Tres trabajadores provenientes de un determinado país comunista se encuentran encerrados en la misma celda, y se preguntan entre ellos cómo es que llegaron ahí. El primer hombre dice: “Siempre llegaba con diez minutos de retraso al trabajo, así que fui acusado de sabotaje.” El segundo hombre contesta: “Siempre llegaba diez minutos temprano al trabajo, así que me acusaron de espionaje.” El tercer hombre remata: “Siempre llegaba a trabajar a tiempo, así que me acusaron de tener posesión de un reloj occidental.”

— Anónimo. Foros de discusión en Freerepublic.com, extraído el 24 de Enero de 2017.

Uno de los primeros videojuegos para la PC que pude tener, por ahí de 1991, consistía en una simulación política, en la que el jugador tomaba el cargo de Secretario General del Partido Comunista de la Union Soviética. El juego se llamaba Crisis in the Kremlin, y fue publicado por la respetable (y ahora difunta) Spectrum Holobyte. El objetivo principal del juego consistía en establecer las políticas y presupuesto, así como responder a las emergencias sociales y políticas que ocurrían entre 1985 y 2017 en la antigua URSS, evitando en la medida de lo posible, su disolución – la cual, por ironías de la vida, ocurrió a mediados de ese mismo año.

Pic: Screenshot of Spectrum Holobyte's Crisis in the Kremlin (1991)
Un interesante aunque algo árido simulador político, que nos ponía en la silla presidencial de la desaparecida Unión Soviética, ajustando políticas y presupuesto de acuerdo a tres tendencias: los políticos de línea dura como Leonid Brézhnev, los reformistas como Mijaíl Gorbachov o los “radicales” como Borís Yeltsin. (Fuente: Leon’s Web Pages)

La característica más memorable consistía en los chistes subversivos que aparecían a lo largo del juego, similares al encontrado al principio de este post, mostrando de manera humorística las dificultades económicas y políticas a las que estaba expuesta la población soviética; problemas como falta de alimentos y productos básicos, corrupción y paranoia con un gran parecido a la situación que enfrenta Venezuela en estos momentos – y que al igual que nuestros hermanos Venezolanos, se debía en gran medida al sabotaje económico proveniente del exterior.

No obstante, la rejugabilidad de Crisis in the Kremlin es escasa, ya que muchos de los acontecimientos históricos ocurridos en la URSS durante las décadas de los 80 y 90 se repiten una y otra vez, como el accidente nuclear de Chernóbil, o la Guerra de Afganistán. Claro que, es interesante ver este choque entre lo que la sociedad soviética se supone que es y lo que el jugador debe hacer para mantener su país a flote – recordemos que éste es un juego producido de y para estadounidenses, por lo que la mecánica del juego nos obligaba a adoptar políticas liberales y economía de libre mercado si queríamos llegar a 1992 con una integridad territorial más o menos intacta. Por desgracia, esto hace imposible formular algunos experimentos, como seguir el camino Chino (férreo control de la vida política y una economía de mercado) o la ruta de las democracias Escandinavas (una democracia liberal con una economía socialista). En fin, en general este es un juego decente para quienes tengan interés en la historia de la Guerra Fría y deseen saber cuáles fueron algunos de los factores que contribuyeron a la caída del bloque socialista a principios de los años 90.

Es así como hace algún tiempo, me topé con un juego basado en el navegador llamado NationStates, que funciona bajo la misma premisa: el jugador establece una nueva partida al responder un breve cuestionario sobre el tipo de economía, derechos civiles y libertades políticas iniciales; luego proporcionamos un nombre, bandera y otros datos a nuestra nación, tales como animal nacional, moneda de cambio y lema oficial. Estas respuestas generarán un nuevo país listo para ser gobernado. Luego, a medida que pasa el tiempo (un par de minutos al principio, hasta varias horas para juegos más maduros), se nos presentarán diferentes eventos o crisis que debemos resolver de acuerdo a nuestras propias creencias: desde problemas que parecen triviales, tales como la manera en que el gobierno debe responder – o no – ante altas tasas de divorcio, convertirse en el anfitrión de la Fórmula 1 o legalizar el canibalismo (LOL), hasta temas muy serios de política, sociedad y economía de la vida real, tales como enfrentar la evasión fiscal, la legalización del aborto o aprobación de cultivo de transgénicos.

Pic: Screenshot of Max Barry's NationStates
Resultado típico al responder ante una crisis en NationStates: nuestras decisiones afectan ciertos indicadores de nuestro país virtual. En este caso, cuando algunos periodistas de nuestro país son secuestrados por extremistas extranjeros, nuestro gobierno respondió con la célebre frase: Si están buscando un rescate, deben saber que no tenemos dinero. Lo que sí tenemos es un conjunto muy particular de habilidades; habilidades que hemos adquirido durante una muy larga carrera… (Fuente: NationStates)

Los resultados de nuestra elección se verán como cambios en diferentes aspectos de nuestro país, que de nueva cuenta van desde los más graciosos, como nivel de desnudez, índice de amabilidad y rebeldía juvenil, hasta los que normalmente veríamos en los reportes de gobernabilidad de la ONU: niveles de corrupción, ingreso promedio e índice de desarrollo humano. Así, a pesar de (o debido a) una premisa muy limitada, NationStates puede ser jugado de muchas maneras, ya sea de forma narrativa, decidiendo cómo el país evoluciona a través de la resolución de estos problemas; competitivamente al tratar de convertirnos en el número uno mundial en por ejemplo, industria armamentista; o creativamente, charlando en los foros del sitio, representando guerras, copas del mundo y crisis diplomáticas. Incluso es posible interactuar con los easter eggs que aparecen ocasionalmente, como el “Apocalipsis Zombi” que ocurre anualmente durante Halloween. En definitiva, el juego significa cosas diferentes para diferentes jugadores.

Simulando y aprendiendo sobre cosas más serias

Lo valioso de NationStates es que permite darse una idea acerca de cómo trabajan muchos de nuestros gobiernos: en última instancia, las políticas que éstos hacen cumplir contribuyen al incremento o disminución de tres aspectos fundamentales de nuestras respectivas sociedades: derechos civiles, derechos políticos y economía. Así, estas tres dimensiones permiten identificar el tipo de país resultante: desde “Dictaduras Psicóticas”, hasta “Democracias Conservadoras”, “Paraísos Liberales Escandinavos” y estados de “Anarquía Total”.

Este juego también nos permite ver por qué muchos países del tercer mundo no pueden avanzar a pesar de los esfuerzos que hacen sus gobiernos para salir adelante: mientras no se ataquen de raíz problemas sociales como corrupción, crimen, e ignorancia, es casi imposible elevar otros indicadores como salud pública, empleo e igualdad de género – factores que ni siquiera dependen de qué tan avanzada es una economía. De la misma manera, para alcanzar el estatus de “potencia económica”, es necesario hacer sacrificios, ya sea mediante impuestos elevadísimos, como han hecho precisamente las democracias Escandinavas, o sometiéndose al neoliberalismo, a costa del medio ambiente y el bienestar social, como han hecho los Estados Unidos desde la Era Reagan de 1980.

Finalmente, las implicaciones filosóficas que presenta el juego son muy interesantes. Aunque usualmente se nos presenta en un tono humorístico y exagerado, los temas vistos son por lo general preocupaciones reales de los gobiernos de todo el mundo, y así como en el mundo real, las decisiones que tomamos pueden parecer una buena idea en ese momento, pero pueden tener terribles e inesperadas consecuencias: muchas veces tomamos una elección que parece razonable, sólo para darnos cuenta que metimos la pata cuando vemos los resultados. Como sea, recomiendo probar este juego y jugarlo por lo menos un mes (yo ya llevo 4 meses jugándolo). Es gratis y no es necesario dedicarle mucho tiempo, ya que la creación de un nuevo país tarda quizás 5-10 minutos, y luego resolver los problemas diarios o votar por las resoluciones de la ONU toman casi lo mismo, o menos, al día. Definitivamente, NationStates no posee el frenesí de Command and Conquer, ni el encanto de Civilization, pero para aquellos que busquen un juego relajado, que los haga reflexionar acerca del mundo que nos rodea, éste es una excelente opción.

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