h1

E.T. nos dio la Wi-Fi: ¿Es posible adoptar tecnología extraterrestre?

06/24/2016

Space [Icon By Buuf]
 SETI.

Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Arthur C. Clarke (1907 – 2008). Escritor británico de divulgación científica y ciencia ficción.

Justo el día de hoy, la secuela del aclamado filme de ciencia ficción, Independence Day (1996), se estrenó en Hispanoamérica. Titulada como Independence Day: Resurgence, esta nueva entrega nos cuenta lo que ocurre 20 años después de la fallida invasión extraterrestre mostrada en la primera película. El argumento se centra en qué ocurre cuando los alienígenas remanentes en la Tierra logran enviar una señal de auxilio al resto de su flota, esparcida por el resto de la galaxia. Así como las demás producciones de su tipo, seremos testigos de un ejemplo clásico del Blockbuster Hollywoodense, que usualmente cuenta con una relativa simplicidad de guión, uno o dos personajes memorables y unos extraordinarios efectos visuales.

Sin embargo, un punto peculiar del filme consiste en que los humanos han logrado recuperar, estudiar y aplicar tecnología extraterrestre. ¿Es esto realmente posible? Porque si bien infinidad de series y películas de ciencia ficción muestran cómo la humanidad logra prevalecer o congeniar con otras civilizaciones debido a que las diferencias tecnológicas se reducen a “ametralladoras frente a láseres”, la realidad es que muy pocas historias explican cómo nuestros valientes científicos e ingenieros estudian estos “campos de fuerza”, para posteriormente copiarlos y colocarles el sello de “Hecho en la Tierra”.

Cualquier tecnología extraterrestre a nuestro alcance no puede ser el resultado de una invasión, ya que de manera realista, si un imperio galáctico quiere deshacerse de los terrícolas, éste no requiere de contacto alguno con nosotros. Con algo tan burdo como un asteroide de hierro de unos 10 Km de diámetro, viajando al 90% de la velocidad de la luz, es posible desintegrar el planeta – y con sólo una milésima parte de esa velocidad, es posible eliminar a casi toda la vida en la Tierra. Por lo tanto, para tener algo recuperable y vivir para contarlo, cualquiera de los siguientes escenarios debería ocurrir:

• Un accidente en cualquiera de los planetas o lunas de nuestro sistema solar, que por lo menos permita la recuperación parcial de los restos. Por ejemplo, un choque a menos del 0.01% de la velocidad de la luz, o unos 30 Km/s. Dichas velocidades son ciertamente catastróficas para los tripulantes y el planeta huésped (equivalentes a una explosión nuclear de miles o millones de megatones, como el que extinguió a los dinosaurios hace 65 millones de años), pero debido a los requerimientos técnicos necesarios para el viaje interestelar, es posible que quede algo qué rescatar.

• Descubrimiento de instalaciones o artefactos alienígenas abandonados en nuestro sistema solar. De acuerdo a la Paradoja de Fermi, de existir vida extraterrestre, la Tierra sería visitada una vez cada 2 millones de años, por lo que es probable que hayan dejado algo atrás, pero es muy difícil de detectar: debido a las fuerzas erosivas y geológicas de nuestro mundo, tales dispositivos deberían haber sido destruidos desde hace mucho tiempo – no así para los lugares con atmósfera inexistente y órbitas estables, como algunos asteroides, lunas y planetoides del sistema solar.

Pic: 300 Million-year UFO Gear! (Not really)


Un artefacto metálico que parece ser parte de un engrane, encontrado en un depósito de carbón de 300 millones de años de antigüedad en la región de Jakasia, Rusia Meridional. Manteniendo una postura de escepticismo, esto también puede ser un cristal de ferrita, un fósil de crinoideo o una parte del equipo de minería que pudo haberse roto durante la extracción del carbón. (Fuentes: The Huffington Post y Doubtful News)

¿Es posible descifrar su operación y funcionamiento?

Lamentablemente, a diferencia de un mensaje desde las estrellas, cualquier maquinaria extraterrestre encontrada de esta manera estaría incompleta o en un terrible estado de deterioro: recordemos que para copiar un mecanismo, es necesario verlo en funcionamiento; de lo contrario sólo podremos hacer conjeturas acerca de su operación. Un ejemplo de esto es el Mecanismo de Anticitera, recuperado del fondo del Mar Mediterráneo en 1900.

Por mucho tiempo, dicho mecanismo fue considerado como la prueba absoluta de visitantes extraterrestres, pues se creía que era tecnológicamente demasiado complejo como para haber sido construido por seres humanos. Cabe mencionar que su fecha de ensamblado se estimó en base a los sedimentos formados alrededor del mecanismo, así como otras piezas de arqueología encontradas en el mismo lugar de su descubrimiento: entre el 150 y el 100 antes de nuestra era. No fue sino hasta finales del 2006 que se encontró su verdadera función: ésta es una computadora análoga usada para predecir posiciones astronómicas y eclipses con fines calendáricos y astrológicos. Es decir, se requirieron más de 100 años para descubrir que un mecanismo incompleto de engranes de cobre fue construido por humanos para algo tan pedestre como saber cuándo se jugarían los Juegos Olímpicos.

Por otro lado, es necesario considerar que cuando se trata de tecnología avanzada, es muy probable que el gobierno o fabricante original haya incluido algunas salvaguardas para evitar que su tecnología sea replicada. Esto hace mayor sentido con desarrollos gubernamentales – como una sonda interestelar probablemente lo sería – ya que viéndolo desde el punto de vista de un terrícola, muchos grupos a lo largo de nuestra historia han tratado de robarse o copiar la tecnología de los demás, desde que un homínido se dio cuenta que un hueso podría ser una eficiente herramienta de cacería, o una poderosa arma para tomar el abrevadero de la tribu vecina.

El problema del costo

Hay una relación inversa entre la existencia y adopción de una tecnología determinada y su coste unitario; mientras más instancias de ella se implementan, más se aprende cómo producirla de manera barata y eficiente, lo que significa que su costo al público puede ser reducido sin disminuir el margen de ganancia. Así, tecnologías recientemente desarrolladas que no han tenido el tiempo suficiente para dejar que esta relación tenga efecto, tienden a ser muy costosas de adquirir y difíciles de mantener. Un ejemplo de esto son los automóviles eléctricos: en 2003, el Tony Stark/Iron Man de la vida real, Elon Musk, fundó Tesla Motors con el objetivo de revolucionar la industria automovilística; a sabiendas de que esta tecnología era demasiado costosa, su estrategia se centró en primero ingresar al mercado con un modelo caro, apto sólo para clientes VIP: en 2008 inició la producción del Tesla Roadster, por un precio de US$109,000. Conforme los volúmenes de venta han aumentado, los modelos han evolucionado de la misma manera: hoy por hoy, existe el Modelo 3, revelado al público en 2016 con un costo de US$35,000. Se espera que en dos o tres años más, se terminará el desarrollo del modelo Gen 4, con un precio asequible para la mayoría de la población.

Así, la adquisición de tecnología avanzada requeriría no sólo de entenderla y replicarla, sino que también implicaría la creación de nuevas industrias, procesos y modelos de negocio para que pueda ser adoptada por todos. Esto conllevaría considerable tiempo y una enorme inversión, por lo que lamentablemente, a veces tarda mucho o no termina de suceder debido al statu quo: no fue sino hasta que Tesla demostró un éxito sostenido, que otras compañías automotrices se han unido de mala gana a esta corriente.

Por supuesto, cualquier argumento en contra de los costes de producción pierde su validez en cuanto a la tecnología militar se refiere. Sólo tenemos que superar algunas “pequeñas” limitaciones técnicas, para las que todavía no hemos descifrado completamente la solución…

El problema del software

Para los que tienen un mínimo conocimiento en TI: ¿alguna vez vieron precisamente, Independence Day? ¿Cuál es la escena más atroz que llegaron a ver en dicha película?

Pic: A PowerBook communicating with an alien computer


Precisamente. (Fuente: Reddit)

La mera idea de que una Mac, ensamblada hace 20 años, sea compatible con el sistema operativo de una nave extraterrestre de más de 500 kilómetros de diámetro, miles de años más avanzada de lo que la humanidad jamás ha creado, y lo suficientemente sofisticada como para darle soporte vital a toda una civilización extraterrestre, es considerado por cualquier ingeniero de software como una de las peores representaciones de la informática en la historia del cine. Si tomamos en cuenta que la última laptop ofertada por Apple tiene mil veces la cantidad de memoria RAM de la laptop mostrada en la película, sería realmente chusco ver a alguien intentar conectarlas; incluso más si consideramos que ambas son del mismo fabricante.

Ahora bien, una de las realidades de la vida moderna es que el futuro casi no consistirá de materiales nuevos, sino que estará basado en cómo combinar materiales ya conocidos y hacerlos funcionar. Un celular está compuesto de plástico y algunos metales (oro, cobre, plata y litio); pero lo que realmente lo hace útil es el complejo software que le permite funcionar: con él, es posible usar 4G para navegar por internet, llamar a otros dispositivos celulares, o sincronizar la información contenida en el dispositivo con un wearable o aplicaciones en la nube.

Intentar extraer y decodificar este software es posiblemente uno de los mayores obstáculos para aplicar ingeniería inversa a un artefacto extraterrestre, ya que sería indispensable conectarse a dicho dispositivo y descargar el sistema operativo para descifrar sus rutinas. Por supuesto, si bien esto es muy difícil, no es imposible: incluso hoy existe gente alrededor del mundo cuyo hobby consiste en descargar el software de sus propios automóviles para hackearlos y optimizar su desempeño. Hacer lo mismo con un dispositivo cuya arquitectura, lenguaje de programación y abstracciones son desconocidas, podría tomar décadas y considerable poder de procesamiento, pero de lograrse, eventualmente obtendríamos las llaves del reino.

El problema de la energía

Desde la década de 1990 aparecieron experimentos científicos que demuestran la posibilidad de crear ventanas de plasma, que separan el vacío del espacio exterior, del interior de una nave espacial. También, ya existen en la actualidad diseños que permitirían enviar sondas a Alfa Centauro en tan sólo cinco años o a Marte en apenas 7 minutos. ¿Que es lo que impide que estas fantásticas tecnologías se hagan realidad, aparte de los elevados costos?

El traje de Iron Man es un extraordinario exoesqueleto que permite entre otras cosas, cargar objetos de varias toneladas de peso, volar a la misma velocidad que un avión caza y disparar ráfagas de plasma. Su potencia estimada es de 4 millones de caballos de fuerza, o 2.98 Gigawatts/hora, equivalentes a 2.2 veces la energía generada por una planta nuclear como Laguna Verde, México. Lamentablemente, hoy por hoy no contamos con una fuente de energía del tamaño del reactor arc (un reactor de fusión fría del tamaño de una mano) mostrado en los comics y las películas.

Así entonces, la miniaturización de fuentes de energía es otro problema al que se enfrentan los ingenieros, y por el que no pueden pasar de pequeños experimentos en el laboratorio: para hacer funcionar estos increíbles gadgets, es necesario crear y almacenar enormes cantidades de energía en un espacio muy reducido. Algunos materiales tienen la densidad de energía necesaria (por ejemplo, para el traje de Iron Man bastan 133 gramos de uranio en un reactor reproductor), pero entonces, nos enfrentaríamos al obstáculo final para la adopción de tecnología extraterrestre: nuestra propia biología.

El problema de la biología terrestre

Todos hemos soñado alguna vez con tener un auto volador desde que éramos niños. Y cuando aprendimos a manejar, llegó algún momento en que incluso de adultos, hemos dejado correr la imaginación: si estamos atorados en el tráfico pesado de la hora pico, nos imaginamos despegando en modo vertical para volar a casa o al trabajo dejando atrás el smog, el ruido y la incomodidad. Excepto que esto es imposible.

Incluso en la actualidad, existen “carreteras” por el aire que todo piloto de avión debe seguir, y si llega a darse tráfico aéreo pesado, deben volar sin cesar en un patrón de círculo hasta que haya un lugar disponible en la pista de aterrizaje. Entonces imaginémonos no sólo una hilera de automóviles enfrente y atrás de nosotros durante la hora pico, sino varios niveles arriba y abajo también. Si ocurre una descompostura o un choque en el aire, no podremos detenernos en el acotamiento para llamar a la compañía de seguros, sino que caeremos por varios cientos o miles de metros hacia abajo, llevándonos a una muerte segura a todos los que estén circulando debajo de nosotros en ese momento, y a los que estén a nivel del suelo también.

El punto es que nuestra tecnología también viene de la mano de características de seguridad: si bien es posible crear reactores nucleares del tamaño de una batería de automóvil, o sondas que viajen a Marte en 7 minutos, nuestros cuerpos no están a la par de estas tecnologías, por lo que sufriríamos de daños irreparables o una horrible muerte; ya sea por la radiación, altas velocidades o exposición al frío y calor extremos. Con decir que el simple hecho de estar en una nave espacial, es mortal para los seres humanos.

Posiblemente, para adoptar cualquier clase de tecnología futura (y no sólo la extraterrestre) tendremos que cambiar nosotros mismos también. Con mejoras genéticas y cibernéticas, eventualmente será posible salir allá afuera. Pero de momento, adaptar o crear tecnología que hoy es indistinguible de la magia, dependerá enteramente de qué tan segura es para formas de vida basadas en carbono con una baja resistencia a la variación de temperatura, presión o fuerzas centrífugas. Como elocuentemente menciona uno de los personajes de la serie de televisión Battlestar Galactica (2004):

¡No quiero ser humano! Quiero ver los rayos gamma. Quiero poder escuchar los rayos X. Y quiero – quiero oler la materia oscura. ¿Ves lo absurda de mi existencia? ¡Ni siquiera puedo expresar estas cosas correctamente, ya que tengo que – tengo que conceptualizar ideas complejas en este estúpidamente limitado lenguaje hablado! Pero sé que quiero alcanzar con algo más que estas patas prensiles. Y sentir el viento solar de una supernova fluyendo sobre mí. ¡Soy una máquina! ¡Y puedo saber mucho más! Puedo experimentar mucho más. ¡Pero estoy atrapado en este cuerpo absurdo!

— John Cavil/Número Uno. Battlestar Galactica (2004).

Conclusiones

Algunas de las historias de ciencia ficción más entretenidas tienen que ver con la adopción de tecnología extraterrestre, principalmente para que el conflicto no se convierta en una lucha sin esperanza para los seres humanos. Incluso algunas historias expresan la jocosa idea de que nuestra tecnología moderna, como el velcro, los hornos de microondas o la liposucción, es producto de ingeniería inversa aplicada a platillos voladores. Sin embargo, suponiendo que tenemos acceso a dicha tecnología para estudiarla, esta tarea requeriría un esfuerzo titánico, por decir lo menos. Un ejemplo de la vida real: en la década de los 1960, la NASA creó los Saturno V, unos cohetes que nos permitieron llegar a la Luna, y son considerados una de las más impresionantes hazañas de ingeniería de todos los tiempos. En 2004, la agencia espacial norteamericana buscó replicar su potencia como parte del Proyecto Constelación, pero no fue posible hacerlo, debido a que la infraestructura con la que se construyeron estos cohetes ya no existe. Se estima que se necesitarían dieciséis mil millones de dólares (US$16,000,000,000) para recrear las industrias y procesos requeridos por el Saturno, más quinientos cincuenta millones de dólares (US$550,000,000) por lanzamiento. Por esos precios, es mucho más sencillo crear desde cero versiones que sean igualmente potentes, aunque más ligeras, fuertes y hasta reutilizables – algo que de hecho, están tratando de lograr empresas como Blue Origin y SpaceX.

Así entonces, la ciencia ficción eventualmente se volverá realidad, haciendo innecesario importar tecnología de “hombrecillos verdes”. El problema principal es el tiempo que nos tomará llegar hasta ahí, debido a la interacción de factores como la continua evolución de la ciencia, cuáles son sus costos de implementación y qué tan segura o deseable puede llegar a ser. Después de todo:

Sólo aquellos que intentan lo absurdo alcanzarán lo imposible.

M. C. Escher (1898 – 1972). Dibujante y litógrafo holandés.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: