada ciertos millones de kilómetros, nos toparemos con interesantes notas del propio autor. Por ejemplo, entre las órbitas de la Tierra y Marte encontraremos el siguiente comentario: Serían necesarios aproximadamente siete meses para viajar esta distancia en una astronave. Mejor que el entretenimiento a bordo sea bueno. En caso de que te lo estés preguntando, necesitarías aproximadamente 2,000 películas para ocupar las horas de vigilia.

Pic: If the Moon were only 1 pixel: an accurate map of the Solar System

Mapa con las distancias entre los planetas del sistema solar. En dicho mapa, la Luna (~3,500 Km) está representada por un sólo pixel. Las escalas de los planetas y sus órbitas son correctas. (Fuente: joshworth.com)

Si tomamos el hecho de que al desplazarnos estamos “viajando” más rápido que la velocidad de la luz, nos daremos cuenta de lo inmensa que es la solitaria vacuidad del espacio. Al final del mapa, un poco más allá de la órbita de Plutón, el mismo Worth advierte: Deberíamos parar ahora. Necesitaríamos navegar por 6,771 mapas más como este antes de que viéramos algo más. Increíble en verdad.

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Sobre Gravedad (2013)

03/07/2014

Leisure [Icon By Buuf]  Entretenimiento.

Gravity de Alfonso Cuarón es un inquietante thriller de ciencia ficción, magistralmente dirigido y visualmente impresionante. (Calificación: 97%)

Gravity Review, Rotten Tomatoes (Sitio dedicado a reseñas de películas).

El domingo pasado se llevaron a cabo los “Premios de la Academia a las Artes y Ciencias Cinematográficas”, también conocidos como Premios Óscar. Para esta edición, la película Gravity (2013) arrasó con 7 de las 10 categorías para las que estaba nominada, incluyendo efectos especiales, banda sonora, cinematografía y dirección. Me parece interesante que este filme haya alcanzado tal reconocimiento por dos razones; primero, porque el director (Alfonso Cuarón) así como el director de cinematografía (Emmanuel Lubezki) son Mexicanos. Segundo, porque es la primera vez que una película de este género sale del así denominado ghetto de la ciencia ficción, en el que sin importar cuán trascendente sea el tema tratado por la obra, ésta siempre lleva el estigma de ser “fantasía para jóvenes adultos” y en el caso de los Oscares, usualmente sólo es considerada en la categoría de efectos visuales. Con decir que el venerado 2001: Odisea del espacio (1968) o el aclamado Matrix (1999) nunca alcanzaron más de una estatuilla en precisamente esta clasificación, este prejuicio nos queda muy claro. Pues bien, si siete Oscares no son suficientes, el hecho de que el mismísimo James “Avatar” Cameron diga que “Gravity es la mejor película del espacio que jamás se haya hecho”, dice mucho acerca de lo buena que es.

Si bien el filme ignora algunas leyes de la física por el bien del argumento, la mayoría de los nerds y detractores de Gravity tienden a perder la perspectiva: éste no es un documental sobre un peor escenario en el espacio o cuán despiadada es la Ley de Murphy: este relato trata acerca de cómo debido a una dolorosa tragedia personal, una mujer prácticamente ha perdido la voluntad de vivir. Después de “90 minutos del universo tratando de matar a Sandra Bullock”, ella finalmente decide dejar de aferrarse a las cosas, triunfando ante la adversidad y renaciendo en el proceso. Con esto en mente, es mucho más fácil entender el significado detrás de todo ese eye-candy y la película será mucho más agradable de ver.

¡Alerta de Spoiler!

A partir de este punto pueden presentarse elementos que constituyen un adelanto de lo que acontecerá en la historia. Para aquellos que no hayan visto la película, pueden saltarse este párrafo.

En la película, el observatorio espacial Hubble, la Estación Espacial Internacional (EEI) y el Tiangong se encuentran a tiro de piedra unos de otros, a pesar de que en la vida real, éstos se encuentran en órbitas muy diferentes. El Tiangong está a tan sólo “100 kilómetros de distancia”, una cifra que evidentemente, se mantiene constante a lo largo de la película. Si el filme hubiese seguido las distancias y órbitas reales, Stone nunca habría sobrevivido.

Pic: ISS, Hubble & Tiangong orbits



Debido a las diferencias en inclinación y altitud entre el Hubble, la EEI y el Tiangong, se requiere una enorme cantidad de maniobras y consumo de propelente. Por ello, sin la ayuda de un transbordador espacial, el viaje es prácticamente imposible. (Fuente: sattrackcam@blogspot.com)

Cuarón comentó en una entrevista que un primer borrador del guion buscaba ser fiel al hecho de que el transbordador, la EEI y el Tiangong se encontraban en diferentes órbitas. Al seguir una “ciencia dura” sin embargo, la mitad de la película acababa siendo un tratado en astrodinámica, por lo que Cuarón tomó la decisión de ponerlos a todos en la misma órbita, por simplicidad y énfasis en el aspecto humano.

Por otro lado, las aventuras de la Dra. Stone nos muestran por qué ser astronauta es uno de los trabajos más difíciles de conseguir en la Tierra (o fuera de ella): al ocurrir una emergencia en el espacio, todo se trata acerca de resolución de problemas. De acuerdo a la historia, Stone es una ingeniera médica sin la preparación o experiencia necesarias para sobrevivir sola ante un evento de la magnitud mostrada en el filme. Sin embargo, Gravity nos enseña algo que muy pocas películas emplean como argumento: así como en la vida real, NO hay un villano tangible al que debamos golpear en la cara para salir victoriosos. Por el contrario, la vida se trata de enfrentar obstáculos contra los que debemos usar todo nuestro ingenio para superarlos y vivir para contarlo.

En resumen: Gravity confirma que la ciencia ficción no es sólo “para chicos”, llevándonos a través de un buen argumento, increíbles efectos especiales y una banda sonora excepcional, a donde ningún hombre ha ido antes. Mostrando cuán vasto y alucinante es el espacio, mientras que al mismo tiempo, es el ambiente más hostil para la vida, este filme quedará a la par de producciones de sci-fi “para un público pensante” tales como 2001, Inception (2010) o A Clockwork Orange (1971): Altamente recomendable.