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“Están hechos de carne” (They’re made out of meat)

04/27/2013

Space [Icon By Buuf]  SETI.

Uno podría preguntarse por qué, en una galaxia de cientos de miles de millones de estrellas, los extraterrestres tendrían la intención de visitar la Tierra en absoluto. Sería como si todos los vertebrados en Norteamérica de pronto se sintieran atraídos por una casa particular en Peoria, Illinois. ¿Acaso somos tan interesantes?

Seth Shostak (n. 1943), físico y astrónomo estadounidense, Astrónomo Senior del Instituto SETI (organización dedicada a la búsqueda de vida extraterrestre).

Muchos de nosotros estamos seguros de que hay vida inteligente fuera de nuestro sistema solar. Sin embargo, no existe una prueba contundente de que alguna vez hayamos sido visitados por una civilización extraterrestre. Anteriormente ya he publicado algunos artículos donde razono que somos tan tecnológicamente atrasados y con tan poca madurez como especie, que una relación entre iguales sería prácticamente imposible: mientras “ellos” habrían iniciado la exploración de su sistema solar hace un millón de años, nosotros seguimos matándonos los unos a los otros por cosas tan triviales como la idea de quién es el “verdadero” dios. Además, no hay nada de valor que le podamos ofrecer a un posible visitante. Finalmente, no creo que ellos estuviesen dispuestos a regalarnos los secretos del viaje interestelar, ya que proporcionarnos esta tecnología puede ser tan peligroso para ambas partes como darle las llaves del Ferrari a un puberto irresponsable y sentarse en el asiento del copiloto.

Pero, ¿y si ellos no quieren tener nada que ver con nosotros debido a nuestra biología? Para no ir lejos, muchos humanos siguen sintiéndose superiores a sus congéneres tan sólo por el color de su piel, mientras como sociedad explotamos a las especies menos avanzadas de nuestro planeta sin tener en cuenta si sienten o sufren. Siendo así las cosas, me topé con Están hechos de carne (They’re made out of meat), un interesantísimo relato corto, escrito por el autor estadounidense Terry Bison. El ensayo es tan bueno, que se le ha usado en debates cosmológicos, cognoscitivos y hasta filosóficos. Con mi propia traducción, presento el artículo como fue publicado originalmente en la revista OMNI, en abril de 1990:

“Están hechos de carne.”

“¿Carne?”

“Carne. Están hechos de carne.”

“¿Carne?”

“No hay duda al respecto. Recolectamos algunos desde diferentes partes del planeta, los subimos a bordo de nuestras naves de exploración y los analizamos de arriba a abajo. Están completamente hechos de carne.”

“Eso es imposible. ¿Qué hay acerca de las señales de radio? ¿De los mensajes hacia las estrellas?”

“Utilizan señales de radio para comunicarse, pero las señales no provienen de ellos. Las señales provienen de máquinas.”

“¿Entonces quién construyó las máquinas? Es a ellos a quienes debemos contactar.”

“Ellos las hicieron. Eso es lo que estoy tratando de explicarte. La carne construyó estas máquinas.”

“Eso es ridículo. ¿Cómo puede la carne crear una máquina? Me estás pidiendo que crea en carne pensante.”

“No te lo estoy preguntando. Te lo estoy diciendo. Estas criaturas son la única raza pensante en ese sector y están hechas de carne.”

“Tal vez sean como los orfolei. Tú sabes, una inteligencia basada en el carbono que pasa por una etapa en forma de carne.”

“No. Nacen siendo carne y mueren siendo carne. Los hemos estudiado por muchas de sus generaciones, lo que no ha tomado mucho tiempo. ¿Sabes cuál es el tiempo de vida de una carne?”

“Ahórrate la molestia. De acuerdo, tal vez sólo son parcialmente de carne. Ya sabes, como los weddilei. Un pedazo de carne con un cerebro de plasma de electrones por dentro.”

“No. Pensamos en ello, ya que tienen cabezas de carne, como los weddilei. Pero te digo, los analizamos. Tienen carne por todos lados.”

“¿Sin cerebro?”

“Oh, ciertamente hay un cerebro. ¡Sólo que el cerebro está hecho de carne! Eso es lo que he estado tratando de decirte.”

“Entonces… ¿cómo piensan?”

“No me estás entendiendo, ¿verdad? Te niegas a aceptar lo que te estoy diciendo. El cerebro realiza el pensamiento. La carne.”

“¡Carne pensante! ¡Me estas pidiendo creer en carne pensante!”

“¡Sí! ¡Carne pensante! ¡Carne consciente! Carne que ama. Carne que sueña. ¡La carne lo es todo! ¿Estás empezando a entender la situación o tengo que empezar de nuevo?”

“Dios mío. Es en serio, entonces. Están hechos de carne.”

“Gracias. Finalmente. Sí. Ellos ciertamente están hechos de carne. Y han tratado de tener contacto con nosotros por casi cien de sus años.”

“Oh por Dios. Entonces, ¿qué es lo que esta carne tiene en mente?”

“Primero quieren hablar con nosotros. Entonces imagino que quieren explorar el Universo, contactar otras inteligencias, intercambiar ideas e información. Lo de costumbre.”

“Se supone que hablemos con la carne.”

“Esa es la idea. Ese es el mensaje que están enviando a través de radiofrecuencia. ‘Hola. Quien sea. ¿Hay alguien en casa?’ Ese tipo de cosas.”

“Entonces ellos hablan. ¿Usan palabras, ideas, conceptos?”

“Oh, sí. Excepto que lo hacen con su propia carne.”

“Creo que acabas de decirme que usan radiofrecuencia.”

“Ellos lo hacen, ¿pero qué crees que hay en la radio? Sonidos de carne. Tú sabes, cuando golpeas o volteas la carne, ¿ésta hace un ruido? Ellos hablan al hacer vibrar su carne. Incluso pueden cantar al expulsar aire a través de su carne.”

“Dios mío. Carne cantante. Esto es demasiado. ¿Cuál es tu recomendación?”

“¿Oficialmente o extraoficialmente?”

“Ambas.”

“Oficialmente, debemos hacer contacto, dar la bienvenida y registrar a todas y cada una de las especies pensantes o multiseres en este cuadrante del Universo, sin prejuicio, miedo o favoritismos. Extraoficialmente, recomiendo que borremos todo registro y nos olvidemos del asunto.”

“Esperaba que dijeras eso.”

“Parece duro, pero hay un límite. ¿En realidad queremos hacer contacto con un pedazo de carne?”

“Estoy de acuerdo al cien por ciento. ¿Qué podríamos decir? ‘Hola carne, ¿cómo te va?’ ¿Pero esto funcionará? ¿De cuántos planetas estamos hablando aquí?”

“Sólo uno. Pueden viajar a otros planetas en contenedores de carne especiales, pero no pueden vivir en ellos. Y al ser carne, sólo pueden viajar a través del espacio C. Lo que los limita a la velocidad de la luz y hace de la posibilidad de que alguna vez hagan contacto como algo muy difícil. Infinitesimal, de hecho.”

“Entonces sólo hagamos como que no hay nadie en el Universo.”

“Exacto.”

“Cruel. Pero tú lo has dicho, ¿quién quiere conocer un pedazo de carne? ¿Y aquellos que han subido a bordo de nuestras naves, aquellos que analizaron? ¿Estás seguro que no recuerdan nada?”

“Son considerados imbéciles si lo hacen. Nos metimos en sus mentes y ablandamos su carne para que creyeran que sólo era un sueño.”

“¡Un sueño para la carne! Qué extrañamente apropiado, que sólo seamos el sueño de una carne.”

“Y marcamos el sector entero como vacante.”

“Bien. De acuerdo, oficialmente y extraoficialmente. Caso cerrado. ¿Algún otro? ¿Alguien de interés en aquél lado de la galaxia?”

“Sí, una tímida pero dulce inteligencia en un núcleo de hidrógeno localizado en una estrella clase nueve de la zona G445. Estuvo en contacto hace un par de rotaciones galácticas; quiere ser amistosa nuevamente.”

“Siempre regresan.”

“¿Y por qué no? Imagina qué insoportable, qué tan inmensamente frío parecería el Universo si uno estuviese completamente solo…”

Ouch. Esto es precisamente lo que seres omnipresentes y omniscientes – verdaderos dioses – podrían pensar sobre nosotros: criaturas insignificantes con las que ni siquiera vale la pena hacer contacto. Es como nosotros con las abejas: de acuerdo a algunos estudios publicados el año pasado, resulta que estos insectos tienen sentimientos como ansiedad, alegría o la atracción por la novedad. Aunque esto puede parecer interesante, la verdad es que la mayoría de nosotros ni siquiera consideraría seriamente la posibilidad de comunicarnos con ellas. Parafraseando el ensayo anterior: “¿Qué podríamos decir? ‘Hola abeja, ¿cómo te va?'”

Lo que más me intriga de la historia es que de acuerdo a ésta, los seres inteligentes de carne y hueso seríamos únicos en el universo. Dudo que así sea, ya que los elementos de los que estamos conformados como el carbono, nitrógeno u oxígeno son muy comunes, y los procesos que nos han llevado hasta donde estamos tampoco son nada fuera de lo ordinario. Tal vez no lleguemos al extremo de Star Trek, donde la galaxia está poblada por civilizaciones de humanoides que sospechosamente, también pueden aparearse con nosotros. Sin embargo, todos los seres vivos estamos atados a las mismas leyes de la física y química, por lo que entes naturalmente evolucionados que posean “cerebros de plasma de electrones” son de hecho, más improbables que la posibilidad de que seamos los únicos habitantes de la Vía Láctea. Por otro lado, si la tecnología les ha permitido evolucionar hasta formas tan avanzadas como para “viajar entre las estrellas como luciérnagas en la noche”, su ciencia debería hacerles entender que ellos mismos empezaron como un humilde microorganismo salido del proverbial lodo.

Así pues, la deprimente posibilidad de no ser lo que se necesita para hacer contacto es muy improbable. Más bien, no hemos llegado todavía al punto de ser algo más que una atracción turística o un espécimen de laboratorio. Por otro lado, si como especie evitamos la autodestrucción, es muy posible que lleguemos eventualmente al infinito y más allá, hasta que en algún momento en el futuro nos topemos con una inteligencia extraterrestre, para finalmente comunicarnos con ella, como iguales. Pero, ¿y si no? nos daremos cuenta que somos únicos, y que sólo nos tenemos los unos a los otros. Pues, como dijera alguna vez el astrónomo y divulgador científico norteamericano Carl Sagan: Todos y cada uno de nosotros, desde una perspectiva cósmica, es precioso. Si un ser humano no está de acuerdo contigo, déjalo vivir. Entre cientos de miles de millones de galaxias, no encontrarás otro igual.

One comment

  1. Amén.
    (…y es que, cuando alguien nombra al Gran Dr. Sagan, sólo queda hacer silencio y escuchar -o leer-😉



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