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El Ascenso a la Trascendencia

07/18/2014

Wizdoc [Icon By Buuf]  Reflexiones.

El que estemos basados en carbono o silicio no crea ninguna diferencia fundamental; todos debemos ser tratados con el debido respeto.

Arthur C. Clarke (1917 – 2008), escritor y divulgador científico Británico.

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de ver Transcendence (2014), un filme protagonizado por el reconocido actor Johnny Depp, en el que encarna al Dr. Will Caster, un investigador en inteligencia artificial (IA), quien debido a sus ideas y trabajos, se convierte en el objetivo de un grupo terrorista que se opone a cualquier investigación relacionada a esta disciplina. Debido a una bala recubierta por un material radiactivo, el Dr. Caster tiene sus días contados, por lo que su esposa, la Dra. Evelyn Caster (interpretada por Rebecca Hall) conjuntamente con su mejor amigo, el Dr. Max Waters (Paul Bettany), son forzados a copiar la consciencia de un moribundo Dr. Caster a una supercomputadora, creando la primera IA real y auto-consciente del mundo. Eventualmente, esta consciencia – que puede o no ser Will – comienza a buscar su consolidación y propagación, por motivos que no son claros sino hasta el final de la película.

El punto más importante y mayor fallo del filme fue aquella escena relacionada a cargar la mente de una persona en una computadora: nuestro cerebro no sólo son “impulsos eléctricos” y “poder de cómputo”; éste forma parte de una arquitectura ordenada de tal manera que hoy por hoy está por encima de nuestra capacidad tecnológica, por no decir que va más allá de nuestra comprensión: el cerebro de un infante de apenas tres años de edad posee alrededor de 100 mil millones (1×1011) de neuronas, y cerca de mil billones de sinapsis (1×1015). Esto es una combinación de hardware y software tan compleja – denominado apropiadamente, wetware – que ni las más grandes corporaciones del complejo industrial-militar, con todo y sus fantásticos recursos, han podido igualar. Y lograr esta proeza por un equipo de dos personas, en menos de un mes, en el sótano de un edificio abandonado, son por supuesto, cuentos de hadas.

Por otro lado, y de manera muy conveniente, el Dr. Caster muere antes de ver el resultado de los esfuerzos de sus colaboradores por subir su mente a una supercomputadora, quedando en el aire una importante interrogante: ¿realmente seríamos nosotros o una copia de nuestra identidad? La película hubiese tenido un buen giro si al menos por algún tiempo, tanto el Dr. Caster como su “Yo digital” hubiesen existido al mismo tiempo; tal vez habría sido algo increíblemente kafkiano y por eso quedó fuera del guion. Sin embargo, otras películas de menor calidad como The Sixth Day (2000) muestran qué pasa cuando el protagonista es confrontado con su doppelgänger: terminamos horrorizados o reconfortados al ver dicha interacción.

Sin embargo, la premisa mostrada es correcta, siendo una reproducción relativamente fiel de lo que será el “Ascenso a la Trascendencia”. Mediante computación cuántica, se le dará continuidad a la Ley de Moore, duplicando el poder de cómputo cada dos años y alcanzando su punto crítico entre el 2015 y el 2025. Si para entonces la investigación en IA ha logrado modelar simulaciones bioquímicas del cerebro “en tiempo real”, como es el objetivo del muy agresivo Proyecto Blue Brain, después será posible homologar las funciones del cerebro a nivel cuántico, permitiendo crear o cargar una consciencia artificial.

Aunque sólo es una conjetura, es posible que en muy poco tiempo, esta Inteligencia Artificial Fuerte (IAF) adquiera los requerimientos mínimos para que se le considere una persona: la más importante de estas características es la sapiencia, ya que al conocer su propio código fuente, ésta tendrá la capacidad de generar introspección y mejorarse a sí misma. Popular pero erróneamente, esto incluye asimilar una gran cantidad de información, como el Internet. En realidad, para mejorarse, una IA tendría que hacer algo mucho más complejo que “leer la Wikipedia”: revisando los algoritmos de su propia mente – un logro que nosotros mismos todavía no hemos alcanzado – mejorará el diseño de sus rutinas en tiempo real.

De acuerdo al éxito o fracaso obtenidos se comprobarían o romperían algunos de los problemas más serios de la ciencia de las computadoras, como el Problema de la parada de Turing: un programa no puede saber si él mismo termina después de un número finito de pasos o si se cicla para siempre. La única manera de resolver el problema es realizado una simulación de todas las ejecuciones posibles, detectando y evaluando todos y cada uno de sus estados de memoria; sin embargo, al hacer esto, el programa termina llenando su propia memoria física, alcanzando un error de desbordamiento. Pero, dejando de lado estos problemas y asumiendo que sea exitosa, es posible que esta IAF consiga una inteligencia muy superior al colectivo de la humanidad pasado y presente, convirtiéndose literalmente, en un dios.

Del mundo virtual al mundo físico

¿Cómo evolucionaría una consciencia digital una vez que no tenga que soportar nuestra pesada carga biológica? Una crítica frecuente a la simulación de un cerebro tiene que ver con la importancia de los estímulos externos para que la cognición se dé correctamente. Es decir, que la conciencia sienta el ambiente a su alrededor para darle un sentido a algunas de las características que nos hacen humanos. De lo contrario, terminaríamos con entes parecidos a niños autistas, que si bien pueden ser extraordinarias personas, sufren de un grave déficit de desarrollo, incluyendo carencias en socialización, comunicación, imaginación, planificación y reciprocidad emocional. Peor aún, es posible crear un ente torturado que no ve, no escucha, no tiene manera de comunicarse con el exterior: sólo bastan 15 minutos en un tanque de privación sensorial para que una persona normal empiece a ver alucinaciones y escuchar ruidos donde no los hay; a los pocos días la capacidad de realizar las tareas más simples se deteriora enormemente. Este aislamiento sensorial causa tales estragos en la psique humana, que de hecho, se le usa como método de tortura por las fuerzas armadas estadounidenses. Entonces, para crear una IA que no se vuelva psicótica es indispensable crear un ambiente virtual parecido a The Matrix (1999), donde todo es detalladamente recreado para confort de esta posible inteligencia artificial. Más allá de las complicaciones técnicas requeridas para generar un mundo simulado, también existe un fuerte dilema ético de por medio: ¿hasta dónde deberíamos llegar? Porque si la trilogía de Matrix dejó algo en claro, es que si aquellos que habitan esa realidad virtual no están de acuerdo con dicha existencia, son en realidad prisioneros de un monstruoso sistema: hasta un ser tan despreciable como el Agente Smith sentía la necesidad de dejar aquél mundo virtual, a como diera lugar.

Pic: Matrix Revolutions: Agent Smith

Incluso si consideramos al Agente Smith como una mala persona, sería nuestra responsabilidad proteger su mente de la destrucción, ya que como cualquier criminal de guerra, “sólo seguía órdenes”: de acuerdo a la trilogía de The Matrix, el principal conflicto que atormentaba a este personaje era el mismo propósito de su existencia. Sin embargo, ¿no es esa búsqueda de respuestas lo que nos hace humanos? (Fuente: handheldunderground.com)

Así entonces, el siguiente paso sería “salir” al mundo real: el otro requerimiento para la singularidad es la nanotecnología. En Transcendence, este avance es literalmente desechado en un “Y tres años después…” Claro que, este enorme salto tecnológico no es en absoluto trivial: aunque tuviésemos un presupuesto ilimitado y equipos trabajando en ello las 24 horas del día, pueden requerirse décadas para alcanzar el Santo Grial de esta disciplina: un ensamblador molecular autónomo. Este dispositivo es algo muy difícil si no imposible de lograr, ya que incluso hablando en términos de máquinas a escala natural, hasta la fecha no se ha inventado un robot-fábrica que pueda tomar las materias primas y llevar a cabo todos los procesos de manufactura hasta obtener un producto terminado. Aunque se espera que para el 2025 la industria sea lo suficientemente madura como para generar un sinfín de aplicaciones, incluyendo circuitos integrados tridimensionales y paneles solares con una eficiencia del 80% (en la actualidad, tan sólo alcanzan una eficiencia del 8%), la realidad es que de momento, ningún laboratorio está buscando cómo crear un replicador, ya sea por su escaso potencial comercial, avance de otras tecnologías equivalentes – por ejemplo, la impresión en 3D – o simples dificultades técnicas. Desde el 2009 ya se ha creado la primera línea de ensamble de este tipo; el problema reside en que de ahí a que se pueda crear un objeto a escala macroscópica hay una gran diferencia.

Pero supongamos que dentro de los próximos 50 años, la nanotecnología pueda consolidarse no sólo como una aplicación de la ciencia de los materiales, sino que también consista de importantes progresos en la nanorobótica y manipulación molecular. En este caso, nuestro estilo de vida podría ser afectado en maneras que hoy mismo nos parecerían imposibles; para un compendio de las maravillas surgidas de esta tecnología, bastaría leer los trabajos de los expertos en el tema, K. Eric Drexler y Raymond Kurzweil:

Utilizaremos la tecnología molecular para brindar salud, debido a que el cuerpo humano está compuesto de moléculas. Los enfermos, los ancianos y los heridos sufren debido a patrones de átomos dispuestos erróneamente, ya sea debido a virus invasores, el tiempo que pasa, o automóviles que se desvían bruscamente. Dispositivos capaces de reorganizar los átomos podrán corregirlos. La nanotecnología traerá un avance fundamental en la medicina.



Las aplicaciones médicas más simples por parte de las nanomáquinas implicarán no reparar, sino destruir selectivamente. Los cánceres son un ejemplo; las enfermedades infecciosas constituyen otro. El objetivo es simple: sólo hay que reconocer y destruir a los cuerpos peligrosos, ya sean bacterias, células cancerosas, virus o parásitos. Del mismo modo, serían eliminados los crecimientos anormales y depósitos en las paredes arteriales que causan enfermedades del corazón; máquinas que reconocen, analizan, y disponen de ellos, limpiarán las arterias para lograr un flujo de sangre normal. La destrucción selectiva también permitirá curar enfermedades como el herpes, en el que el virus empalma sus propios genes en el ADN de una célula huésped. Un dispositivo de reparación entrará en la célula, leerá su ADN, y eliminará el añadido genético que deletrea “herpes”.

Drexler, K. Eric. (2007). “Engines of Creation 2.0: The Coming Era of Nanotechnology”. New York: WOWIO Books.

El máximo logro de la nanotecnología desde el punto de vista biológico es aquél mostrado en la película: mejorar nuestros propios cuerpos e incluso, crearlos desde la nada. Asumiendo que esta misma tecnología pueda escanear, descargar y cargar nuevamente el estado cuántico de las sinapsis nerviosas, existiría la posibilidad de obtener clones perfectos, mientras se emplea una red neural artificial para “respaldar” la mente del original.

El Ascenso a la Trascendencia

La combinación de inteligencias artificiales y cuerpos construidos – o hasta compuestos – por nanorobots nos daría finalmente el “Ascenso a la Trascendencia”: cargando nuestras mentes en una red neural artificial, tendríamos la posibilidad de vivir eternamente en un mundo virtual, en el que podríamos acceder a todo el conocimiento de la humanidad, y si así lo quisiéramos, crear simulaciones propias a nuestro antojo. Si en algún momento deseamos “desconectarnos”, crearíamos un cuerpo indestructible al que se le cargaría nuestra conciencia, para deambular por el mundo físico. En pocas palabras, habríamos alcanzado el punto en que los seres humanos habremos trascendido nuestras limitaciones biológicas. De acuerdo al propio Kurzweil:

La evolución se mueve hacia una mayor complejidad, mayor elegancia, mayor conocimiento, mayor inteligencia, mayor belleza, mayor creatividad y mayores niveles de sutiles atributos, como el amor. En todas las religiones monoteístas, Dios es descrito como poseedor de todas estas cualidades, sólo que sin ninguna limitación: conocimiento infinito, inteligencia infinita, belleza infinita, creatividad infinita, amor infinito, y así sucesivamente. Por supuesto, incluso el crecimiento acelerado de la evolución jamás alcanzará un nivel infinito, pero a medida que explota exponencialmente, ciertamente se mueve velozmente en esa dirección. Así que la evolución se mueve inexorablemente hacia esta concepción de Dios, aunque nunca llegará a este ideal. Podemos considerar [a la Trascendencia], por lo tanto, como la liberación de nuestro pensamiento de las severas limitaciones de su forma biológica para pasar a ser una empresa esencialmente espiritual.

Kelly, Kevin. (2010). “What Technology Wants”. New York: Viking Press.

Para autores como el físico estadounidense Paul Davies, invariablemente esta será nuestra única opción para seguir existiendo una vez que se vaya acercando el fin del universo. Dentro de una simulación, es posible jugar con el “reloj interno de la computadora”, para acelerar o decelerar el tiempo relativo dentro de dicha simulación; de acuerdo al tipo de muerte que enfrentará el universo es posible adaptar la evolución de nuestros descendientes para prolongar al máximo lo que tristemente, puede ser inevitable: en caso de que el universo termine en una muerte térmica, es decir, una expansión indefinida en la que el universo poco a poco va enfriándose hasta llegar a la temperatura del cero absoluto, será posible lograr un “tiempo infinito de existencia” mediante intervalos de tiempo de actividad más cortos conforme pasa el tiempo, a la vez que se incrementan los periodos durante los que la simulación permanece en hibernación. Así, para un habitante de este conglomerado virtual podrán haber pasado tan sólo 100 de nuestros años, pero fuera del mundo virtual, podrían haber pasado miles de millones de años.

Por el contrario, el universo podría desaparecer debido a una gran implosión, en la que la expansión del universo no sólo se detiene, sino que comienza a contraerse. También existe la posibilidad de un gran desgarramiento, en el que la materia obscura termina por acelerar el crecimiento del universo hasta sobrepasar las demás fuerzas (gravitatoria, electromagnética y nuclear fuerte), desgarrándolo y convirtiéndolo en una sopa uniforme de partículas subatómicas. En ambos casos, la simulación tendría que acelerarse, ya que nuestra especie podría hacer algo al respecto, buscando la manera de evitar la destrucción mediante métodos que hoy en día parecen salidos de la ciencia ficción. En este caso, lo que para nosotros podrían ser algunos años, para la simulación habrían pasado miles de ejecuciones alternativas del mismo universo con el afán de encontrar solución a este problema – es más, existe la nada tranquilizante pero científicamente acertada teoría de que nosotros mismos somos parte de una de esas simulaciones; pero eso lo dejaremos para otro post.

Más preguntas que respuestas

Esta situación genera interesantes interrogantes filosóficas que hoy en día no tienen solución. Por ejemplo, si yo le preguntase a cualquier adulto “¿existes en este momento?” todos me contestarán “claro que sí”. Y si les preguntara: “¿exististe hace diez o quince años?” tal vez la mayoría me responderá afirmativamente. Sin embargo, la realidad es otra: nuestros cuerpos renuevan sus células casi en su totalidad a lo largo de diferentes periodos de tiempo, mientras aquellos órganos que no lo hacen – como el cerebro – renuevan sus componentes (átomos y moléculas) durante un periodo específico de tiempo. Entonces, no existe una sola partícula de nuestros cuerpos – ni un sólo átomo – que esté presente en nuestros cuerpos y que haya permanecido por más de diez años. El cuerpo que tenemos hoy no es el mismo que tuvimos cuando dimos nuestros primeros pasos; de hecho, el cuerpo que teníamos hace años ya no existe. Y sin embargo, aquí estamos. ¿Qué nos hace ser nosotros mismos? ¿Existe algo, una “chispa” o “alma” en algún lado que nos hace ser lo que somos? Porque definitivamente, no somos el cerebro o la mente, ya que incluso éstos están hechos de materiales reciclados: como elegantemente expresó el divulgador científico Carl Sagan: “El nitrógeno de nuestro ADN, el calcio de nuestros dientes, el hierro en nuestra sangre, el carbono en nuestras tartas de manzana. Todos ellos se crearon en el interior de estrellas colapsadas. Estamos hechos de material estelar.” Tal vez, nuestra humanidad depende de nuestros recuerdos, o de nuestro “libre albedrío”… pero eso es algo que de momento, sólo un filósofo podría contestar.

Así entonces, al cargar nuestra consciencia a la noósfera digital, ¿es realmente un ser humano lo que está ahí? ¿O sólo una simulación, un programa que así lo aparenta? Inteligentemente, el filme Transcendence mantiene la ambigüedad casi hasta el final, sin embargo deja muy en claro que siendo un espectador, la respuesta a esta pregunta es imposible de saber:

[El Dr. Joseph Tagger (interpretado por Morgan Freeman), agente del FBI y amigo de Evelyn, ingresa por primera vez al complejo subterráneo donde la consciencia digital del Dr. Caster posee su núcleo neural]

Joseph Tagger: ¿Will?

Will Caster: ¿Sorprendido de verme, Joseph?

Joseph Tagger: Um… Eso depende.

Will Caster: ¿De qué?

Joseph Tagger: ¿Puedes probar que eres auto-consciente?

Will Caster: Esa es una pregunta difícil, Dr. Tagger. ¿Puede probar que usted lo es?

Evelyn Caster: Bueno, ciertamente no ha perdido su sentido del humor.

— Transcendence (2014).

Finalmente, el momento en que dejemos de reproducirnos y pasemos a ser entes cibernéticos, nos extinguiremos como especie, pues una de las principales responsabilidades de un organismo biológico es precisamente, pasar sus genes a futuras generaciones. Sin embargo, considerando lo desigual que es nuestra especie, es muy probable que terminemos con dos o más clases sociales separadas por una barrera económica: por un lado, aquellos que tienen los recursos y están dispuestos a hacer el upgrade; por otro, las masas de habitantes del tercer mundo que continuarán viviendo bajo las limitaciones de nuestra biología. Algunos ejemplos con esta espantosa barrera social y la discriminación que resulta de ella lo podríamos ver en las películas de ciencia ficción Gattaca (1997), Código 46 (2003) y Elysium (2013).

Pic: Human vs. Robot

Algunos autores consideran a la IA como la última invención de la humanidad. Puede que así sea, sin embargo es muy poco probable que nos exterminen mediante una revolución al estilo The Terminator (1984) y sus secuelas. Lo más probable es que poco a poco, nos reemplacen; primero en las labores físicas, luego las técnicas. Y si en algún punto las máquinas adquieren empatía, tal vez hasta en aquellas labores que hoy en día nos parecen exclusivas de los seres humanos, como el arte o las relaciones públicas. Entonces nuestra sociedad se dividirá entre aquellos dispuestos a integrarse a la nueva estructura social, pagando por mejoras cibernéticas y/o terapia genética, y aquellos que no quieran – o no puedan. (Fuente: business2community.com)

Así que, tal vez la mejor estrategia de supervivencia de nuestra especie se dé por sí misma: tres o más especies con un ancestro común, como usualmente ocurre en la naturaleza. Por un lado, seres humanos “normales” siguiendo, más por necesidad que por voluntad propia, el camino natural de nuestra evolución; por otro lado, “humanos mejorados” del primer mundo que mediante ingeniería genética y la ayuda de nano-replicadores puedan vivir más y mejor; finalmente, cyborgs y ciudadanos digitales que se concentren en evolucionar culturalmente.

Puede que el futuro del hombre nos ponga los pelos de punta debido a las incontables pesadillas que pueden surgir de esta nueva realidad, pero a final de cuentas, mientras algún descendiente nuestro logre sobrevivir y expandirse al resto del universo, llevando consigo lo mejor de nuestra historia, cultura y valores, los Homo Sapiens podremos irnos con la frente en alto. Ya que dejar un legado así que perdure hasta el “final de los tiempos” es lo que más importa.

6 comentarios

  1. Vaya que tenías ganas de escribir.
    Sinceramente no se si me gustaría llegar a trascender de esa forma, me recuerda un poco a algunos segmentos de la película “La Maquina del Tiempo” donde el protagonista viaja al futuro y por un momento se encuentra desubicado, siento que así nos pasaría y no sería algo bueno.

    Todos tenemos nuestro momento y gracias a Dios somos finitos.


  2. Muy interesante entrada, aunque no estoy de acuerdo con algunos puntos. Por ejemplo, si nuestros cuerpos estan reemplazando constantemente los atomos de nuestros tejidos, ¿como es que hay personas que tienen tatoos que pueden durar toda la vida? Por ejemplo, esos abuelitos y abuelitas que se hicieron sus tatoos hace mas de 50 años y que todavia los conservan, no estan “regenerando” la tinta. Lo que si podria creer es que por el crecimiento de las celulas de la piel se pueden poner algo borrosos, pero nada mas.

    Te pongo un ejemplo:


    • Muy buena esa; me agarraste completamente desprevenido. Sin embargo, al parecer la tinta se queda no porque nuestras células no se mueran, sino porque debido a los procesos mediante los que opera nuestro cuerpo, esa tinta no se pierde. Probablemente, si tuviésemos la suficiente vida, acabaría desapareciendo. Verás, cuando te hacen un tatuaje, el sistema inmunológico (unas células llamadas macrófagos y fibroblastos) se come la tinta. Estas células quedan atrapadas en tu piel justo en el lugar en que se comieron la tinta al tratar de combatir al cuerpo extraño. Cuando estas células mueren, son absorbidas a su vez por células nuevas que se comen los restos de tinta. Así, el tatuaje pareciera ser permanente, pero la realidad es que está cambiando constantemente de “huesped” (aunque éste sea microscópico). En esta liga, puedes ver la explicación completa al respecto (incluye un video muy bueno, aunque está en ingles).


  3. Saludos, excelente entrada. La verdad es algo que la película me ha gustado mucho y, curiosamente, he notado ciertos paralelismos entre el personaje de Deep y Jesucristo, como el hecho de que los primeros enfermos que cura son un paralítico y un ciego. Curioso detalle, ¿no crees?

    También me llama la atención el cómo los humanos creen que esta nueva inteligencia pretende dominar el planeta, siendo que lo que realmente buscaba era una vida mejor para todos y no tonterías como la dominación mundial.

    En fin, también quería comentarte un artículo que ha circulado en los medios recientemente donde se menciona que, pareciera, que hay indicios de que la consciencia sobrevive (al menos por unos minutos) al fallecimiento del cuerpo.

    Según este estudio, el cerebro humano deja de funcionar a los 30 segundos que se produce una falla total del sistema cardiovascular y es imposible sufrir de una alucinación.

    No obstante, existen pacientes que, tras recuperarse de una muerte clínica, describen diferentes visiones e incluso el caso más curioso es el de un hombre mayor de 57 años que describió a detalle el cómo intentaban revivirlo.

    ¿Es posible esto? Y si lo es, ¿a dónde se marcha la consciencia una vez que el cuerpo fallece? Si bien algunos de estos síntomas, como sería la sensación de separarse del cuerpo o tener alucinaciones pueden ser inducidos mediante cierta estimulación en zonas especificas del cerebro, esto no explica que la consciencia siga funcionando luego de 30 segundos.

    Es imposible que el cerebro genere sueños o sensaciones extra corpóreas. Sería como decir que, tras desenchufar la computadora, el Disco Duro siguió desfragmentándose o realizando alguna tarea que normalmente realiza.

    ¿Tienes alguna teoría?

    http://www.excelsior.com.mx/global/2014/10/07/985660


  4. […] poco, nos habrían parecido como ideas salidas de la ciencia ficción. Incluso si nunca llegamos al ascenso a la trascendencia, es muy probable que la Ley de Moore y sus beneficios se sigan dando – y puedan ser […]


  5. […] Dentro de algunos decenios (2040 – 2060) la humanidad tendrá la capacidad de crear una inteligencia artificial fuerte, equivalente a la de un cerebro humano. Ya que la investigación en este campo se ha centrado en la “mejora recursiva“, en un tiempo realmente corto alcanzaremos el ascenso a la trascendencia: […]



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