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El terremoto y tsunami de Sendai

03/15/2011

World News [Icon By Buuf]  Noticias.

Ishinomaki baby (Sendai 2011 quake)

Un soldado de las fuerzas de defensa niponas sonríe al sostener a una bebé de cuatro meses rescatada entre los escombros de la ciudad de Ishinomaki, devastada por el terremoto de Sendai, ocurrido el 11 de marzo de 2011. La bebé fue rescatada tres días después del terremoto y posterior tsunami. (Fuente: Pinkturtle @ WordPress)

La tarde del pasado 11 de Marzo ocurrió el quinto terremoto más poderoso registrado en los últimos cien años. Este movimiento telúrico tuvo una intensidad de 8.9-9.0 Mw y su epicentro se localizó en el fondo del Pacífico Norte, a unos 130 kilómetros al este de la Península de Oshika en Japón. El sismo generó a su vez un tsunami con olas de hasta 10 metros de altura que golpearon toda la costa noroccidental de las islas japonesas y generaron alertas tan lejos como Hawaii y Latinoamérica. El gobierno nipón tiene confirmados hasta el momento casi 3,500 muertos y más de 8,000 desaparecidos, estimando un total de 10,000 muertes y costos de reparación por más de US$100,000 millones, lo que convierte a este desastre natural en la mayor crisis que haya azotado a Japón en los últimos 65 años. Es relativamente poca la gente que ha fallecido debido al sismo o el subsecuente tsunami, pues Japón es la nación mejor preparada en el mundo contra este tipo de desastres. Sin embargo, la secuela más importante que está dejando el terremoto tiene la capacidad de cambiar la faz de Japón por cientos, si no miles de años: dos centrales nucleares en la ciudad de Fukushima, 250 Km al norte de Tokio (Fukushima I y Fukushima II) presentaron una serie de explosiones debido al daño sufrido en sus respectivos sistemas de enfriamiento. El 14 de Marzo se había reportado que las barras de combustible del reactor 2 en la planta de Fukushima I se encontraban expuestas al aire. En estos momentos, una fusión de las barras de combustible, daño a la vasija del reactor y un posible escape radiactivo como el de Chernóbil ocurrido el 26 de abril de 1986 ya es una posibilidad.

Fukushima Daiichi

Imagen satelital de la planta Fukushima I, mostrando el daño causado por las explosiones. (Fuente: Reuters)

El gobierno japonés está poniendo su mejor cara ante la comunidad internacional al minimizar el problema, pero ya ha empezado a repartir entre la población tabletas de yodo para prevenir cáncer de tiroides debido a exposición a la radioactividad. También se ha dado a la tarea de contactar a la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica) para buscar la ayuda necesaria con el fin de prevenir una posible fusión del núcleo del reactor. De hecho, aunque el perímetro de seguridad “oficial” es de 20 Km alrededor de las plantas y hasta el momento se tiene noticia de la evacuación de más de 180,000 personas, la BBC ha reportado que no se está permitiendo la entrada a extranjeros dentro de un radio de 60 Km alrededor de Fukushima.

Dejando de lado la situación de sus plantas nucleares, en el corto plazo Japón está sufriendo debido al corte en las vías de comunicación. Ya existen compras de pánico entre la población y enormes filas para comprar combustible son el pan nuestro de cada día; algunas industrias como Toyota, Nissan o Toshiba tuvieron que detener su producción debido a los estragos causados en las cadenas de suministro. En términos generales, habrá un efecto “Sake” que le pegará al resto del mundo, aunque se notará más en las economías del Sureste de Asia debido a su gran dependencia hacia El Gran Dragón.

Finalmente, en caso de una eventual fuga de radiación, la versión Japonesa del desastre de Chernóbil puede ser mucho más devastadora de lo que muchos se imaginan: no sólo una buena parte de la nación nipona quedaría inhabitable por miles de años, sino que la economía mundial se vería afectada: recordemos que en 1986 la Unión Soviética era un país cerrado sin mucho contacto comercial con el mundo exterior y la región afectada por la radiación – hoy prácticamente deshabitada – albergaba a cerca de 135,000 personas, incluyendo 50,000 de la ciudad de Prípiat. Por el contrario, Japón es una economía basada en la exportación con una elevada densidad de población y algunos segmentos críticos de su infraestructura industrial quedarían completamente inutilizables debido a la radiación. Ciertamente, si consideramos que en la actualidad existen “zonas de exclusión” a más de 250 Km de la planta nuclear de Chernóbil, Japón se las puede ver realmente negras: el centro de la ciudad de Tokio, con una población de 35.7 millones de habitantes, se encuentra a tan sólo 245 Km de Fukushima I.

De momento, seguiremos de cerca la historia, esperando que todo acabe bien. Sin embargo, conociendo el “excelente” record de seguridad de la industria nuclear, me estoy temiendo que Japón tendrá tiempos muy difíciles por venir.

Actualización: 12/04/2011

El día de hoy Japón incrementó de manera oficial la zona de exclusión a un radio de 30 Km alrededor de la planta y subió la situación al nivel 7 en la escala internacional de eventos nucleares y radiológicos (International Nuclear and Radiological Event Scale – INES). Esto significa que este desastre ya está a la par con el de Chernóbil de 1986 y pone de manifiesto la incapacidad de los expertos nucleares para controlar la fuga de radiación.

De hecho, una buena parte del hemisferio norte será afectado por la radiación y nubes de polvo y escombro que resultaron del terremoto y explosión de la planta: se estima que cesio-137, un material radioactivo con una vida media de 30 años, está escapando a una tasa del 60% comparado con el de Chernóbil y Yodo-131 con una vida media de “apenas” 8 días está escapando a una tasa de 60% del nivel del desastre de 1986. Esto se vuelve un cuento de horror si consideramos otro detalle: Chernóbil ardió por apenas 10 días, mientras Fukushima lleva ya casi un mes liberando contaminantes radioactivos; Chernóbil tenía apenas 180 toneladas de combustible nuclear mientras Fukushima tiene 1760 toneladas de una mezcla de óxido de plutonio-uranio, que es aún más peligroso que el combustible que contenía la fallida planta Soviética.

De hecho, en Hawaii, a la mitad de la distancia entre Japón y el continente Americano, se han detectado muestras de leche de vaca con trazas de Cesio-134 con cantidades 8 veces por encima del límite impuesto por la agencia de protección ambiental estadounidense (Environmental Protection Agency – EPA), 6 veces el límite federal para Cesio-137 y 6 veces el de Yodo-131. Esto hace de la leche obtenida de ganado en las islas Hawaianas sobrepase en más de 20 veces el límite federal de radiación impuesto por dicha agencia.

Y esto se pone todavía mejor. Desde hace algunas semanas han estado llegando a la costa oeste de Norteamérica las primeras trazas de la nube de Cesio-137 producida por la explosión de Fukushima. Dicha nube ha afectado una buena parte de Canadá, Estados Unidos y el norte de México:

Fukushima Ce-137 plume forecast

Pronóstico de la nube con Cesio-137 como producto de la explosión de la planta nuclear de Fukushima. (Fuente: YouTube)

¿Qué podemos hacer al respecto? Muchas personas continúan ignorando esto como algo muy lejano que no puede afectarnos. Sin embargo, no deberíamos ignorar la amenaza que representa la radiación. Japón modificó sus límites de seguridad ante la radiación al doble y no es de sorprenderse que los gobiernos de Canadá, Estados Unidos o México cambien sus “niveles mínimos de seguridad” cuando empiecen a encontrarse niveles más altos de radiación en los alimentos y fuentes de agua potable. Algunas sugerencias para lidiar con esta situación se definen a continuación:

• Obtener alimentos enlatados, especialmente aquellos que han sido producidos al este de las Montañas Rocosas o la Sierra Madre Occidental.

• Comprar productos locales en la medida de lo posible (en mercados y tianguis) debido a que una gran parte de los alimentos consumidos en México y los Estados Unidos son cultivados en Sinaloa y California, respectivamente. Dichos estados serán directamente afectados por la radiación de Fukushima.

• Consumir mayores cantidades de arroz, que es producido en zonas no afectadas por la radiación. Sin embargo, es bueno estar al pendiente de su origen, ya que una buena parte del arroz producido en México se cultiva en el estado de Sinaloa.

• Tener un mayor cuidado con las personas de alta vulnerabilidad – mujeres embarazadas, bebés y ancianos – pues ellos son los más afectados cuando algún alimento está potencialmente contaminado. Si tenemos el dinero, un contador Geiger no está demás. Si somos proactivos y nos gusta hacerle a la electrónica, hay incluso artículos de hágalo usted mismo en la Internet (ver aquí o aquí un par de ejemplos).

• Mantenerse al tanto de la situación. Leer las noticias no convencionales – CNN y demás están minimizando los hechos – por lo menos una vez por semana, ya que mientras se mantenga sin ser sellada en su totalidad, Fukushima seguirá vertiendo productos radioactivos a la atmósfera y aguas del Pacífico.

Conforme se siga desarrollando la historia, seguiremos reportando cualquier novedad, ya que al parecer esto no tendrá fin en un futuro cercano.

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