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La caída de una superpotencia

07/31/2014

World News [Icon By Buuf]  Noticias y política

“2-0 a favor de Alemania. Scolari está buscando donde esconderse. Alemania es irresistible; todos anotarán a este ritmo.”

“Brasil 0, Alemania 5. Esto no es un error de imprenta; los alemanes van por el sexto. Esto es demasiado fácil, esto es un entrenamiento; estos son niños contra hombres.”

“Minuto 40. Brasil está buscando la posesión del balón; es casi como si hubieran olvidado cómo jugar. Un estadio lleno de fans de Brasil ha sido aturdido hasta el silencio.”

“Minuto 43. Brasil no puede esperar para meterse al santuario de sus vestidores. En este momento una gran cantidad de aparatos de televisión en Brasil ha sido apagado.”

“Esto se ha convertido en uno de esos juegos que serán recordados como ‘¿y dónde estabas cuando…?'”

— Comentarios hilarantes hechos por los comentaristas del partido Brasil 1 Alemania 7. nairaland.com

Aunque parece noticia vieja, la debacle Brasileira de hace un par de semanas sigue siendo muy relevante. No tanto por los terribles partidos perdidos por la selección verdeamarela en contra de Alemania y Holanda, sino porque más allá del tema deportivo, Brasil asumió que ya era un país del primer mundo con el campeonato en la bolsa sólo debido a un “designio divino”. Como decimos por aquí, únanse al club: de la misma manera en que hace algunos años nosotros los mexicanos caímos con estos cuentos, nuestros hermanos brasileños creyeron en la retórica de su gobierno, ignorando la terrible situación de su país, que incluye pobreza, corrupción y saqueo económico, mientras el pueblo se mantenía narcotizado a través de pan y circo. Obviamente, como fue nuestro caso hace precisamente 20 años, cuando es hora de pagar la cuenta, todos volteamos a ver quién es el culpable, sin darnos cuenta que nosotros mismos también somos responsables por el retraso de nuestras respectivas naciones. Para muestra, un botón: en el caso mexicano, el actual gobierno compró las votaciones… con monederos electrónicos. Yo me pregunto: ¿tan mal estamos que vendemos el futuro de nuestro país por treinta monedas de plata… digo, quinientos pesos? (USD 38.00). Aunque sea muy dolorosa, debemos reconocer la realidad de nuestros países. Por ello, creo que vale la pena leer el siguiente artículo encontrado en el diario electrónico Asia Times Online, escrito por el reconocido autor Pepe Escobar, pues siendo un cidadão Brasileiro, creo que tiene todos los elementos para generar la siguiente crítica acerca de su país:

SAO PAULO – Sí, ya sé; Israel bombardeando a civiles en Gaza, Kiev bombardeando a civiles en Ucrania oriental, el Califa causando estragos en el Medio Oriente, el Imperio del Caos embaucándolos a todos. Pero primero déjenme sacar algo de mi ronco pecho.

Estaba guardando esta imagen para el momento adecuado. Que es justo ahora. Conozcan un clásico paraíso tropical – Santo André, Bahia, cerca del lugar donde Brasil fue “descubierto” por los Portugueses en 1500. El campo de entrenamiento Manschaft está justo detrás de esos árboles a la izquierda. Yo estuve ahí al inicio de la Copa Mundial de Futbol; mi amable anfitriona Anna Mariani es dueña de una lujosa casa de playa justo al lado.

Pic: Santo Andre, Bahia, Brazil ~ Pepe Escobar

El campamento Alemán – en realidad un condominio de playa – estaba aislado y adaptado a la perfección. Sin embargo, los jugadores interactuaron con el pequeño poblado cercano, visitando una escuela local, fraternizando con indígenas Pataxó y dando paseos matutinos a lo largo de la playa. Y entrenaron muy, muy duro: la disciplina, el compromiso, la ética de trabajo – mientras amaban cada minuto de su pedacito de paraíso al mismo tiempo que se empapaban de la cultura brasileña. Aquí es donde la ya famosa e infame evisceración 7-1 de Brasil empezó realmente.

Mientras tanto, la selección nacional de Brasil fue protagonista de un literal psicodrama telenovelesco, convulsionando a 200 millones de personas. Era como una telenovela abismal – sin ningún trabajo duro o disciplina; tan sólo el bling bling (¡mira mi nuevo corte de pelo!), junto con un sentido de auto-proclamación. Al final ellos debían ganar, porque después de todo, corre el mito nacional de que “Dios es brasileño”.

Ahora, una parábola de la globalización. Mucho antes de la Copa, Brasil – alguna vez una poderosa superpotencia futbolística – había sido reducida, debido a niveles concéntricos de mala gestión, al papel menor de un exportador de materias primas, al igual que de jugadores talentosos. No existía ninguna intención de invertir en el futuro; todo lo que importaba eran los rentables derechos de televisión privilegiando una estafa mediática. Alemania, por su parte, desde que había perdido la Copa Mundial en 2002 (ante Brasil…) había invertido en una vasta red de escuelas de fútbol, como parte de un sistema nacional de fomento al talento, educándolo y preparando entrenadores también.

Tres horas antes del comienzo de la humillación 7-1, me preguntaron en mi peluquería sobre el resultado del partido. Yo respondí “Alemania 4-0”. Todo el mundo quedó atónito. Bueno, yo volé desde Asia y Europa para seguir la Copa del Mundo en Brasil, como si estuviese cubriendo una guerra; lo que sospeché inicialmente fue confirmado una vez que el psicodrama empezaba a desenvolverse.

Todas las señales apuntaban a un montón de psicológicamente inestables, millonarios y jóvenes brasileños listos para implosionar espectacularmente – tal como habían amenazado durante los juegos contra Chile y posteriormente Colombia. Al final sucedió en el espacio de tan sólo seis minutos, cuando Alemania anotó 4 goles – y en el minuto 29 los europeos ya llevaban una ventaja de 5-0.

¿Sorprendido? En realidad no. Brasil ha dejado de desempeñar el jogo bonito desde hace mucho tiempo, después de aquél fabuloso equipo de 1970 y aquél mejor equipo que nunca ganó nada, en 1982. Desde la década de 1990, Brasil como el anfitrión del jogo bonito tan sólo era otro mito – un elaborado truco de marketing (con una ayudita de Nike). Y todo el camino, a los brasileños les gustó engañarse a sí mismos, envueltos en una perennemente barata marca de nacionalismo al estilo “Somos Campeones“.

Hasta que la arrogancia prevaleció. Le tocó a Alemania reclamar el verdadero jogo bonito, con sus brillantes pases, jugadas de exhibición y estilo de triangulación digno de los Bulls de Chicago en su apogeo.

El equipo brasileño se convirtió en un manojo de nervios ante todo por motivos tácticos y técnicos; éste fue un equipo sin medio campo jugando contra el mejor medio campo del planeta. La culpa es de sus manejadores: la Federación de Fútbol de Brasil y la “comisión técnica” que habían nombrado: un puñado de gente sin talento, arrogante e ignorante que refleja, cristalinamente, la arrogancia e ignorancia de las élites políticas y económicas brasileñas, tanto viejas como nuevas. Por mucho que la policía brasileña, irónicamente, haya desmantelado un mercado negro corporativo de boletos en Río, por encima de todos los lugares (Scotland Yard no pudo hacerlo), omitió otra estafa – un efecto indirecto de los oscuros pasillos del fútbol brasileño.

La comisión técnica, en su post-traumática rueda de prensa, el mismo día en que Argentina y Holanda jugaron como adultos por unos interminables 120 minutos empatando 0-0 (entonces, resuelto en los penales), me recordaron al Pentágono desentendiéndose de Abu Ghraib: “Oh, eso fue sólo un accidente caprichoso”. No, no lo era. Los cobardes a cargo simplemente no podían admitir que el “apagón” era sistémico.

Habrá reverberaciones políticas interminables sobre esta paliza 7-1. Esto va mucho más allá de la (blanca) multitud adinerada brasileña que podía permitirse el lujo de comprar los boletos de la FIFA, mientras despreciaban el gasto de la presidenta Dilma Rousseff en el bienestar social. Sin duda, esto tiene que ver con el margen de ganancia de la propia fiesta de la FIFA (USD 4 mil millones, libres de impuestos) suministrada por los lugareños, así como el gasto general (la asombrosa cifra de USD 13.6 mil millones). Comparémoslo con las magras inversiones en educación, servicios públicos, “movilidad social” e infraestructura que sigue siendo pésima – mientras la corrupción sin trabas reina suprema.

La mayor humillación deportiva mundial de memoria reciente está directamente relacionada al síndrome de ignorancia y arrogancia (así como el sentido de auto-proclamación) que constituyen la distinción de las elites brasileñas. Al mismo tiempo, no se puede aspirar a convertirse en una “superpotencia” perteneciente a los BRICS cuando su identidad se basa en torno a un deporte – el fútbol – que ha sido envilecido por ladrones.

Los dioses del fútbol han declarado misericordiosamente como terminado el psicodrama de 200 millones de espectadores. Sin embargo, me siento realmente triste por los perdedores – la inmensa mayoría de estos 200 millones de seguidores; la gente honesta y trabajadora para quienes el fútbol es un escaso alivio a su dolor y lucha; se les ha tomado el pelo, y mentido sistemáticamente.

Brasil todavía disfruta de una existencia ilimitada de poder blando alrededor del mundo, pero tiene que reorganizarse a sí mismo. Si el fútbol permanece como el único elemento que mantiene unida a esta aspirante superpotencia, mejor que lo piense dos veces, que entienda cuál es la raíz de esta humillación, se deshaga de todos esos vagos engreídos, muestre un poco de humildad y trabaje muy duro. Es necesario aprender del modelo deportivo Alemán – uno que sin duda no tiene nada que ver con la austeridad de la UE. Y entonces estarán de regreso en el paraíso.

The Fall of a Superpower. Pepe Escobar. (Asia Times Online, 2014).

One comment

  1. Muy doloroso, pero buen artículo. Y los comentarios al principio… nada “hilarantes” para un Brasilero.



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