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Cinco signos característicos de una mala paternidad que resultan ser buenos para los niños

08/29/2012

Wizdoc [Icon By Buuf]  Tips & Tricks.

Family holding hands

(Fuente: More4Kids)

Tus hijos son el regalo más grande que Dios te ha dado, y sus almas la mayor responsabilidad que pondrá en tus manos. Tómate tu tiempo con ellos, enséñales a tener fe en Dios. Sé una persona en quien ellos puedan confiar. Cuando seas viejo, nada más que hayas hecho habrá importado tanto.

Lisa Wingate, oradora, columnista y autora norteamericana.

Mis hijos ya alcanzaron la edad de uno y cuatro años, y el más pequeño ya está empezando a caminar, aunque todavía se cae con relativa frecuencia. Esto ha significado entre otras cosas, poner más cuidado con los puntos peligrosos de nuestro hogar – como enchufes, puertas, escalones y hasta objetos aparentemente inofensivos como cubetas y jergas mojadas – ya que les gusta aventurarse por todos lados y si no se les pone la debida atención, cuando uno menos lo espera el mayor ya cerró una puerta desde afuera mientras el más pequeño ya está metido en el closet buscando qué meterse a la boca.

Y es que esto de la educación de los niños puede ser todo un reto, pues si buscamos que “algún día sean astronautas”, debemos contenernos ante la tentación de nalguearlos cuando cometen travesuras, porque está científicamente comprobado que a mayor número de golpes, jalones o pellizcos, menor será la probabilidad de que alcancen el éxito durante su vida adulta. Fue así como me topé con este artículo escrito por Cezary Jan Strusiewicz y encontrado en el sitio Cracked donde nos muestra algunos ejemplos de mala paternidad que ¡sorpresa! resultan ser buenos para la crianza de los niños, ya sea porque mejoran su salud o su madurez emocional y social. Con mi propia traducción, lo presento a continuación:

Cualquiera que haya crecido en los años 80 sabe que la crianza de los niños solía tener otro significado. Las alergias eran poco frecuentes, los niños vagaban por los suburbios en bicicleta y las aventuras sin supervisión adulta se daban a la vuelta de la esquina. Los niños que crecieron en los años 90 no podían salir de casa sin que se les diera un discurso acerca del peligro de acercarse a extraños y se les suministrara una dosis extra de vitaminas, por si acaso.

Pero resulta que hay algunas cosas que los padres flojos o negligentes hicieron bien. Tales como…

5. Discutir con los hijos

“¡Porque yo lo digo!”

Todo padre acaba diciendo esto, ya sea le guste o no. ¿Cuál es la alternativa? ¿Sentarse ahí a debatir con tu hijo de 11 años de edad acerca de los méritos de un nuevo camión de juguete o un tatuaje de ellos en la frente representándolos apuñalando a un policía?

No, en estas situaciones lo mejor es rápidamente plantarse y dejar en claro quién es el jefe. Discutir con ellos por todo sólo socavará tu autoridad y convertirá a tus hijos en belicosos, malcriados delincuentes. Además, ¿que podría ganarse al discutir con un niño?

El sorprendente beneficio:

En realidad, la ciencia dice que estas discusiones proporcionan excelentes oportunidades para que tus hijos practiquen sus habilidades de razonamiento, discusión y negociación. Así que, mientras estén usando argumentos racionales y calmadamente te expliquen su punto de vista, no te conviertas inmediatamente en el perro alfa y termines la conversación con un “porque yo lo digo”. Tu deseo de tener una discusión en realidad podría salvar a tus crías de una vida ahogada en el alcohol y las drogas, de acuerdo a investigadores de la Universidad de Virginia.

En un estudio con 157 niños de 13 años de edad a lo largo de un periodo de dos años, descubrieron que los adolescentes que aprendieron a valerse por sí mismos e inteligentemente argumentaron su punto de vista, más tarde podrían usar esas habilidades en otras situaciones. Especialmente contra el coco de los padres en todo el mundo: la presión de los compañeros.

Resulta que la persuasión es algo muy útil en un ambiente escolar, especialmente en lo que respecta a declinar un golpe de heroína durante el recreo. En el estudio, aquellos niños que dominaron las artes de la argumentación al practicar primero con sus padres, eran un 40% más propensos a decir “no” a todo tipo de vicios, mientras que aquellos que eran constantemente acallados por sus padres respondían a la mayoría de las malas influencias con un tímido “Sí, seguro, no importa…”

La cuestión es que el mundo está lleno de padres con imagen de tipo rudo que insisten en que sus hijos aprendan a pelear, sabiendo que algún día tendrán que enfrentarse a un matón o bully. Tal vez incluso papá se pondrá los guantes de boxeo y llevará al niño al sótano para enseñarle cómo lanzar derechazos. Pero ¿cuándo fue la última vez que escuchaste de padres que hacen lo mismo con el combate verbal? Ya sabes, que le enseñen a sus hijos cómo ganar argumentos por la misma razón – que seguramente necesitarán en el patio de recreo. Diablos, te apostamos a que los argumentos verbales eran mucho más comunes en tus años formativos que las peleas a puñetazos. Así que, ¿por qué no las practicamos?

4. Dar a los niños caramelos regularmente

Todo el mundo sabe lo perjudicial que el azúcar refinado es para los niños. No sólo es adictiva, sino que también pudre los dientes y es la causa principal de la epidemia de obesidad infantil, que apesta, porque niños gordos son lo peor. Los padres que frecuentemente dan dulces a sus hijos deberían saltarse las bicicletas de montaña y las consolas de videojuegos y directamente comprarle a sus descendientes ataúdes extra-grandes para cuando inevitablemente caigan muertos a la edad de cuarenta. ¿Cierto?

El sorprendente beneficio:

Vamos a ser muy claros en esto: No estamos diciendo que los dulces no van a matar a tu hijo, sino que los niños que comen dulces regularmente pueden acabar siendo mucho más saludables que los que no lo hacen. Al menos esas fueron las conclusiones de los investigadores de la Universidad Estatal de Luisiana después de un estudio de cinco años… que básicamente se redujo a rellenar de azúcar un montón de niños pequeños, preadolescentes y adolescentes.

Los investigadores estudiaron a más de 11,000 niños de 2 a 18 años que fueron divididos en dos grupos. Un grupo fue alimentado con dulces y chocolate por alrededor de 4 gramos por encima de su ingesta diaria recomendada de azúcar, mientras que los otros niños no recibieron dulces en absoluto (teniendo que mantenerse en una dieta constante de lástima y burla por parte del primer grupo). A pesar de la cantidad casi insignificante de dulces que se les proporcionaron, los resultados del estudio mostraron que estadísticamente, la brigada caramelo tendía de 22 a 26 por ciento a ser menos propensos al sobrepeso que los niños criados con zanahorias y agua vegetariana.

Las buenas noticias no terminan ahí. Los niños que montaban el dragón azucarado también tenían menores niveles de una proteína relacionada a enfermedades del corazón y otros padecimientos crónicos, lo que va en contra de todo el así llamado sentido común de la nutrición saludable. Sin embargo, los resultados sólo aplicaron a los dulces típicos de azúcar y no al chocolate, por ninguna otra razón más que la vida es arbitraria e injusta.

Sin embargo, estos hallazgos no dan una luz verde para que los padres conecten a sus hijos a intravenosas llenas de azúcar y digan que sus obligaciones parentales están hechas. Lo que el estudio mostró en realidad fue que consumir frecuentemente cantidades moderadas de azúcar durante un largo período de tiempo puede tener efectos muy positivos en un cuerpo joven. Esto no tendrá ningún significado, sin embargo, si no sujetas a tu hijo a una dieta equilibrada o haces que patee una pelota de vez en cuando.

3. Dejar que jueguen en la tierra

Cuando eras niño, ¿alguna vez te gritaron por no ensuciarte lo suficiente? ¡Claro que no! Todo era “¡Salte del lodo, vas a arruinar los zapatos nuevos!” y “¡No te comas ese gusano, vive en la caca!”

Claro, todo padre entiende que los niños tienen una necesidad imperiosa de jugar al aire libre, pero esto debe hacerse en un ambiente controlado, donde los niños estén a salvo de las fuerzas malignas de la Madre Naturaleza y sus microorganismos que viven en la suciedad. A una edad bastante temprana, los niños no tienen ni siquiera cráneos correctamente formados, mucho menos sistemas inmunológicos lo suficientemente fuertes. ¿Y vas a dejar que jueguen entre agujas intravenosas, tenias y Dios sabe qué más? Si no fuera por los antibióticos modernos, la causa principal de muertes infantiles probablemente serían las rodillas raspadas.

El sorprendente beneficio:

Jugar entre la suciedad puede hacer que tus niños sean más inteligentes, eviten la depresión y se salven de enfermedades futuras. ¡Apostamos a que no te lo esperabas!

La mayoría de nosotros no puede encender la televisión sin ver a una mujer bien arreglada rogando porque compremos sus germicidas antisépticos para proteger a nuestras familias de la enfermedad… como si fuésemos los chicos malos si no lo hiciéramos. Lo que la bien peinada señorita de Lysol no nos está diciendo es que la exposición a la tierra – verdadera tierra, polvo y suciedad – es lo que expone a los niños a una bacteria llamada Mycobacterium vaccae, los chicos buenos del mundo bacteriano.

En un experimento, un grupo de ratones que fueron alimentados con suciedad conteniendo M. vaccae podían navegar laberintos complejos al doble de rápido que otros ratones. Otro estudio realizado por la Universidad de Bristol encontró que las bacterias también hicieron que los cerebros de los ratones secretaran más serotonina, que es la hormona de la felicidad. Esto explica por qué los hippies se ven tan contentos. Aparte de la hierba claro está.

Pero incluso el contacto con bacterias sin poderes mutantes puede ser muy beneficioso para los niños, ya que prepara su sistema inmunológico para manejar los desafíos más grandes por venir. Es el mismo principio de los argumentos verbales que tratamos anteriormente – todo se trata de practicar, en esta ocasión por su sistema inmunológico. Mientras más patógenos tenga que combatir un bebé antes de alcanzar 2 años de edad, menor será la posibilidad de que desarrolle problemas de salud como asma, enfermedades coronarias o trastorno obsesivo-compulsivo.

2. Permitir juegos peligrosos

La banda sonora de todo niño jugando es una voz adulta diciendo “¡Bájate de ahí!” o algo por el estilo (por ejemplo, “¡Te vas a sacar un ojo!” o “¡No puedes fumar eso!”). Ese es el sonido que los adultos hacen cuando te subes al techo con la intención de ver si puedes patinar para saltar y zambullirte en la piscina.

Los investigadores se refieren a esto como “juego peligroso” – cualquier forma de juego con un riesgo de daño físico, generalmente realizado al aire libre sin supervisión de un adulto. Por lo tanto, trepar árboles, andar en bicicleta, patinaje, lucha libre, saltos mortales y lucha con mapaches son todas formas de juego peligroso. Es el tipo de diversión que los padres de hoy en día encuentran difícil de conceder, porque requiere dejar que los niños salgan de nuestras protecciones, cercas y bardas. Después de todo, ¿cuántos niños mueren al año por trágicas lesiones relacionadas a estos juegos?

El sorprendente beneficio:

Sí, en realidad sabemos cuántos niños mueren al año debido a juegos peligrosos, y esos números son muy altos… en la escala de mentiras. En general, las lesiones sufridas por los niños debidas a caídas y volteretas casi nunca resultan en un daño permanente, con la muerte ocurriendo básicamente nunca. Las contusiones y fracturas son comunes, pero son un pequeño precio a pagar teniendo en cuenta el resultado final: proteger a los niños de fobias paralizantes durante su vida adulta.

Psicólogos de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología claman que los niños expuestos a estímulos tales como altura o altas velocidades a edad temprana tienen menos probabilidades de temerles a medida que crecen… sobre todo si se lesionan en el proceso. Así es: enfrentas cara a cara la lesión en el tobillo y te das cuenta que no es el fin del mundo. Así que a partir de entonces, la escalera parece menos atemorizante. De hecho, al exponerse a formas más y más peligrosas de juego, los niños están haciendo básicamente lo que los médicos entrenados recomiendan a los pacientes que tratan de superar sus miedos – una forma de “terapia cognitivo-conductual de la ansiedad”.

Es fácil olvidar que el juego es una forma de aprendizaje – es por eso que lo hacemos. Y toda “motivación suicida” que los niños tienen en el patio de recreo parecen ser un imperativo evolutivo destinado a familiarizar a nuestros jóvenes con el mundo real y los potenciales peligros que posee, específicamente para que puedan lidiar con ellos más tarde en la vida. Las lesiones sólo son parte del proceso.

Así que al final, parece que los padres tendrán que tomar una decisión: ¿Quieren pagar por el tratamiento de fracturas de huesos y moretones de sus hijos, o por su psicoterapia? Puede que primero quieras consultar con tu proveedor de seguro médico.

1. Forzar obsesivamente actividades extracurriculares

Hemos pasado una buena parte del tiempo en este artículo burlándonos de los padres sobreprotectores, dando la impresión de que realmente sólo tienes que dejar a los niños ir y que la naturaleza siga su curso. Parece obvio – después de todo, ¿qué es peor que aquellos padres que obligan a sus hijos de 5 años de edad a tomar clases de tenis, violín y gimnasia, en vez de dejarlos ser sólo niños? Ves estos niños pasando horas al día practicando y te imaginas que un día simplemente se quebrarán para unirse a algún culto satánico.

En realidad hay un término para este tipo de crianza opresiva: “cultivación concertada“. Y al igual que un verdadero cultivo, requiere que tu hijo se coma una montaña de mierda. Como respuesta a esta obviamente errónea tendencia, la “crianza campera” ha comenzado a ser cada vez más popular.

El sorprendente beneficio:

El término “crianza campera” es en realidad muy acertada, porque al igual que las “gallinas camperas”, son puras mentiras.

Un estudio titulado “El Niño ‘Apresurado’: Mito vs. Realidad” de la Universidad de Maryland concluyó que programar todo el día de un niño puede ser muy estresante y molesto… para los padres. Los niños, en cambio, aparentemente prosperan emocionalmente gracias a programas deportivos y de arte, y aman cada segundo de ello. Entre niños de 9 y 12 años de 43 familias, los que habían participado aproximadamente dos horas al día en actividades organizadas eran más activos y maduros socialmente, poseyendo mayor autoconfianza que los niños dejados solos para explorar el mundo por sus propios medios.

Participar activamente en los juegos de tus niños no necesariamente significa vigilarlos constantemente – así como con el dulce, la clave está en la moderación. Dicen que un niño no debería participar en más de dos actividades después de la escuela a la vez, y que los padres deberían ser cuidadosos de no cansarlos. Si el niño parece molesto, es enteramente posible que le guste el fútbol, pero no le gusta escuchar tus quejidos sobre cuán constantemente debes llevarlo a la práctica de fútbol.

Porque los niños muy probablemente estarán bien. Son más resistentes de lo que creemos.

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