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E.T. nos dio la Wi-Fi: ¿Es posible adoptar tecnología extraterrestre?

06/24/2016

Space [Icon By Buuf]
 SETI.

Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Arthur C. Clarke (1907 – 2008). Escritor británico de divulgación científica y ciencia ficción.

Justo el día de hoy, la secuela del aclamado filme de ciencia ficción, Independence Day (1996), se estrenó en Hispanoamérica. Titulada como Independence Day: Resurgence, esta nueva entrega nos cuenta lo que ocurre 20 años después de la fallida invasión extraterrestre mostrada en la primera película. El argumento se centra en qué ocurre cuando los alienígenas remanentes en la Tierra logran enviar una señal de auxilio al resto de su flota, esparcida por el resto de la galaxia. Así como las demás producciones de su tipo, seremos testigos de un ejemplo clásico del Blockbuster Hollywoodense, que usualmente cuenta con una relativa simplicidad de guión, uno o dos personajes memorables y unos extraordinarios efectos visuales.

Sin embargo, un punto peculiar del filme consiste en que los humanos han logrado recuperar, estudiar y aplicar tecnología extraterrestre. ¿Es esto realmente posible? Porque si bien infinidad de series y películas de ciencia ficción muestran cómo la humanidad logra prevalecer o congeniar con otras civilizaciones debido a que las diferencias tecnológicas se reducen a “ametralladoras frente a láseres”, la realidad es que muy pocas historias explican cómo nuestros valientes científicos e ingenieros estudian estos “campos de fuerza”, para posteriormente copiarlos y colocarles el sello de “Hecho en la Tierra”.

Cualquier tecnología extraterrestre a nuestro alcance no puede ser el resultado de una invasión, ya que de manera realista, si un imperio galáctico quiere deshacerse de los terrícolas, éste no requiere de contacto alguno con nosotros. Con algo tan burdo como un asteroide de hierro de unos 10 Km de diámetro, viajando al 90% de la velocidad de la luz, es posible desintegrar el planeta – y con sólo una milésima parte de esa velocidad, es posible eliminar a casi toda la vida en la Tierra. Por lo tanto, para tener algo recuperable y vivir para contarlo, cualquiera de los siguientes escenarios debería ocurrir:

• Un accidente en cualquiera de los planetas o lunas de nuestro sistema solar, que por lo menos permita la recuperación parcial de los restos. Por ejemplo, un choque a menos del 0.01% de la velocidad de la luz, o unos 30 Km/s. Dichas velocidades son ciertamente catastróficas para los tripulantes y el planeta huésped (equivalentes a una explosión nuclear de miles o millones de megatones, como el que extinguió a los dinosaurios hace 65 millones de años), pero debido a los requerimientos técnicos necesarios para el viaje interestelar, es posible que quede algo qué rescatar.

• Descubrimiento de instalaciones o artefactos alienígenas abandonados en nuestro sistema solar. De acuerdo a la Paradoja de Fermi, de existir vida extraterrestre, la Tierra sería visitada una vez cada 2 millones de años, por lo que es probable que hayan dejado algo atrás, pero es muy difícil de detectar: debido a las fuerzas erosivas y geológicas de nuestro mundo, tales dispositivos deberían haber sido destruidos desde hace mucho tiempo – no así para los lugares con atmósfera inexistente y órbitas estables, como algunos asteroides, lunas y planetoides del sistema solar.

Pic: 300 Million-year UFO Gear! (Not really)


Un artefacto metálico que parece ser parte de un engrane, encontrado en un depósito de carbón de 300 millones de años de antigüedad en la región de Jakasia, Rusia Meridional. Manteniendo una postura de escepticismo, esto también puede ser un cristal de ferrita, un fósil de crinoideo o una parte del equipo de minería que pudo haberse roto durante la extracción del carbón. (Fuentes: The Huffington Post y Doubtful News)

¿Es posible descifrar su operación y funcionamiento?

Lamentablemente, a diferencia de un mensaje desde las estrellas, cualquier maquinaria extraterrestre encontrada de esta manera estaría incompleta o en un terrible estado de deterioro: recordemos que para copiar un mecanismo, es necesario verlo en funcionamiento; de lo contrario sólo podremos hacer conjeturas acerca de su operación. Un ejemplo de esto es el Mecanismo de Anticitera, recuperado del fondo del Mar Mediterráneo en 1900.

Por mucho tiempo, dicho mecanismo fue considerado como la prueba absoluta de visitantes extraterrestres, pues se creía que era tecnológicamente demasiado complejo como para haber sido construido por seres humanos. Cabe mencionar que su fecha de ensamblado se estimó en base a los sedimentos formados alrededor del mecanismo, así como otras piezas de arqueología encontradas en el mismo lugar de su descubrimiento: entre el 150 y el 100 antes de nuestra era. No fue sino hasta finales del 2006 que se encontró su verdadera función: ésta es una computadora análoga usada para predecir posiciones astronómicas y eclipses con fines calendáricos y astrológicos. Es decir, se requirieron más de 100 años para descubrir que un mecanismo incompleto de engranes de cobre fue construido por humanos para algo tan pedestre como saber cuándo se jugarían los Juegos Olímpicos.

Por otro lado, es necesario considerar que cuando se trata de tecnología avanzada, es muy probable que el gobierno o fabricante original haya incluido algunas salvaguardas para evitar que su tecnología sea replicada. Esto hace mayor sentido con desarrollos gubernamentales – como una sonda interestelar probablemente lo sería – ya que viéndolo desde el punto de vista de un terrícola, muchos grupos a lo largo de nuestra historia han tratado de robarse o copiar la tecnología de los demás, desde que un homínido se dio cuenta que un hueso podría ser una eficiente herramienta de cacería, o una poderosa arma para tomar el abrevadero de la tribu vecina.

El problema del costo

Hay una relación inversa entre la existencia y adopción de una tecnología determinada y su coste unitario; mientras más instancias de ella se implementan, más se aprende cómo producirla de manera barata y eficiente, lo que significa que su costo al público puede ser reducido sin disminuir el margen de ganancia. Así, tecnologías recientemente desarrolladas que no han tenido el tiempo suficiente para dejar que esta relación tenga efecto, tienden a ser muy costosas de adquirir y difíciles de mantener. Un ejemplo de esto son los automóviles eléctricos: en 2003, el Tony Stark/Iron Man de la vida real, Elon Musk, fundó Tesla Motors con el objetivo de revolucionar la industria automovilística; a sabiendas de que esta tecnología era demasiado costosa, su estrategia se centró en primero ingresar al mercado con un modelo caro, apto sólo para clientes VIP: en 2008 inició la producción del Tesla Roadster, por un precio de US$109,000. Conforme los volúmenes de venta han aumentado, los modelos han evolucionado de la misma manera: hoy por hoy, existe el Modelo 3, revelado al público en 2016 con un costo de US$35,000. Se espera que en dos o tres años más, se terminará el desarrollo del modelo Gen 4, con un precio asequible para la mayoría de la población.

Así, la adquisición de tecnología avanzada requeriría no sólo de entenderla y replicarla, sino que también implicaría la creación de nuevas industrias, procesos y modelos de negocio para que pueda ser adoptada por todos. Esto conllevaría considerable tiempo y una enorme inversión, por lo que lamentablemente, a veces tarda mucho o no termina de suceder debido al statu quo: no fue sino hasta que Tesla demostró un éxito sostenido, que otras compañías automotrices se han unido de mala gana a esta corriente.

Por supuesto, cualquier argumento en contra de los costes de producción pierde su validez en cuanto a la tecnología militar se refiere. Sólo tenemos que superar algunas “pequeñas” limitaciones técnicas, para las que todavía no hemos descifrado completamente la solución…

El problema del software

Para los que tienen un mínimo conocimiento en TI: ¿alguna vez vieron precisamente, Independence Day? ¿Cuál es la escena más atroz que llegaron a ver en dicha película?

Pic: A PowerBook communicating with an alien computer


Precisamente. (Fuente: Reddit)

La mera idea de que una Mac, ensamblada hace 20 años, sea compatible con el sistema operativo de una nave extraterrestre de más de 500 kilómetros de diámetro, miles de años más avanzada de lo que la humanidad jamás ha creado, y lo suficientemente sofisticada como para darle soporte vital a toda una civilización extraterrestre, es considerado por cualquier ingeniero de software como una de las peores representaciones de la informática en la historia del cine. Si tomamos en cuenta que la última laptop ofertada por Apple tiene mil veces la cantidad de memoria RAM de la laptop mostrada en la película, sería realmente chusco ver a alguien intentar conectarlas; incluso más si consideramos que ambas son del mismo fabricante.

Ahora bien, una de las realidades de la vida moderna es que el futuro casi no consistirá de materiales nuevos, sino que estará basado en cómo combinar materiales ya conocidos y hacerlos funcionar. Un celular está compuesto de plástico y algunos metales (oro, cobre, plata y litio); pero lo que realmente lo hace útil es el complejo software que le permite funcionar: con él, es posible usar 4G para navegar por internet, llamar a otros dispositivos celulares, o sincronizar la información contenida en el dispositivo con un wearable o aplicaciones en la nube.

Intentar extraer y decodificar este software es posiblemente uno de los mayores obstáculos para aplicar ingeniería inversa a un artefacto extraterrestre, ya que sería indispensable conectarse a dicho dispositivo y descargar el sistema operativo para descifrar sus rutinas. Por supuesto, si bien esto es muy difícil, no es imposible: incluso hoy existe gente alrededor del mundo cuyo hobby consiste en descargar el software de sus propios automóviles para hackearlos y optimizar su desempeño. Hacer lo mismo con un dispositivo cuya arquitectura, lenguaje de programación y abstracciones son desconocidas, podría tomar décadas y considerable poder de procesamiento, pero de lograrse, eventualmente obtendríamos las llaves del reino.

El problema de la energía

Desde la década de 1990 aparecieron experimentos científicos que demuestran la posibilidad de crear ventanas de plasma, que separan el vacío del espacio exterior, del interior de una nave espacial. También, ya existen en la actualidad diseños que permitirían enviar sondas a Alfa Centauro en tan sólo cinco años o a Marte en apenas 7 minutos. ¿Que es lo que impide que estas fantásticas tecnologías se hagan realidad, aparte de los elevados costos?

El traje de Iron Man es un extraordinario exoesqueleto que permite entre otras cosas, cargar objetos de varias toneladas de peso, volar a la misma velocidad que un avión caza y disparar ráfagas de plasma. Su potencia estimada es de 4 millones de caballos de fuerza, o 2.98 Gigawatts/hora, equivalentes a 2.2 veces la energía generada por una planta nuclear como Laguna Verde, México. Lamentablemente, hoy por hoy no contamos con una fuente de energía del tamaño del reactor arc (un reactor de fusión fría del tamaño de una mano) mostrado en los comics y las películas.

Así entonces, la miniaturización de fuentes de energía es otro problema al que se enfrentan los ingenieros, y por el que no pueden pasar de pequeños experimentos en el laboratorio: para hacer funcionar estos increíbles gadgets, es necesario crear y almacenar enormes cantidades de energía en un espacio muy reducido. Algunos materiales tienen la densidad de energía necesaria (por ejemplo, para el traje de Iron Man bastan 133 gramos de uranio en un reactor reproductor), pero entonces, nos enfrentaríamos al obstáculo final para la adopción de tecnología extraterrestre: nuestra propia biología.

El problema de la biología terrestre

Todos hemos soñado alguna vez con tener un auto volador desde que éramos niños. Y cuando aprendimos a manejar, llegó algún momento en que incluso de adultos, hemos dejado correr la imaginación: si estamos atorados en el tráfico pesado de la hora pico, nos imaginamos despegando en modo vertical para volar a casa o al trabajo dejando atrás el smog, el ruido y la incomodidad. Excepto que esto es imposible.

Incluso en la actualidad, existen “carreteras” por el aire que todo piloto de avión debe seguir, y si llega a darse tráfico aéreo pesado, deben volar sin cesar en un patrón de círculo hasta que haya un lugar disponible en la pista de aterrizaje. Entonces imaginémonos no sólo una hilera de automóviles enfrente y atrás de nosotros durante la hora pico, sino varios niveles arriba y abajo también. Si ocurre una descompostura o un choque en el aire, no podremos detenernos en el acotamiento para llamar a la compañía de seguros, sino que caeremos por varios cientos o miles de metros hacia abajo, llevándonos a una muerte segura a todos los que estén circulando debajo de nosotros en ese momento, y a los que estén a nivel del suelo también.

El punto es que nuestra tecnología también viene de la mano de características de seguridad: si bien es posible crear reactores nucleares del tamaño de una batería de automóvil, o sondas que viajen a Marte en 7 minutos, nuestros cuerpos no están a la par de estas tecnologías, por lo que sufriríamos de daños irreparables o una horrible muerte; ya sea por la radiación, altas velocidades o exposición al frío y calor extremos. Con decir que el simple hecho de estar en una nave espacial, es mortal para los seres humanos.

Posiblemente, para adoptar cualquier clase de tecnología futura (y no sólo la extraterrestre) tendremos que cambiar nosotros mismos también. Con mejoras genéticas y cibernéticas, eventualmente será posible salir allá afuera. Pero de momento, adaptar o crear tecnología que hoy es indistinguible de la magia, dependerá enteramente de qué tan segura es para formas de vida basadas en carbono con una baja resistencia a la variación de temperatura, presión o fuerzas centrífugas. Como elocuentemente menciona uno de los personajes de la serie de televisión Battlestar Galactica (2004):

¡No quiero ser humano! Quiero ver los rayos gamma. Quiero poder escuchar los rayos X. Y quiero – quiero oler la materia oscura. ¿Ves lo absurda de mi existencia? ¡Ni siquiera puedo expresar estas cosas correctamente, ya que tengo que – tengo que conceptualizar ideas complejas en este estúpidamente limitado lenguaje hablado! Pero sé que quiero alcanzar con algo más que estas patas prensiles. Y sentir el viento solar de una supernova fluyendo sobre mí. ¡Soy una máquina! ¡Y puedo saber mucho más! Puedo experimentar mucho más. ¡Pero estoy atrapado en este cuerpo absurdo!

— John Cavil/Número Uno. Battlestar Galactica (2004).

Conclusiones

Algunas de las historias de ciencia ficción más entretenidas tienen que ver con la adopción de tecnología extraterrestre, principalmente para que el conflicto no se convierta en una lucha sin esperanza para los seres humanos. Incluso algunas historias expresan la jocosa idea de que nuestra tecnología moderna, como el velcro, los hornos de microondas o la liposucción, es producto de ingeniería inversa aplicada a platillos voladores. Sin embargo, suponiendo que tenemos acceso a dicha tecnología para estudiarla, esta tarea requeriría un esfuerzo titánico, por decir lo menos. Un ejemplo de la vida real: en la década de los 1960, la NASA creó los Saturno V, unos cohetes que nos permitieron llegar a la Luna, y son considerados una de las más impresionantes hazañas de ingeniería de todos los tiempos. En 2004, la agencia espacial norteamericana buscó replicar su potencia como parte del Proyecto Constelación, pero no fue posible hacerlo, debido a que la infraestructura con la que se construyeron estos cohetes ya no existe. Se estima que se necesitarían dieciséis mil millones de dólares (US$16,000,000,000) para recrear las industrias y procesos requeridos por el Saturno, más quinientos cincuenta millones de dólares (US$550,000,000) por lanzamiento. Por esos precios, es mucho más sencillo crear desde cero versiones que sean igualmente potentes, aunque más ligeras, fuertes y hasta reutilizables – algo que de hecho, están tratando de lograr empresas como Blue Origin y SpaceX.

Así entonces, la ciencia ficción eventualmente se volverá realidad, haciendo innecesario importar tecnología de “hombrecillos verdes”. El problema principal es el tiempo que nos tomará llegar hasta ahí, debido a la interacción de factores como la continua evolución de la ciencia, cuáles son sus costos de implementación y qué tan segura o deseable puede llegar a ser. Después de todo:

Sólo aquellos que intentan lo absurdo alcanzarán lo imposible.

M. C. Escher (1898 – 1972). Dibujante y litógrafo holandés.

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Una invasión extraterrestre científicamente plausible

10/09/2015

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Si fueras a conquistar el mundo, ¿harías volar la Casa Blanca al estilo Día de la Independencia, o buscarías colarte furtivamente por la puerta trasera?

— Casey, The Faculty (1998).

La invasión extraterrestre es una de las metáforas más antiguas de la ciencia ficción, describiendo cómo seres del espacio vienen a invadir nuestro mundo. Existen múltiples razones por las que ellos recurren a métodos extremos contra nosotros: desde apoderarse de nuestros recursos o el planeta mismo, hasta cosecharnos porque somos una excelente fuente de proteínas. La invasión puede darse de dos maneras: ya sea que lancen un ataque militar global, como en el famoso Día de la Independencia (1996), o se infiltren en nuestros gobiernos y organizaciones, reemplazando, lavándole el cerebro o controlando seres humanos, allanando el camino para asestar el golpe final, como se ha visto en las series de televisión Expedientes Secretos X (1993 – 2002) e Invasión Extraterrestre / V (1983).

Muchas de estas historias tienen su origen en los miedos y principales eventos de la época en la que se publica el relato: La Guerra de los Mundos de H.G. Wells (1898), reconocida como la primera descripción de una invasión extraterrestre, fue escrita en los últimos años del siglo 19, cuando las guerras imperialistas por recursos, por parte de las potencias occidentales, ocurrían casi a diario, y la guerra mecanizada, la cual inspiró a los trípodes de aquella novela, estaba a menos de dos décadas de mostrar sus aterradores efectos. Películas como Invasion of the Body Snatchers (1956) y The Thing (1982), que fueron estrenadas durante el apogeo de la Guerra Fría (1947 – 1991), resaltaban la paranoia y miedo a ser infiltrados por las fuerzas del enemigo. En este caso, por elementos del bloque comunista.

En la vida real una invasión, definida seriamente como un escenario catastrófico de primer contacto, sólo puede tener un resultado: nuestra total aniquilación. La razón es muy sencilla: una especie que por sí misma haya llegado hasta aquí, ha superado infinidad de problemas técnicos y sociales para los que todavía no tenemos solución. Pongámoslo de esta manera: a las velocidades típicas de un viaje interestelar (10% de la velocidad de la luz o unos 30,000 kilómetros por segundo), impactar un malvavisco es el equivalente explosivo a un arma nuclear táctica de tamaño mediano. Aunque nuestra tecnología y recursos actuales ya nos permiten construir una sonda interestelar autónoma, ésta tomaría 40 años de fabricación y una inversión de 174 billones de dólares (USD 1.74×1014, equivalente a 2.2 veces el producto bruto mundial de 2014). Tan solo el costo, tiempo de construcción y duración de la misión (unos 46 años hasta la Estrella de Barnard) nos pueden dar una idea de las diferencias tecnológicas entre un posible invasor y nosotros.

Pic: Daedalus vs. Saturn V comparison

Comparativa entre el cohete Saturno V que llevó a los primeros seres humanos a la Luna, y una sonda interestelar Dédalo. Ésta última sería construida en la órbita de la Tierra y tendría una masa inicial de 54,000 toneladas, incluyendo 50,000 toneladas de combustible y 500 toneladas de equipo científico.

(Fuente: daviddarling.info)

Los motivos

En términos generales, todo conflicto en la historia de la humanidad se ha debido a dos razones: recursos o ideología. Considerando que las leyes de la física y biología operan de la misma manera en el resto del universo, es posible extrapolar los motivos de una invasión:

Ya hemos mencionado anteriormente que una invasión por nuestros recursos es la explicación más fácil de entender por un público ávido de diversión Hollywoodense, pero es algo científicamente imposible de ocurrir, debido a que el retorno de inversión es nulo: todos los recursos naturales de nuestro planeta se encuentran disponibles en el espacio, donde son más fáciles de extraer ya que no es necesario lidiar con el molesto campo gravitacional y nativos que se vanaglorian por su capacidad de contaminar con radiación nuclear dichos recursos. Es como si los Estados Unidos movilizaran toda su capacidad bélica para invadir Burundi: un pequeño país africano sin litoral, estratégicamente irrelevante y con pocos recursos naturales, así como uno de los ingresos per cápita más bajos del mundo (USD 910 en 2015)… y los burundeses poseyeran un par de ojivas nucleares. Esto haría de dicha aventura militar algo impráctico.

Las diferencias debido a que una especie extraterrestre no comparta los rasgos característicos de la psicología humana pueden ser otro motivo, que entra de lleno en el campo ideológico. ¿Qué pasaría si una sociedad erróneamente nos considera como seres no pensantes, o incluso se siente amenazada por nuestra propia biología? En el relato corto The Things (Las Cosas) de Peter Watts, el autor describe la película The Thing (1982) desde el punto de vista del extraterrestre. De acuerdo a éste, los humanos somos horribles abominaciones, ya que no cambiamos de forma, como el resto del universo. Nuestras mentes no están distribuidas entre todas las células de nuestros cuerpos, sino encerradas en “espantosas fibras nerviosas dentro de cavidades óseas”… como un cáncer pensante. Qué terrible existencia debemos tener… por lo que este explorador, embajador y misionero decide cambiar nuestra “precaria” situación:

No va a ser fácil. Ellos no lo van a entender. Torturados, incompletos, no son capaces de entender. Al presentarles el conjunto mayor, ven la pérdida del menor. Al ofrecerles comunión, ellos sólo ven la extinción. Debo ser cuidadoso. Debo usar esta nueva capacidad de esconderme. Otras cosas vendrán eventualmente, y no importa si se encuentran con los vivos o los muertos; lo importante es que encuentren con algo parecido a ellos mismos, para llevarlo a casa. Así que voy a mantener las apariencias. Voy a trabajar tras bambalinas. Yo los salvaré desde el interior, o su soledad inimaginable no tendrá fin.

Estas pobres cosas salvajes nunca podrán abrazar la salvación.

Voy a tener que violarlas con ella.

The Things. Peter Watts. (Clarkesworld Magazine, Issue 40, 2010).

Sin embargo, un escenario en el que fanáticos interestelares vengan hasta aquí para “convertirnos” a la fuerza también es poco probable, ya que cualquier sociedad con ideas extremistas tiende a autodestruirse debido a sus propias creencias. El ejemplo más claro lo tenemos en los mayores villanos de nuestra historia reciente: los Nazis del siglo 20. Si bien poseían una increíble capacidad técnica e industrial, la principal falla de su sociedad tuvo que ver con sus prejuicios y xenofobia. Por citar un ejemplo, la politización de la academia alemana dejó fuera a cualquiera que no fuese de “ascendencia aria pura” resultando en la ejecución o exilio de cientos de científicos judíos, como Albert Einstein, quien es considerado como el padre de la física moderna. En contraste, el éxito de sociedades como la estadounidense se ha debido a la diversidad e igualdad de oportunidades: mientras un miembro tenga algo que aportar, será bienvenido y podrá sobresalir sin importar cuál es su origen, sexo o religión.

Esto nos lleva al único motivo por el que podrían tomarse tantas molestias, ya que es algo imposible de encontrar en cualquier otro lugar del universo: nosotros y los demás seres vivos de este planeta. No como comida, pues antes de “servir al hombre“, es necesario tomar en cuenta que la mayor parte de la materia orgánica de nuestro planeta es de hecho venenosa o no nutritiva para el ser humano, y eso que nosotros hemos evolucionado aquí. Tampoco podríamos ser esclavos de una civilización con un alto nivel tecnológico, pues sería más eficiente construir robots que duran más, no necesitan alimentos y por supuesto, no tienden a sublevarse a la primera oportunidad. Los extraterrestres tampoco buscarían aparearse con nosotros, ya que si bien deben tener algún equivalente al ADN terrestre, es poco probable que compartan la misma estructura genética encontrada aquí. Pero si éste fuera el caso, la posibilidad de crear un híbrido entre especies que evolucionaron de manera independiente es muy pequeña. Por citar un ejemplo, un ser humano moderno (Homo sapiens) no puede aparearse con un Homo habilis, incluso siendo uno el ancestro del otro.

Claro que, la diversidad genética encontrada en este mundo puede ser muy útil para cualquier especie extraterrestre que posea tecnología orgánica – especialmente si contamos con una característica que al parecer, es rara en el universo: la inteligencia. Así, identificar y tomar los mejores rasgos de los terrícolas puede ser suficiente motivo para cruzar media galaxia.

Pic: Prone ~ Patricia Piccinini

Un bebé, híbrido de humano… y algo más. Para tranquilidad de todos, una escultura hiperrealista de la artista Patricia Piccinini.

(Fuente: patriciapiccinini.net)

El filme Skyline (2010) quedó bastante a deber durante su ejecución, pero representa un ejemplo brutalmente honesto de los motivos y resultado de este escenario: una raza alienígena súper avanzada de seres biomecánicos invade la Tierra, y nosotros somos el motivo de la invasión. ¿Cómo logra la humanidad repeler a estos poderosos enemigos? No lo hace; nunca tuvimos una oportunidad.

Escenarios de invasión

Los dos escenarios de invasión científicamente plausibles dependen del tipo de civilización que nos estaría conquistando: ya sea que ellos sean entes biológicos o máquinas pensantes. En el caso de los seres orgánicos, es más probable que quieran preservar al planeta debido a su riqueza biológica; no así para los seres sintéticos, pues nuestro sistema solar sería el equivalente a un pequeño hormiguero en medio del sitio en el que van a construir una autopista.

De acuerdo a los cálculos optimistas de la Ecuación de Drake, la civilización tecnológica más cercana a nosotros se encuentra a unos 50-70 años luz de distancia. Transportar a lo largo de esas distancias a todo el personal, armas y equipo necesarios para subyugar a los cerca de 7,125 millones de habitantes terrestres sería una tarea abrumadora. Por ello, la solución sería decepcionantemente simple: en el caso de civilizaciones orgánicas, tan sólo basta una nave autónoma que pueda detectar, catalogar y sintetizar el genoma humano. En base a esta información, la nave podría generar un virus a la medida, liberando esporas con éste en la atmósfera terrestre e infectando a toda la raza humana en unos cuantos meses. No para aniquilarnos, sino para… hacernos cambiar:

Pic: Gene Therapy ~ Wikipedia

Cómo funciona la terapia genética de línea germinal: consiste en administrar al paciente un gen a través de un vehículo (por ejemplo un virus), el cual debe localizar las células a infectar. Dicho injerto se realiza sobre las células germinales del paciente (óvulos y espermatozoides en el caso del ser humano), por lo que los cambios generados serán hereditarios.

(Fuente: English Wikipedia)

A sabiendas de que una especie debe reproducirse o enfrentar su propia extinción, una sociedad extraterrestre puede conquistar la galaxia sin necesidad de trasladarse físicamente, al insertar el equivalente de su código genético a otras especies pensantes. Esto no es demasiado descabellado, ya que nuestros propios genes son un collage que incluye hasta 8% derivado de la absorción de código genético foráneo. Por otro lado, este tipo de conquista no requiere un sólo disparo: en un par de generaciones, una fracción importante de la población huésped se convertirá en aquello que los extraterrestres deseen. Y si ellos ya dominan los secretos de la genética, puede que incluso inyecten ciertos instintos y recuerdos en los híbridos. Esto hace de películas como Species (1995) y John Carpenter’s Village of the Damned (1995) una posibilidad real. La invasión no tendría que ver con motivos políticos, económicos o religiosos, sino biológicos: la preservación, renovación y cooperación genética pueden ser fuertes motivadores. Después de todo, en la Tierra existen dos especies modernas que ya han hecho esto en algún punto de su historia evolutiva: las hormigas argentinas invasoras (Wasmannia auropunctata) y el Homo sapiens, cuyo código genético incluye hasta un 4% proveniente del Homo neanderthalensis.

En caso de ser “colonizados” por máquinas pensantes, el escenario sería aterrador: una pequeña nave autónoma, microscópica e indetectable – un nanobot – llegaría a nuestra atmósfera; ésta tendría la capacidad de autorreplicarse con los materiales existentes en la superficie terrestre. Supongamos que estos nanobots están diseñados para consumir exclusivamente todos los materiales basados en el carbono, lo que es una suposición lógica, ya que los materiales salidos de éste elemento son espectacularmente versátiles. Desgraciadamente, toda la vida sobre nuestro planeta está basada en el carbono: la biomasa terrestre contiene alrededor de 1045 átomos de carbono; si un nanobot consiste de alrededor de 10 millones de átomos de carbono, 1039 de éstos podrían consumir toda la vida sobre la Tierra, en alrededor de 130 replicaciones, después de que océanos o nubes de ellos (también conocidos como “plaga gris” o grey goo) cubran todo el planeta. Los científicos creen que un nanobot puede replicarse en alrededor de 100 segundos, por lo que la vida en la Tierra se extinguiría en 3.5 horas.

Pic: The Darkest Hour Concept Art ~ Imery Watson and Stas Lebedev

El último instante en la vida de una víctima de la nanotecnología.

(Fuente: filmsketchr.blogspot.com)

Pero… ¿por qué seguimos aquí?

De acuerdo la Paradoja de Fermi, si hubiera numerosas civilizaciones avanzadas en nuestra galaxia, entonces ¿Dónde están? Si se requirieran 1,000 años para construir una nave de colonización que se moviera al 1% de la velocidad de la luz, tan sólo se necesitan 3 millones de años para colonizar toda la galaxia – realmente muy poco a escalas geológicas. Por otro lado, hace poco se realizó el escaneo de casi 100,000 galaxias en busca de civilizaciones de tipo III en la escala de Kardashev (aquellas que abarcan galaxias enteras) sin encontrar ningún positivo obvio. Sólo 50 de esas 100,000 son posibles candidatas, lo que haría de la inteligencia algo mucho más escaso en el universo… a menos que no lo sea:

Dentro de algunos decenios (2040 – 2060) la humanidad tendrá la capacidad de crear una inteligencia artificial fuerte, equivalente a la de un cerebro humano. Ya que la investigación en este campo se ha centrado en la “mejora recursiva“, en un tiempo realmente corto alcanzaremos el ascenso a la trascendencia:

Es difícil pensar en cualquier problema que una superinteligencia no pueda resolver, o al menos ayude a resolver. La enfermedad, la pobreza, la destrucción del medio ambiente, el sufrimiento innecesario de todo tipo: son cosas que una superinteligencia equipada con nanotecnología avanzada sería capaz de eliminar. Además, una superinteligencia podría darnos una vida indefinida, ya sea por detener y revertir el proceso de envejecimiento a través del uso de la nanomedicina, o al ofrecernos la opción de subir nuestra mente a una consciencia digital. Una superinteligencia también podría crear las oportunidades para que aumentemos enormemente nuestras propias capacidades intelectuales y emocionales, y nos podría ayudar a crear un atractivo mundo experiencial en el que podríamos vivir vidas dedicadas al alegre juego y las relaciones interpersonales; experimentando, alcanzando crecimiento personal y viviendo más cerca de nuestros propios ideales.

Bostrom, Nick. (2015). “Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies”. London. Oxford University Press.

Esto, asumiendo que creamos una inteligencia artificial afín a los intereses humanos; de lo contrario, nuestra existencia terminará debido a un apocalipsis nanotecnológico como el descrito más arriba. Por lo tanto, si consideramos que somos la civilización más joven en la galaxia y estamos a relativamente poco tiempo de lograr este hito, podemos asumir que todos las demás ya han hecho este enorme salto en su evolución, terminando así: desmenuzados para formar parte de una sopa uniforme de nanobots, o transformados en una sociedad que ha trascendido los límites impuestos por la biología, el mundo físico, o hasta el espacio-tiempo.

Lo más seguro, es que futuras generaciones nos verán con una mezcla de pena y desdén, pensando: “Pobres bárbaros. No tenían ni idea de lo que realmente estaba pasando.”

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¿Cómo sería el cielo si reemplazamos el Sol por otras estrellas? ¿Y la Luna por otros planetas?

03/06/2015

Space [Icon By Buuf]  Astronomía y exploración del espacio.

¡Esa es la exploración que te está esperando! No mapear estrellas y estudiar nebulosas, sino conocer las posibilidades desconocidas de la existencia.

Leonard Nimoy (1931 – 2015), actor, director, poeta y fotógrafo norteamericano.

Mr. Nimoy se nos ha ido. Uno de los grandes de nuestro tiempo, mejor conocido por su papel como el Sr. Spock en la serie de televisión y películas de Star Trek. Sin lugar a dudas, tanto la serie como el personaje han formado parte de la cultura popular moderna, pues gracias a que los actores añadieron sus propias experiencias durante la producción, han conquistado a varias generaciones de geeks. Con decir que todos aquellos nacidos después de 1960, sabemos quienes son Kirk, Spock, Uhura, Sulu, Bones, Chekov o Scotty. Mr. Nimoy: larga vida y prosperidad.

Pues bien, cambiando un poco de tema, en el sitio astronómico Universe Today se publicaron hace poco más de un mes un par de videos generados por la agencia espacial Rusa (Roskosmos). En uno de éstos, se muestra cómo se vería nuestro cielo si en vez de girar alrededor del Sol, la Tierra orbitara otras estrellas, como Alfa Centauri, Sirio, Arturo, Vega, y la Estrella Polar:


Cómo se vería nuestro cielo si la Tierra orbitara otras estrellas. (Fuente: TV Roskosmos @ YouTube)


Fantástico en verdad, aunque de orbitar estas estrellas, es muy probable que nuestro planeta no existiera en absoluto, no sería propicio para la vida, o ésta habría tomado un camino muy diferente al que ocurrió aqui debido a nuestra común y corriente, pero extraordinariamente benefactora enana amarilla.

Por otro lado, ¿y si en vez de tener a la Luna como satélite natural, otro planeta tomara su lugar? Esto no es algo tan descabellado, pues como hemos visto anteriormente, todos los planetas de nuestro sistema solar caben perfectamente en el espacio existente entre la Tierra y la Luna. De nueva cuenta, Roskosmos nos muestra un video para que no tengamos que imaginárnoslo:


Cómo se vería nuestro cielo si en vez de la Luna, otros planetas orbitaran la Tierra. (Fuente: TV Roskosmos @ YouTube)

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El espacio es grande, muy muy grande

10/31/2014

Space [Icon By Buuf]  Astronomía y exploración del espacio.

El espacio es grande. No creerías lo vasto, enorme, alucinantemente extenso que es. Es decir, puedes creer que el camino a la farmacia es un largo trecho, pero eso son sólo motas de polvo para el espacio.

Douglas Adams (1952 – 2001), humorista y escritor de ciencia ficción Británico.

Ciertamente, el espacio entre los cuerpos celestes es enorme. Y eso, aparte de nuestra biología, es uno de los principales obstáculos que nos impide lanzarnos al infinito y más allá. Son tales las distancias, que la mayoría de las personas – me incluyo – no comprendemos del todo su significado. ¿Y cómo podríamos? desde nuestro punto de vista, el Sol podría estar a la misma distancia que la Luna; Marte esta ¿diez o veinte veces más alejado? (intenta 585 veces en promedio) y Próxima Centauri, la estrella más cercana a nosotros, está a tan sólo cuatro años luz de distancia (sin embargo, manejando en auto, llegaríamos en alrededor de… 70 millones de años). Si bien estas analogías numéricas pueden ayudarnos un poco a comprender la vastedad del espacio, la realidad es que la mejor forma de darnos cuenta de lo infinitamente grande que es, es viéndolo de manera gráfica. Así que, ¿qué tanto es tantito?

En Reddit, el usuario CapnTrip publicó la siguiente imagen, en la que podemos notar que en tan sólo la distancia entre la Tierra y la Luna (~380,000 kilómetros), podríamos acomodar al resto de los planetas de nuestro sistema solar… y hasta tendríamos espacio de sobra:

Pic: Did you know: you can fit all of the planets in our Solar System in between the Earth and the Moon? ~ CapnTrip @ Reddit

La distancia promedio entre la Tierra y la Luna es de 384,400 Km. En este espacio, podrían caber todos los planetas del sistema solar. Aunque no se incluye Plutón porque ya no se le considera un planeta, éste también puede caber ahí. (Fuente: CapnTrip @ Reddit.com)

Esto nos dará una mejor idea de la enorme distancia entre la Tierra y nuestro satélite natural, y cómo los alunizajes efectuados sobre ella en la década de los sesenta y setenta fueron toda una proeza tecnológica.

Si queremos ver una representación fiel de las distancias entre los planetas, recomiendo mucho ver el mapa creado por Josh Worth, en el que construyó con HTML un modelo llamado Si la Luna fuera un solo pixel (If the Moon were only 1 pixel) en el que cada pixel del monitor representa alrededor de 3,500 kilómetros. De hecho, si usamos la barra de desplazamiento para movernos entre la Tierra y Marte, veremos por qué con todo y los recursos con los que cuentan actualmente los Estados Unidos, una misión tripulada al planeta rojo es todavía un sueño. Y ni qué decir si buscamos ir más allá de la órbita de Júpiter: el “viaje” se vuelve tedioso. Sin embargo, cada ciertos millones de kilómetros, nos toparemos con interesantes notas del propio autor. Por ejemplo, entre las órbitas de la Tierra y Marte encontraremos el siguiente comentario: Serían necesarios aproximadamente siete meses para viajar esta distancia en una astronave. Mejor que el entretenimiento a bordo sea bueno. En caso de que te lo estés preguntando, necesitarías aproximadamente 2,000 películas para ocupar las horas de vigilia.

Pic: If the Moon were only 1 pixel: an accurate map of the Solar System

Mapa con las distancias entre los planetas del sistema solar. En dicho mapa, la Luna (~3,500 Km) está representada por un sólo pixel. Las escalas de los planetas y sus órbitas son correctas. (Fuente: joshworth.com)

Si tomamos el hecho de que al desplazarnos estamos “viajando” más rápido que la velocidad de la luz, nos daremos cuenta de lo inmensa que es la solitaria vacuidad del espacio. Al final del mapa, un poco más allá de la órbita de Plutón, el mismo Worth advierte: Deberíamos parar ahora. Necesitaríamos navegar por 6,771 mapas más como este antes de que viéramos algo más. Increíble en verdad.

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El Ascenso a la Trascendencia

07/18/2014

Wizdoc [Icon By Buuf]  Reflexiones.

El que estemos basados en carbono o silicio no crea ninguna diferencia fundamental; todos debemos ser tratados con el debido respeto.

Arthur C. Clarke (1917 – 2008), escritor y divulgador científico Británico.

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de ver Transcendence (2014), un filme protagonizado por el reconocido actor Johnny Depp, en el que encarna al Dr. Will Caster, un investigador en inteligencia artificial (IA), quien debido a sus ideas y trabajos, se convierte en el objetivo de un grupo terrorista que se opone a cualquier investigación relacionada a esta disciplina. Debido a una bala recubierta por un material radiactivo, el Dr. Caster tiene sus días contados, por lo que su esposa, la Dra. Evelyn Caster (interpretada por Rebecca Hall) conjuntamente con su mejor amigo, el Dr. Max Waters (Paul Bettany), son forzados a copiar la consciencia de un moribundo Dr. Caster a una supercomputadora, creando la primera IA real y auto-consciente del mundo. Eventualmente, esta consciencia – que puede o no ser Will – comienza a buscar su consolidación y propagación, por motivos que no son claros sino hasta el final de la película.

El punto más importante y mayor fallo del filme fue aquella escena relacionada a cargar la mente de una persona en una computadora: nuestro cerebro no sólo son “impulsos eléctricos” y “poder de cómputo”; éste forma parte de una arquitectura ordenada de tal manera que hoy por hoy está por encima de nuestra capacidad tecnológica, por no decir que va más allá de nuestra comprensión: el cerebro de un infante de apenas tres años de edad posee alrededor de 100 mil millones (1×1011) de neuronas, y cerca de mil billones de sinapsis (1×1015). Esto es una combinación de hardware y software tan compleja – denominado apropiadamente, wetware – que ni las más grandes corporaciones del complejo industrial-militar, con todo y sus fantásticos recursos, han podido igualar. Y lograr esta proeza por un equipo de dos personas, en menos de un mes, en el sótano de un edificio abandonado, son por supuesto, cuentos de hadas.

Por otro lado, y de manera muy conveniente, el Dr. Caster muere antes de ver el resultado de los esfuerzos de sus colaboradores por subir su mente a una supercomputadora, quedando en el aire una importante interrogante: ¿realmente seríamos nosotros o una copia de nuestra identidad? La película hubiese tenido un buen giro si al menos por algún tiempo, tanto el Dr. Caster como su “Yo digital” hubiesen existido al mismo tiempo; tal vez habría sido algo increíblemente kafkiano y por eso quedó fuera del guion. Sin embargo, otras películas de menor calidad como The Sixth Day (2000) muestran qué pasa cuando el protagonista es confrontado con su doppelgänger: terminamos horrorizados o reconfortados al ver dicha interacción.

Sin embargo, la premisa mostrada es correcta, siendo una reproducción relativamente fiel de lo que será el “Ascenso a la Trascendencia”. Mediante computación cuántica, se le dará continuidad a la Ley de Moore, duplicando el poder de cómputo cada dos años y alcanzando su punto crítico entre el 2015 y el 2025. Si para entonces la investigación en IA ha logrado modelar simulaciones bioquímicas del cerebro “en tiempo real”, como es el objetivo del muy agresivo Proyecto Blue Brain, después será posible homologar las funciones del cerebro a nivel cuántico, permitiendo crear o cargar una consciencia artificial.

Aunque sólo es una conjetura, es posible que en muy poco tiempo, esta Inteligencia Artificial Fuerte (IAF) adquiera los requerimientos mínimos para que se le considere una persona: la más importante de estas características es la sapiencia, ya que al conocer su propio código fuente, ésta tendrá la capacidad de generar introspección y mejorarse a sí misma. Popular pero erróneamente, esto incluye asimilar una gran cantidad de información, como el Internet. En realidad, para mejorarse, una IA tendría que hacer algo mucho más complejo que “leer la Wikipedia”: revisando los algoritmos de su propia mente – un logro que nosotros mismos todavía no hemos alcanzado – mejorará el diseño de sus rutinas en tiempo real.

De acuerdo al éxito o fracaso obtenidos se comprobarían o romperían algunos de los problemas más serios de la ciencia de las computadoras, como el Problema de la parada de Turing: un programa no puede saber si él mismo termina después de un número finito de pasos o si se cicla para siempre. La única manera de resolver el problema es realizado una simulación de todas las ejecuciones posibles, detectando y evaluando todos y cada uno de sus estados de memoria; sin embargo, al hacer esto, el programa termina llenando su propia memoria física, alcanzando un error de desbordamiento. Pero, dejando de lado estos problemas y asumiendo que sea exitosa, es posible que esta IAF consiga una inteligencia muy superior al colectivo de la humanidad pasado y presente, convirtiéndose literalmente, en un dios.

Del mundo virtual al mundo físico

¿Cómo evolucionaría una consciencia digital una vez que no tenga que soportar nuestra pesada carga biológica? Una crítica frecuente a la simulación de un cerebro tiene que ver con la importancia de los estímulos externos para que la cognición se dé correctamente. Es decir, que la conciencia sienta el ambiente a su alrededor para darle un sentido a algunas de las características que nos hacen humanos. De lo contrario, terminaríamos con entes parecidos a niños autistas, que si bien pueden ser extraordinarias personas, sufren de un grave déficit de desarrollo, incluyendo carencias en socialización, comunicación, imaginación, planificación y reciprocidad emocional. Peor aún, es posible crear un ente torturado que no ve, no escucha, no tiene manera de comunicarse con el exterior: sólo bastan 15 minutos en un tanque de privación sensorial para que una persona normal empiece a ver alucinaciones y escuchar ruidos donde no los hay; a los pocos días la capacidad de realizar las tareas más simples se deteriora enormemente. Este aislamiento sensorial causa tales estragos en la psique humana, que de hecho, se le usa como método de tortura por las fuerzas armadas estadounidenses. Entonces, para crear una IA que no se vuelva psicótica es indispensable crear un ambiente virtual parecido a The Matrix (1999), donde todo es detalladamente recreado para confort de esta posible inteligencia artificial. Más allá de las complicaciones técnicas requeridas para generar un mundo simulado, también existe un fuerte dilema ético de por medio: ¿hasta dónde deberíamos llegar? Porque si la trilogía de Matrix dejó algo en claro, es que si aquellos que habitan esa realidad virtual no están de acuerdo con dicha existencia, son en realidad prisioneros de un monstruoso sistema: hasta un ser tan despreciable como el Agente Smith sentía la necesidad de dejar aquél mundo virtual, a como diera lugar.

Pic: Matrix Revolutions: Agent Smith

Incluso si consideramos al Agente Smith como una mala persona, sería nuestra responsabilidad proteger su mente de la destrucción, ya que como cualquier criminal de guerra, “sólo seguía órdenes”: de acuerdo a la trilogía de The Matrix, el principal conflicto que atormentaba a este personaje era el mismo propósito de su existencia. Sin embargo, ¿no es esa búsqueda de respuestas lo que nos hace humanos? (Fuente: handheldunderground.com)

Así entonces, el siguiente paso sería “salir” al mundo real: el otro requerimiento para la singularidad es la nanotecnología. En Transcendence, este avance es literalmente desechado en un “Y tres años después…” Claro que, este enorme salto tecnológico no es en absoluto trivial: aunque tuviésemos un presupuesto ilimitado y equipos trabajando en ello las 24 horas del día, pueden requerirse décadas para alcanzar el Santo Grial de esta disciplina: un ensamblador molecular autónomo. Este dispositivo es algo muy difícil si no imposible de lograr, ya que incluso hablando en términos de máquinas a escala natural, hasta la fecha no se ha inventado un robot-fábrica que pueda tomar las materias primas y llevar a cabo todos los procesos de manufactura hasta obtener un producto terminado. Aunque se espera que para el 2025 la industria sea lo suficientemente madura como para generar un sinfín de aplicaciones, incluyendo circuitos integrados tridimensionales y paneles solares con una eficiencia del 80% (en la actualidad, tan sólo alcanzan una eficiencia del 8%), la realidad es que de momento, ningún laboratorio está buscando cómo crear un replicador, ya sea por su escaso potencial comercial, avance de otras tecnologías equivalentes – por ejemplo, la impresión en 3D – o simples dificultades técnicas. Desde el 2009 ya se ha creado la primera línea de ensamble de este tipo; el problema reside en que de ahí a que se pueda crear un objeto a escala macroscópica hay una gran diferencia.

Pero supongamos que dentro de los próximos 50 años, la nanotecnología pueda consolidarse no sólo como una aplicación de la ciencia de los materiales, sino que también consista de importantes progresos en la nanorobótica y manipulación molecular. En este caso, nuestro estilo de vida podría ser afectado en maneras que hoy mismo nos parecerían imposibles; para un compendio de las maravillas surgidas de esta tecnología, bastaría leer los trabajos de los expertos en el tema, K. Eric Drexler y Raymond Kurzweil:

Utilizaremos la tecnología molecular para brindar salud, debido a que el cuerpo humano está compuesto de moléculas. Los enfermos, los ancianos y los heridos sufren debido a patrones de átomos dispuestos erróneamente, ya sea debido a virus invasores, el tiempo que pasa, o automóviles que se desvían bruscamente. Dispositivos capaces de reorganizar los átomos podrán corregirlos. La nanotecnología traerá un avance fundamental en la medicina.



Las aplicaciones médicas más simples por parte de las nanomáquinas implicarán no reparar, sino destruir selectivamente. Los cánceres son un ejemplo; las enfermedades infecciosas constituyen otro. El objetivo es simple: sólo hay que reconocer y destruir a los cuerpos peligrosos, ya sean bacterias, células cancerosas, virus o parásitos. Del mismo modo, serían eliminados los crecimientos anormales y depósitos en las paredes arteriales que causan enfermedades del corazón; máquinas que reconocen, analizan, y disponen de ellos, limpiarán las arterias para lograr un flujo de sangre normal. La destrucción selectiva también permitirá curar enfermedades como el herpes, en el que el virus empalma sus propios genes en el ADN de una célula huésped. Un dispositivo de reparación entrará en la célula, leerá su ADN, y eliminará el añadido genético que deletrea “herpes”.

Drexler, K. Eric. (2007). “Engines of Creation 2.0: The Coming Era of Nanotechnology”. New York: WOWIO Books.

El máximo logro de la nanotecnología desde el punto de vista biológico es aquél mostrado en la película: mejorar nuestros propios cuerpos e incluso, crearlos desde la nada. Asumiendo que esta misma tecnología pueda escanear, descargar y cargar nuevamente el estado cuántico de las sinapsis nerviosas, existiría la posibilidad de obtener clones perfectos, mientras se emplea una red neural artificial para “respaldar” la mente del original.

El Ascenso a la Trascendencia

La combinación de inteligencias artificiales y cuerpos construidos – o hasta compuestos – por nanorobots nos daría finalmente el “Ascenso a la Trascendencia”: cargando nuestras mentes en una red neural artificial, tendríamos la posibilidad de vivir eternamente en un mundo virtual, en el que podríamos acceder a todo el conocimiento de la humanidad, y si así lo quisiéramos, crear simulaciones propias a nuestro antojo. Si en algún momento deseamos “desconectarnos”, crearíamos un cuerpo indestructible al que se le cargaría nuestra conciencia, para deambular por el mundo físico. En pocas palabras, habríamos alcanzado el punto en que los seres humanos habremos trascendido nuestras limitaciones biológicas. De acuerdo al propio Kurzweil:

La evolución se mueve hacia una mayor complejidad, mayor elegancia, mayor conocimiento, mayor inteligencia, mayor belleza, mayor creatividad y mayores niveles de sutiles atributos, como el amor. En todas las religiones monoteístas, Dios es descrito como poseedor de todas estas cualidades, sólo que sin ninguna limitación: conocimiento infinito, inteligencia infinita, belleza infinita, creatividad infinita, amor infinito, y así sucesivamente. Por supuesto, incluso el crecimiento acelerado de la evolución jamás alcanzará un nivel infinito, pero a medida que explota exponencialmente, ciertamente se mueve velozmente en esa dirección. Así que la evolución se mueve inexorablemente hacia esta concepción de Dios, aunque nunca llegará a este ideal. Podemos considerar [a la Trascendencia], por lo tanto, como la liberación de nuestro pensamiento de las severas limitaciones de su forma biológica para pasar a ser una empresa esencialmente espiritual.

Kelly, Kevin. (2010). “What Technology Wants”. New York: Viking Press.

Para autores como el físico estadounidense Paul Davies, invariablemente esta será nuestra única opción para seguir existiendo una vez que se vaya acercando el fin del universo. Dentro de una simulación, es posible jugar con el “reloj interno de la computadora”, para acelerar o decelerar el tiempo relativo dentro de dicha simulación; de acuerdo al tipo de muerte que enfrentará el universo es posible adaptar la evolución de nuestros descendientes para prolongar al máximo lo que tristemente, puede ser inevitable: en caso de que el universo termine en una muerte térmica, es decir, una expansión indefinida en la que el universo poco a poco va enfriándose hasta llegar a la temperatura del cero absoluto, será posible lograr un “tiempo infinito de existencia” mediante intervalos de tiempo de actividad más cortos conforme pasa el tiempo, a la vez que se incrementan los periodos durante los que la simulación permanece en hibernación. Así, para un habitante de este conglomerado virtual podrán haber pasado tan sólo 100 de nuestros años, pero fuera del mundo virtual, podrían haber pasado miles de millones de años.

Por el contrario, el universo podría desaparecer debido a una gran implosión, en la que la expansión del universo no sólo se detiene, sino que comienza a contraerse. También existe la posibilidad de un gran desgarramiento, en el que la materia obscura termina por acelerar el crecimiento del universo hasta sobrepasar las demás fuerzas (gravitatoria, electromagnética y nuclear fuerte), desgarrándolo y convirtiéndolo en una sopa uniforme de partículas subatómicas. En ambos casos, la simulación tendría que acelerarse, ya que nuestra especie podría hacer algo al respecto, buscando la manera de evitar la destrucción mediante métodos que hoy en día parecen salidos de la ciencia ficción. En este caso, lo que para nosotros podrían ser algunos años, para la simulación habrían pasado miles de ejecuciones alternativas del mismo universo con el afán de encontrar solución a este problema – es más, existe la nada tranquilizante pero científicamente acertada teoría de que nosotros mismos somos parte de una de esas simulaciones; pero eso lo dejaremos para otro post.

Más preguntas que respuestas

Esta situación genera interesantes interrogantes filosóficas que hoy en día no tienen solución. Por ejemplo, si yo le preguntase a cualquier adulto “¿existes en este momento?” todos me contestarán “claro que sí”. Y si les preguntara: “¿exististe hace diez o quince años?” tal vez la mayoría me responderá afirmativamente. Sin embargo, la realidad es otra: nuestros cuerpos renuevan sus células casi en su totalidad a lo largo de diferentes periodos de tiempo, mientras aquellos órganos que no lo hacen – como el cerebro – renuevan sus componentes (átomos y moléculas) durante un periodo específico de tiempo. Entonces, no existe una sola partícula de nuestros cuerpos – ni un sólo átomo – que esté presente en nuestros cuerpos y que haya permanecido por más de diez años. El cuerpo que tenemos hoy no es el mismo que tuvimos cuando dimos nuestros primeros pasos; de hecho, el cuerpo que teníamos hace años ya no existe. Y sin embargo, aquí estamos. ¿Qué nos hace ser nosotros mismos? ¿Existe algo, una “chispa” o “alma” en algún lado que nos hace ser lo que somos? Porque definitivamente, no somos el cerebro o la mente, ya que incluso éstos están hechos de materiales reciclados: como elegantemente expresó el divulgador científico Carl Sagan: “El nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro en nuestra sangre, el carbono en nuestras tartas de manzana. Todos ellos se crearon en el interior de estrellas colapsadas. Estamos hechos de material estelar.” Tal vez, nuestra humanidad depende de nuestros recuerdos, o de nuestro “libre albedrío”… pero eso es algo que de momento, sólo un filósofo podría contestar.

Así entonces, al cargar nuestra consciencia a la noósfera digital, ¿es realmente un ser humano lo que está ahí? ¿O sólo una simulación, un programa que así lo aparenta? Inteligentemente, el filme Transcendence mantiene la ambigüedad casi hasta el final, sin embargo deja muy en claro que siendo un espectador, la respuesta a esta pregunta es imposible de saber:

[El Dr. Joseph Tagger (interpretado por Morgan Freeman), agente del FBI y amigo de Evelyn, ingresa por primera vez al complejo subterráneo donde la consciencia digital del Dr. Caster posee su núcleo neural]

Joseph Tagger: ¿Will?

Will Caster: ¿Sorprendido de verme, Joseph?

Joseph Tagger: Um… Eso depende.

Will Caster: ¿De qué?

Joseph Tagger: ¿Puedes probar que eres auto-consciente?

Will Caster: Esa es una pregunta difícil, Dr. Tagger. ¿Puede probar que usted lo es?

Evelyn Caster: Bueno, ciertamente no ha perdido su sentido del humor.

— Transcendence (2014).

Finalmente, el momento en que dejemos de reproducirnos y pasemos a ser entes cibernéticos, nos extinguiremos como especie, pues una de las principales responsabilidades de un organismo biológico es precisamente, pasar sus genes a futuras generaciones. Sin embargo, considerando lo desigual que es nuestra especie, es muy probable que terminemos con dos o más clases sociales separadas por una barrera económica: por un lado, aquellos que tienen los recursos y están dispuestos a hacer el upgrade; por otro, las masas de habitantes del tercer mundo que continuarán viviendo bajo las limitaciones de nuestra biología. Algunos ejemplos con esta espantosa barrera social y la discriminación que resulta de ella lo podríamos ver en las películas de ciencia ficción Gattaca (1997), Código 46 (2003) y Elysium (2013).

Pic: Human vs. Robot

Algunos autores consideran a la IA como la última invención de la humanidad. Puede que así sea, sin embargo es muy poco probable que nos exterminen mediante una revolución al estilo The Terminator (1984) y sus secuelas. Lo más probable es que poco a poco, nos reemplacen; primero en las labores físicas, luego las técnicas. Y si en algún punto las máquinas adquieren empatía, tal vez hasta en aquellas labores que hoy en día nos parecen exclusivas de los seres humanos, como el arte o las relaciones públicas. Entonces nuestra sociedad se dividirá entre aquellos dispuestos a integrarse a la nueva estructura social, pagando por mejoras cibernéticas y/o terapia genética, y aquellos que no quieran – o no puedan. (Fuente: business2community.com)

Así que, tal vez la mejor estrategia de supervivencia de nuestra especie se dé por sí misma: tres o más especies con un ancestro común, como usualmente ocurre en la naturaleza. Por un lado, seres humanos “normales” siguiendo, más por necesidad que por voluntad propia, el camino natural de nuestra evolución; por otro lado, “humanos mejorados” del primer mundo que mediante ingeniería genética y la ayuda de nano-replicadores puedan vivir más y mejor; finalmente, cyborgs y ciudadanos digitales que se concentren en evolucionar culturalmente.

Puede que el futuro del hombre nos ponga los pelos de punta debido a las incontables pesadillas que pueden surgir de esta nueva realidad, pero a final de cuentas, mientras algún descendiente nuestro logre sobrevivir y expandirse al resto del universo, llevando consigo lo mejor de nuestra historia, cultura y valores, los Homo Sapiens podremos irnos con la frente en alto. Ya que dejar un legado así que perdure hasta el “final de los tiempos” es lo que más importa.

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¿Que pasara durante un primer contacto con extraterrestres?

04/08/2014

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Sólo existen dos posibilidades: estamos solos en el Universo o no lo estamos. Ambas son igualmente aterradoras.

Arthur C. Clarke (1907 – 2008). Escritor británico de divulgación científica y ciencia ficción.

En una buena parte de la literatura de ciencia ficción somos testigos del escenario de contacto con extraterrestres más popular de todos: qué pasaría si somos invadidos por una fuerza hostil. Ciertamente, el argumento surge de nuestras propias experiencias como especie, donde “matar o morir” ha sido el pan nuestro de cada día durante los últimos 12,000 años. Sin embargo, ya que estas historias son escritas de, por y para seres humanos, la mayoría de las veces, el relato termina en que la humanidad logra repeler a los invasores y triunfar ante la adversidad. Claro que este escenario, para bien o para mal, tiene una posibilidad prácticamente nula de llegar a suceder: ya sea porque nosotros no tenemos nada atractivo como para ser invadidos, o por el contrario, en caso de ser el blanco de un “imperio galáctico”, seríamos aniquilados sin siquiera tener tiempo para reaccionar.

Un tema poco tratado en la ciencia ficción o la literatura científica es qué pasaría REALMENTE si fuésemos contactados en nuestra época actual: qué impacto tendría tal evento sobre nuestra civilización a corto, mediano y largo plazo. De hecho, sí existen estudios serios al respecto, ya que esta situación tiene una mayor probabilidad de ocurrir de lo que creemos:

En 1962 inició la era espacial comercial, cuando el satélite artificial Telstar-1 comenzó a retransmitir señales de telecomunicaciones sobre los Estados Unidos. Desde ese momento y hasta la fecha, de forma inadvertida hemos venido transmitiendo nuestra presencia al resto de la galaxia. Expandiéndose de manera ininterrumpida, nuestras ondas de radiofrecuencia han cubierto una esfera de unos 52 años luz de radio; lo suficiente como para llegar a unas 2,000 estrellas, de las cuales 63 tienen las mismas características de nuestro Sol y hasta este momento, sabemos que 11 de ellas tienen planetas. De acuerdo a los últimos cálculos, la civilización extraterrestre más cercana a nosotros se encuentra a unos 57-65 años luz de distancia, por lo que faltan algunos años para que ellos se den cuenta que estamos aquí, y al menos un par de generaciones más para que recibamos un posible mensaje de respuesta. Por ello, muchas instituciones han empezado a cambiar su actitud con respecto a un posible contacto con extraterrestres: por ejemplo, la Iglesia Católica ha declarado que “Así como existen una multiplicidad de criaturas en la Tierra, pueden existir otros seres, hasta inteligentes, creados por Dios. Esto no contradice nuestra fe porque no podemos poner límites a la libertad creativa de Dios.” ¿A qué se debe este cambio tan radical? Muy sencillo: a partir del primer contacto, nuestras instituciones tendrán que reinventarse a sí mismas o resignarse a desaparecer.

Escenarios de contacto

En el estudio “¿El contacto con extraterrestres beneficiaría o perjudicaría a la humanidad? Un análisis de escenarios” (Would Contact with Extraterrestrials Benefit or Harm Humanity? A Scenario Analysis) desarrollado por la agencia espacial norteamericana, parten de tres contextos y una multitud de posibilidades dependiendo de cada uno de ellos:

• En el primero, conocido como malévolo, el contacto es perjudicial para nosotros. Dentro de este escenario, existen dos posibilidades: si los extraterrestres vienen con malas intenciones (modelo catastrófico), éste sería el fin de nuestra evolución, pues las diferencias tecnológicas serían apabullantes. Por el contrario, si se tratase de un accidente, hay una posibilidad de que nosotros sobrevivamos, pero al final no existiría un diálogo o intercambio significativo de ideas. Ejemplo de este escenario podría ser una nave espacial viajando a velocidades cercanas a la de la luz, chocando contra la Tierra y generando una gran devastación; otro podría ser la introducción no intencional de especies invasivas que sólo pueden ser detenidas mediante una solución extrema.

• El segundo, es el resultado de una presencia neutral por parte de los extraterrestres: es posible que seamos considerados poco interesantes o inútiles a sus propósitos, que sean extremadamente diferentes o se encuentren demasiado lejos de nosotros para considerarnos dignos de cualquier atención. Existen muchas razones por las que ellos no nos han contactado, pero una de las más convincentes implica que somos considerados como niños, que debemos madurar por nuestros propios medios. Nuestra “mayoría de edad” se cumplirá una vez que logremos sobrevivir a la adolescencia tecnológica sin destruirnos a nosotros mismos. Cuando hayamos alcanzado la suficiente capacidad social y técnica (por ejemplo, el nivel I en la Escala de Kardashev), los seres humanos podremos ser aceptados como iguales. Otra posibilidad interesante al respecto, es que los alienígenas siguen el modelo post-biológico, en el que los ovnis NO son piloteados por extraterrestres; los ovnis SON los extraterrestres. Así, un escenario en el que ellos son sintéticos parece una causa bastante razonable al “gran silencio”: las máquinas serían infinitamente más inteligentes, durables y capaces de dirigir su propia evolución, a través de actualizaciones que contienen el conocimiento previo de todos sus ancestros. Siendo así las cosas, no tendríamos mucho que ofrecer, incluso como especímenes de laboratorio.

pic: Solaris, a truly alien alien



Un extraterrestre realmente exótico: en la imagen, Solaris, una conciencia alienígena con forma de océano planetario. De acuerdo a la novela, ha pasado casi un siglo desde su descubrimiento, y los seres humanos aún no han logrado descifrar los fenómenos que en él ocurren. De hecho, ni siquiera saben si el concepto de “contacto” puede considerarse como tal.

Los extraterrestres se distinguen porque pueden poseer cualquiera de las siguientes características:

• Son invertebrados o poseen una biología diferente a la nuestra. Por ejemplo, están basados en silicio, en vez del carbono como nosotros.

• No poseen una psicología humana, desconociendo valores como el amor, la generosidad, el odio, o la manipulación.

• Por otro lado, ellos no pueden sobrevivir en las condiciones medioambientales de la Tierra (rica en oxígeno y nitrógeno, y con un alto contenido de agua); o son capaces de sobrevivir en casi cualquier lugar, incluyendo el espacio profundo.

• Poseen habilidades motoras, sensoriales o de comunicación muy diferentes a las nuestras.

• Mantienen una reproducción no-humana, tal como gemación, inmortalidad virtual, partenogénesis, o clonación.

Sin embargo, se les debe considerar como personas, ya que deben tener:

• Algún tipo de lenguaje, no necesariamente verbal, que podamos aprender e interpretar – o tal vez no, pero al menos podemos reconocerlo como tal.

• Una cultura que incluya conocimientos, símbolos, organización o ideas.

• Sus propios sistemas de creencias, incluso si pueden parecernos repugnantes o difíciles de entender.

• Una mente que admita lógica o intuición; no necesariamente de acuerdo a nuestros parámetros, sino de acuerdo a los de ellos.

• Por lo menos algo en común con los seres vivos con los que estamos familiarizados: comen, duermen, se reproducen. Son claramente criaturas orgánicas, o bien seres mecánicos.

(Fuente de la imagen: io9.com)

• El tercer escenario de contacto considera una interacción benévola de parte de los posibles visitantes. Éste se divide en dos posibilidades: sólo detección remota y cooperación activa. La detección remota es más probable, ya que la comunicación a través de radiofrecuencia es relativamente fácil de alcanzar. Finalmente, la cooperación activa significa que dentro de sus planes incluyen integrarnos a la “Comunidad Galáctica”. Para este último escenario existen tres posibilidades: que ellos sólo intervengan en caso de un “peor escenario” (por ejemplo, evitando que nosotros cometamos un suicidio colectivo mediante una guerra nuclear); o que ellos ya están aquí, trabajando “tras bambalinas” para mejorar el bienestar de nuestra especie; o de acuerdo al modelo milenarista, ellos ya establecieron contacto, pero están trabajando secretamente con algunos de nuestros gobiernos para revelar su presencia poco a poco, evitando en la medida de lo posible un shock cultural.

La respuesta inmediata

Ahora bien, asumiendo cualquiera de estos últimos escenarios de contacto, ¿cómo reaccionaría la humanidad al enterarse de que no estamos solos? En el interesante artículo de la Royal Society titulado “Miedo, pandemonio, ecuanimidad y deleite: la respuesta humana ante vida extraterrestre” (Fear, pandemonium, equanimity and delight: Human responses to extra-terrestrial life), el autor detalla cómo el proceso de contacto determinará la reacción ante un evento de tal magnitud, incluyendo:

• Contacto remoto: señal de radio o descubrimiento de una obra de ingeniería fuera de nuestro planeta.

• Lugar del contacto: ¿Estados Unidos? ¿Corea del Norte? ¿Sudáfrica?

• Agentes involucrados en el descubrimiento inicial: científicos, personal militar, civiles.

• El mensaje en sí: divulgación científica, tratados religiosos, teorías políticas, comunicación incidental.

Por ello, en caso de detectar un mensaje incidental salido del otro lado de la galaxia, la sociedad reaccionaría de cierta manera; si fuésemos testigos de un violento choque en alguna de las lunas de Júpiter o llegáramos a toparnos con un platillo volador en medio de Washington, DC, ésta sería muy diferente. Independientemente de las intenciones de los extraterrestres, se tendrían dos reacciones opuestas: por un lado, la detección de una señal artificial proveniente de algún punto de nuestra galaxia. Por el otro, la repentina presencia de naves de origen desconocido, ya sea en la órbita terrestre o en la superficie de nuestro planeta.

En caso de que el primer contacto sea remoto, no pasaría demasiado en un principio. De primera instancia, la comunidad científica buscaría comprobar que el descubrimiento es real; de ser cierto, éste sería notificado a las Naciones Unidas. Seguirían algunos encabezados en los periódicos más importantes. Finalmente, se crearían “comisiones especiales” para determinar qué hacer con el mensaje y cómo responder:

Muchas organizaciones, incluidas las instituciones políticas (congresos, parlamentos), agencias administrativas (departamentos de estado, comisiones regulatorias), la milicia, agencias de inteligencia, sociedades profesionales, iglesias, y muchos otros que piensan que tienen una participación en el descubrimiento, jugarán un papel importante. Muchas de ellas serán dependientes unas de otras para su análisis y asesoramiento.

Harrison, A. A. (2011). “Fear, pandemonium, equanimity and delight: Human responses to extra-terrestrial life”. Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences.

Puesto que el mensaje no será claro en un inicio, tendremos que esperar a la validación de su contenido, lo que podría tardar años en ser descifrado; en un peor escenario, tal vez nunca nos enteraremos de qué se trata. De cualquier manera, el acontecimiento sería histórico, ya que confirmaría las sospechas de una buena parte de la población mundial. Sin embargo, éste evento no representaría un impacto significativo en la vida de los habitantes de la Tierra; al menos no en el corto plazo.

En el otro extremo de la escala existe la posibilidad de un contacto “frente a frente” o a través de sondas autónomas. Considerando que el 20-25% de las personas cree firmemente en la existencia de vida extraterrestre, y una buena parte incluso supone que ya están entre nosotros, es poco probable un “colapso de la civilización”:

Existen grandes mitos derivados de la posibilidad de un contacto con extraterrestres. Tres de estos mitos son: (i) la población entraría en pánico debido a esta situación, (ii) habría un fuerte aumento en la conducta antisocial y criminal y (iii) las personas dentro de la zona afectada esperarían con impotencia el rescate desde el exterior. Estos mitos han sido refutados una y otra vez. De hecho, el pánico es excepcionalmente raro. Muchas personas asocian el “pánico generalizado” a la transmisión radial de Orson Welles en 1937 sobre la invasión marciana de los Estados Unidos. Sin embargo, la vasta mayoría de los radioescuchas no se dejó engañar, y muchas de las personas que tomaron los informes como un hecho, reaccionaron de maneras que tienen sentido, tales como meterse en el coche para buscar una prometida detrás de las líneas enemigas; rellenar las ventanas con trapos húmedos para retardar la entrada de gas venenoso, o reportarse a servicio en la armería local.

Harrison, A. A. (2011). “Fear, pandemonium, equanimity and delight: Human responses to extra-terrestrial life”. Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences.

La gente ordinaria estaría al pendiente de la situación en todo momento, sin entrar en pánico pero tomando sus propias precauciones – comprar víveres “por si acaso”, salir de la ciudad en caso de avistar una enorme nave suspendida en el cielo. El ejemplo más claro es la situación vivida por la población mundial durante el atentado a las Torres Gemelas, ocurrido el 11 de Septiembre de 2001: debido a la incertidumbre, muchas bolsas de valores cerraron temprano aquél día; por obvias razones, los servicios de emergencia recibieron un enorme tráfico adicional de llamadas, y alrededor del mundo se produjo un incremento generalizado en las medidas de seguridad. Si bien todos recordamos dónde estábamos durante el momento de los ataques, en términos generales, la vida siguió su curso. En caso de un contacto escasamente planeado, es muy probable una movilización de fuerzas armadas alrededor del mundo, órdenes de no-vuelo, así como la evacuación de las zonas cercanas a los sitios de aterrizaje como medida precautoria. Inicialmente, vehículos no tripulados se aproximarían a las naves o sondas, transmitiendo la información a sus respectivos cuarteles generales.

Indudablemente, ellos serán muy diferentes a nosotros: la ciencia ficción es ávida en definir a otros habitantes de la galaxia como humanoides que caminan en dos piernas, poseen dos brazos y se parecen ya sea a nuestra especie o a cualquiera de las que tenemos aquí en la Tierra; el problema es que las series de televisión y películas más célebres de este género no tenían muchas opciones, pues debían trabajar con actores maquillados, marionetas o creaciones por CGI que no fueran totalmente incomprensibles para el público. Sin embargo, puede darse una paradoja: que sus representantes tengan apariencia humana. Aunque esto generaría muchísima especulación, esto podría deberse a una de dos posibilidades: ya sea que ellos han clonado a algunos seres humanos para interactuar más fácilmente con nosotros, o los visitantes están usando algún otro medio (¿Metamorfismo? ¿Hologramas? ¿Poli-aleación mimética?), con el afán de parecerse a nosotros y no causar pánico. Y en sentido contrario puede darse lo mismo: es posible que nosotros tengamos que “improvisar” para tener una comunicación efectiva con nuestros interlocutores alienígenas, en un ambiente placentero para ellos:

pic: Impromptu First Contact ~ Michael Dashow


Si alguna vez nos encontramos con otra especie inteligente, ¿hay alguna garantía de que ellos nos reconozcan a nosotros como inteligentes también? Aquí, unos “extraterrestres con cara de marioneta” sólo parecen responder ante algo que luce como ellos; de ahí el uso improvisado del calcetín de un compañero como medio de comunicación. ¡Parece estar funcionando! (Fuente de imagen y pie de página: Michael Dashow Portfolio)

Si bien puede haber vaqueros de gatillo fácil entre nosotros, los extraterrestres seguramente tendrán la precaución de poseer defensas pasivas, tales como campos de fuerza o trajes hechos de nanotubos de carbono, pues estarían conscientes de que somos primitivos y todavía reaccionamos mal ante lo desconocido. Reconociendo que somos una especie que todavía venera las jerarquías, después del saludo inicial ellos buscarán tener una reunión con nuestros máximos representantes. Si nuestros líderes son lo suficientemente inteligentes, sabrán que deberán resistir toda tentación de encerrarlos en un calabozo con el objetivo de efectuar un interrogatorio, a sabiendas que nuestra mejor opción es conducirlos al podio central en las Naciones Unidas. Por razones de seguridad, los jefes de estado seguirán atentamente los acontecimientos desde la confortable – aunque escasa – seguridad de sus búnkeres.

Una vez pasada la sorpresa inicial, nos enteraremos de la razón del contacto; puesto que ellos han decidido acercarse a nosotros de manera formal, muy probablemente los visitantes nos han estado observando por algún tiempo. Si es el caso, probablemente ellos entenderán algunos de nuestros lenguajes. Para comunicar sus intenciones, es enteramente probable que ellos interfieran nuestras transmisiones de radio, televisión e Internet; si los extraterrestres tienen sentidos parecidos a los nuestros, es posible que ellos se comuniquen mediante señales audiovisuales.

Impacto a largo plazo

Es universalmente aceptado que el primer contacto dejará una profunda huella en el desarrollo de nuestra especie, palpable por cientos, miles o millones de años después del evento inicial. El simple hecho de saber que no estamos solos puede cambiar nuestra perspectiva como individuos, grupo social, nación y especie: darnos cuenta que somos únicos y que sólo tenemos un planeta Tierra; que estamos fallando como especie al dejar que nuestro planeta agonice por nuestra propia acción; que una buena parte de nuestra población no sabe leer ni escribir y que otro tanto sufre de desnutrición crónica. Y lo peor de todo es que aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas, están cómodos con el statu quo. Esto podría significar que al tratar de estudiar una inteligencia extraterrestre, finalmente lleguemos a la suficiente introspección como para tomar acciones definitivas al respecto. Pero, dejando de lado ideas románticas, ¿cuáles son las principales áreas afectadas por tal descubrimiento? Pueden dividirse en cuatro tipos: teológico, político, científico y biológico; todos ellos con su consecuente revolución social:

Impacto Teológico

Si se confirma la existencia de vida extraterrestre inteligente, todas las doctrinas religiosas tendrán que reinterpretar sus escrituras para adaptarse a la nueva realidad; de la misma manera en que el Cristianismo tuvo que hacerlo cuando se confirmó que el Sol no gira en torno a la Tierra, o que debido a la evolución, los seres humanos llegamos a ser la especie dominante sobre el planeta. Sin embargo, el proceso no será una tarea fácil; especialmente para las religiones Judeocristianas debido a que son sumamente antropocéntricas: tan sólo digamos que en el país más “avanzado” del mundo, el 16% de la población sigue pensando en el Creacionismo como una verdad absoluta.

El factor determinante en el futuro de nuestras religiones reside en el sistema de creencias de los extraterrestres. Ya sea que ellos hayan resuelto las eternas preguntas: ¿Existe Dios? ¿Por qué estamos aquí? ¿Hay vida después de la muerte? y el resto de la humanidad se una a la fe visitante, o nosotros encontremos que no hay una “verdad única” y logremos alcanzar una mayor tolerancia religiosa, o finalmente nos demos cuenta que la religión sólo era un desesperado intento por no sentirnos tan insignificantes y solos ante el resto del universo, y terminemos por abolir la religión en toda su extensión.

Impacto Político

Existe una idea equivocada acerca de la manera en que el Imperio Azteca cayó a manos de conquistadores españoles a principios del siglo 16. Se cree que debido a una tecnología superior – caballos, armaduras de hierro, espadas y cañones – así como la falsa impresión de que eran descendientes de los dioses, Hernán Cortés y un puñado de 400 españoles pudo destruir un imperio con más de 300,000 guerreros y conquistar toda una extensión de tierra poblada por hasta 30 millones de personas. La realidad es que debido a los azares del destino, Cortés y sus hombres se hicieron aliados del Señorío Tlaxcalteca, quienes eran acérrimos enemigos de los aztecas. Por otro lado, los aztecas sabían que los españoles eran hombres de carne y hueso, pero al menos en un principio, decidieron actuar cautelosamente, recibiendo a Cortés y sus aliados como huéspedes hasta que supieran cuáles eran sus verdaderas intenciones. Lamentablemente, con la Matanza del Templo Mayor, los españoles demostraron su naturaleza depredadora. Para no hacer el cuento largo, apoyados por casi 200,000 guerreros tlaxcaltecas y una terrible epidemia de viruela, dos años más tarde, Cortés y sus aliados eventualmente destruyeron al Imperio Azteca.

Así como los tlaxcaltecas, muchos países podrían tratar de aprovechar la situación para incrementar su poder: los extraterrestres no necesariamente comparten nuestros valores sociales, incluyendo confianza en la democracia, el libre mercado como sistema económico o la plenitud del ser como máxima aspiración. Supongamos que debido a sus propias circunstancias históricas, los visitantes son parte de un estado policial con una economía planificada en la que la máxima aspiración del individuo sea el logro colectivo. Los visitantes considerarían como aliados naturales y representantes de nuestra especie a… China y posiblemente, Rusia. Y esto no es malo, a menos que nuestro país haya tenido fricciones recientes con ambos.

Incluso si los visitantes tratan de mantenerse neutrales ante nuestros conflictos, a menos que logremos resolver nuestras diferencias, es muy probable que de la misma manera que una madre separa a sus dos hijos pequeños cuando están en medio de una pelea, una civilización extraterrestre intervendría, no necesariamente con sonrisas y caricias, sino mediante una muestra de poder para que ambos pongan fin a sus diferencias, posiblemente de manera terminal.

Impacto Científico y Tecnológico

Asumiendo que una civilización extraterrestre esté dispuesta a compartir su conocimiento, la magnitud del impacto dependerá de acuerdo al tipo de comunicación. Si el contacto se establece a través de ondas electromagnéticas, muy probablemente éste sea bastante limitado en un principio. Conforme el contenido del mensaje vaya siendo descifrado, pueden descubrirse importantes avances en ciencia y tecnología; el más relevante de éstos puede ser el acceso a la así denominada Enciclopedia Galáctica, que de acuerdo al honorable Carl Sagan, sería un directorio de las civilizaciones tecnológicas en la Vía Láctea. Más allá de eso, los avances científicos pueden buscarse en la literatura de ciencia ficción: nanorobótica industrial, monopolos magnéticos, fusión nuclear, transmisión de la materia, maquinaria cuántica. Y sus aplicaciones igualmente increíbles: conciencia digital, comunicación ansible, energía barata e ilimitada, inmortalidad clínica y un gran etcétera.

El mayor reto derivado de la tecnología extraterrestre consiste en definir quién será el responsable de administrarla: los grandes corporativos transnacionales buscarán apropiarse de las patentes salidas de esta tecnología, lo que puede derivar en la intervención directa de los gobiernos mundiales para salvaguardar sus intereses económicos y comerciales, resultando en múltiples conflictos, incluyendo aquellos de índole militar. Por ejemplo, de saber que existe una forma barata de convertir el agua de mar en energía, los grandes consorcios petroleros usarían todos los recursos a su alcance para evitar a toda costa que dicho conocimiento se haga público, incluyendo echar mano del complejo industrial-militar. Si los líderes mundiales llegan a trabajar como verdaderos estadistas, deberán otorgar los poderes necesarios a una organización mundial para que administre estos conocimientos de forma autónoma, declarándolos como patrimonio de la humanidad, y ahorrándonos a todos muchos dolores de cabeza.

Independientemente de quién controle estas tecnologías, la realidad es que más temprano que tarde éstas saldrán a la luz. Al principio, la humanidad venerará el conocimiento adquirido, sintiéndose muy inferior a los extraterrestres. Conforme vaya pasando el tiempo, crecerá gradualmente nuestra confianza gracias a una cada vez mayor exposición a la ciencia, tecnología y cultura de una o múltiples civilizaciones más avanzadas que la nuestra. Eventualmente, ocurrirá una singularidad tecnológica; aquellos que han vivido en la era pre-contacto sufrirán de “shock cultural” debido a la vertiginosa velocidad con la que estos avances son adquiridos e implementados: actualmente, es muy difícil para una buena parte de la población hacer uso de los frutos de la “era digital”, incluyendo teléfonos móviles, computadoras e Internet. La adopción de tecnología extraterrestre significará un cambio total de valores sociales, tabúes, motivaciones y patrones de comportamiento. Por ejemplo, ¿qué pasaría si tuviésemos acceso a la teletransportación? Independientemente de los increíbles requisitos necesarios para implementar dicha tecnología, la posibilidad de mover lo que sea – alimentos, mercancías, materiales, tropas – de forma instantánea a cualquier punto del planeta cambiaría absolutamente todo, ya que el concepto de distancia se volvería irrelevante, como en cierta película de ciencia ficción con una muy interesante premisa, pero sosa ejecución:

[primeras líneas]

Déjenme contarles acerca de mi día hasta ahora. Café en París, surf en las Maldivas, una pequeña siesta en el Kilimanjaro. Oh, sí, tengo el teléfono de esta chica polaca en Río. Y entonces di un salto atrás para el último cuarto de la final de la NBA – junto a la cancha por supuesto. Y todo eso antes del almuerzo. Podría seguir, pero lo único que digo es que estoy en la cima del mundo.

— David Rice, Jumper (2008).

Impacto Biológico

El mayor peligro al que puede enfrentarse la humanidad en caso de un primer contacto tiene que ver con la biología extraterrestre. Sin proponérselo, los visitantes podrían traer a la Tierra especies invasivas que causen estragos en los ecosistemas locales. Esto no se debe necesariamente a que un chupacabras se alimente de nuestro ganado, sino a organismos que puedan desplazar por completo a la biología terrestre de sus respectivos nichos ecológicos. Un excelente ejemplo lo encontramos en el Tiberium, una sustancia que tiene las características de un hongo terrestre y que posee un rol central en la serie de videojuegos Command & Conquer:

En el juego, los cristales de Tiberium proliferan de diferentes maneras. En la forma más simple y común, una “vaina” de Tiberium crecerá “raíces”, que a su vez crean más vainas. El Tiberium también se propaga infectando árboles, mutándolos en los llamados “árboles de propagación”, cuyas semillas permiten a la sustancia viajar a través de grandes extensiones de tierra […] también se propaga a través de fisuras en la corteza terrestre […] estas concentraciones de Tiberium son como “extrañamente hermosos campos de cristales verdes que [aniquilan] todo a su alrededor”. La sustancia es radiactiva y muy tóxica para la vida basada en el carbono, causando la muerte o mutaciones genéticas graves en plantas, seres humanos y animales por igual […] es a la vez “un don y una maldición – un recurso y una plaga.”

— Mike Verdu, productor ejecutivo de Electronic Arts. Definición de Tiberium en Wikipedia.

Por el contrario, aunque la posibilidad es mínima, si los seres humanos o cualquier otra especie de nuestro mundo son compatibles con ellos, existe también la posibilidad de crear híbridos. Aunque esto entra de lleno al terreno de la ciencia ficción, si llegan a faltar individuos dispuestos a cruzar el tabú de la procreación inter-especies, indudablemente alguna obscura organización terminará por crear un híbrido de manera artificial. Un potencial peligro de este tipo de investigación es que incluso si el contacto se lleva a cabo a través de señales electromagnéticas, nosotros podríamos recibir la información necesaria para crear mortales armas biológicas.

Finalmente, un punto a tomar en cuenta: en una buena parte de la literatura y filmes de ciencia ficción se retrata a sociedades con múltiples seres de diferentes especies conviviendo hombro con hombro, como en la legendaria Cantina de Mos Eisley. En realidad, esto es prácticamente imposible, ya que cada especie tiene sus propias necesidades de alimentación, salud e higiene, que en algunos casos pueden ser totalmente incompatibles. Por ello, por más cercana que sea la colaboración entre dos o más civilizaciones, sus poblaciones tendrían que mantenerse segregadas, al menos hasta que se encuentre una solución satisfactoria que considere todas las posibles variables: administración de residuos, servicios de salud, así como una manera poco disruptiva de generar los nutrientes necesarios para todas las especies involucradas. Si bien muchos consideran que todas las formas de vida en el universo deberían ser compatibles ya que están compuestas de los mismos elementos, olvidan que el arsénico y el fósforo también son parte de estos “elementos básicos”.

pic: Alien and Predator


Dejando de lado el hecho de que el bocadillo favorito de ambos extraterrestres somos nosotros, sólo queda responder a la pregunta: si alguno de ellos tiene que hacer sus necesidades, ¿el otro podría usar las mismas instalaciones sanitarias? (Fuente: aintitcool.com)

Conclusiones

Un primer contacto será el descubrimiento más extraordinario de todos los tiempos, y significará la promesa de una nueva era, abriendo incontables posibilidades para nosotros y nuestros descendientes. ¿Cuál será el futuro de nuestra especie después de un primer contacto? De acuerdo a estudios serios, nuestra sociedad podrá sobreponerse a tan fantástica noticia sin que se derrumben nuestros sistemas de creencias o se produzca un colapso de la civilización. De hecho, para aquellas generaciones que hemos crecido con tecnologías que apenas hace veinte años hubiesen parecido ridículas, estaremos lo suficientemente preparados para lidiar con la noticia de que no estamos solos en el universo. Por otro lado, existe la posibilidad de que nuestras instituciones y líderes reaccionen de la misma manera que siempre lo han hecho ante cualquier descubrimiento que cambie las reglas del juego: buscarán obtener algún beneficio, ya sea económico, social, militar o político. Si como especie no logramos llegar a un acuerdo para que todos y cada uno seamos partícipes de esta oportunidad, eventualmente nuestras viejas costumbres se harán presentes: miedo, codicia, ignorancia y odio. Si esto parece catastrofista, es porque después de todo, tan sólo seguimos siendo seres humanos:

El hombre ha salido a explorar otros mundos y otras civilizaciones, sin haber explorado su propio laberinto de oscuros pasadizos y cámaras secretas, y sin haber encontrado lo que hay detrás de las puertas que él mismo ha sellado.

Stanislaw Lem (1921 – 2006). Filósofo y escritor polaco de ciencia ficción.

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Soylent: ¿el futuro de la alimentación?

08/30/2013

Scibook [Icon By Buuf]  Ciencia y Tecnología.

[últimas líneas]

Detective Thorn: Es gente. El Soylent Verde está hecho de gente. Están haciendo nuestra comida de gente. Después seremos criados como ganado de engorda. Debes decirles. ¡Debes decirles!

Hatcher: Te lo prometo, Tigre. Notificaré a la central.

Detective Thorn: Diles a todos. Escúchame Hatcher. ¡Debes decirles! ¡El Soylent Verde es gente! ¡Debemos detenerlos de alguna manera!

Como hemos venido alertando desde hace algún tiempo, los recursos y procesos de regeneración de nuestro planeta se están agotando. A este paso, cada día que pasa se vuelve más critico buscar alternativas, incluyendo soluciones de alta tecnología tan espeluznantes como “árboles de pollos” para una producción masiva de alto rendimiento, o Googleburguers sintéticas, generadas mediante cultivos in vitro en el laboratorio. Sin embargo, esto no soluciona el problema por completo, ya que seguimos cortando árboles para construir estacionamientos, criar animales o plantar vegetales: de acuerdo a algunos estudios, el 22% de las emisiones globales son causadas por la agricultura, silvicultura y crecimiento urbano.

Es así como presentamos a Rob Rhinehart, un ingeniero de software norteamericano que, harto de “perder el tiempo” al comprar, preparar y consumir sus alimentos, comenzó a buscar la manera de reemplazar una dieta basada en carnes, cereales, frutas y verduras, por los elementos químicos que los componen, con el afán de prepararse una malteada energética con la que cumpla todas sus necesidades nutricionales. Y es que en sus propias palabras, “No creo que necesitemos fruta y verdura. Sólo necesitamos vitaminas y minerales. Necesitamos hidratos de carbono, no pan. Aminoácidos en vez de leche. Está bien comerlos si quieres, pero no todos pueden pagarlos o tienen el deseo de comerlos. La comida debería ser optimizada y personalizada” Es más, en nuestra dieta regular, muchos de nosotros también incluimos suplementos como proteína de suero de leche y multivitamínicos, por lo que tomar pastillas, cápsulas y polvos de sabor que complementen o reemplacen los alimentos no debería sonar tan extraño.

Es así como este muchacho inició un experimento, donde él mismo fungió como conejillo de indias. En vez de alimentarse “normalmente”, Rhinehart mezcló y comenzó a tomar diferentes ingredientes bioquímicos como maltodextrina, carbonato de calcio y metilsulfonilmetano, utilizando aceite de oliva y sal de mesa como base para la malteada. Después de un par de meses, Rhinehart realizó algunos ajustes a la receta, logrando una fórmula de 37 ingredientes. Lo interesante es que de acuerdo a su blog personal, Rhinehart no sólo mejoró su condición física y mental, sino que también ahorró dinero, pues él pasó de gastar mensualmente US$470 (MXN 5,992.50) a US$154.82 (MXN 1,973.96) por una dieta de 2,629 calorías por día. De igual manera, Rhinehart dejó de generar tanta basura, gracias a una menor cantidad de envolturas, empaques y restos de comida.

pic: Soylent

El menjurje que ha dado tanto de qué hablar. (Fuente: Forbes)

Después de haber llevado a cabo el experimento por más de tres meses, la noticia se volvió viral, por lo que muchos seguidores de Rhinehart le solicitaron la receta y de ser posible, una muestra de este “elíxir mágico”. Es así como éste decidió bautizar su revoltijo como Soylent, basándose en un “sustituto de carne” descrito en la novela Make Room! Make Room!, por el autor norteamericano Harry Harrison. Personalmente, creo que éste fue un error de marketing bastante evidente, ya que el Soylent se asocia más a la película Soylent Green (1973) en la que dicho alimento estaba hecho de seres humanos. En fin, después de una inesperadamente exitosa campaña de crowdfunding, Rhinehart logró reunir un millón de dólares con los que comercializará el Soylent durante finales de Septiembre de 2013. Soylent Corporation, la compañía fundada por Rhineharth, ya tiene pedidos por más de 450,000 comidas individuales, comenzando las entregas en Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y México en Diciembre de este mismo año.

Aterrizando los hechos

Anteriormente ya existían “alimentos medicinales” de este tipo, como el Ensure o el Plumpy’Nut, los que son administrados a personas con problemas del tracto digestivo, incluyendo aquellos con operaciones recientes, alergias o desnutrición. Sin embargo, previamente nadie había considerado la posibilidad de eliminar completamente los alimentos por el resto de nuestras vidas. Para ser honestos, Rhinehart nunca ha argumentado que las personas sólo consuman Soylent. Más bien es un biohack cuyo objetivo consiste en optimizar las funciones biológicas con pequeños ajustes aquí y allá, como aquella siesta de la cafeína publicada en este mismo blog. De hecho, no es posible ni deseable eliminar del todo el consumo de alimentos, ya que pueden existir problemas a largo plazo como desequilibrios en la flora intestinal, infecciones y problemas gástricos: por ejemplo, es bien sabido entre los veganos que si uno no ha comido carne por años, pasará por una muy mala experiencia al consumirla nuevamente.

Lo que nos lleva a la pregunta del millón: ¿es seguro? Al parecer, todos los ingredientes del Soylent han sido aprobados de forma individual por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos, así como por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Rhinehart razona que “Nadie realmente se preocupó por mi cuando tenía una terrible dieta de Doritos y comida rápida. Pero ahora que he inventado algo que es bueno para uno, todo el mundo está preocupado porque me mate a mí mismo”. Ciertamente, muy poca gente sabe o quiere enterarse de que los aditivos de los alimentos procesados, las hormonas encontradas en la carne y derivados de la leche, así como los organismos genéticamente modificados pueden tener serias repercusiones en nuestra salud si seguimos comiéndolos por años y años.

En la actualidad, ya hay algunos valientes pioneros que están dispuestos a experimentar los efectos, sabor y consistencia de este producto – un poco dulce pero prácticamente sin sabor; algo arenoso pero sin ser difícil de deglutir. Yo esperaría un poco a que pasen tanto el entusiasmo como la eventual desilusión por el Soylent, antes de adquirirlo. Siendo escépticos, puede que al final resulte en otro multivitamínico, o sólo en una moda pasajera. Pero, ¿y si no? tal vez estemos a punto de presenciar el futuro de la alimentación. En fin, hasta que no exista una señal clara de que el Soylent es seguro, sano y moderadamente barato, yo seguiré consumiendo mamíferos peludos, aves y seres acuáticos como plato fuerte.