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Aquí también se cuecen habas

10/11/2009

Politics [Icon By Buuf]  Política.
Esta ha sido una semana con un par de sorpresas en cuestiones de política tanto en México como en los Estados Unidos: primero, la payasada de premiar con el Nobel de la Paz al presidente estadounidense Barack Obama y segundo, la liquidación de la paraestatal mexicana Luz y Fuerza del Centro (LyFC) por el presidente mexicano Felipe Calderón. A continuación doy mis opiniones al respecto de ambos sucesos:

Primero lo del Nobel de la Paz. Sé que Mr. Obama representa la esperanza de una buena parte del mundo para que los Estados Unidos cambien el rumbo de la política exterior que los ha caracterizado desde hace tiempo. Sin embargo, Barack Obama no ha hecho absolutamente nada por la paz o seguridad mundial, más allá de darle el avión a todos. Por ejemplo, desde su toma de posesión no ha disminuido el número de tropas norteamericanas en Afganistán e Irak. Y no sólo eso, sino que ha incrementado por debajo del agua la capacidad y alcance de sus fuerzas armadas en dichos países así como en el resto del mundo. Como ejemplo, la reactivación de la Cuarta Flota – cuya acción se enfoca a toda Latinoamérica – más las nuevas bases militares "para ayudar a Colombia en su lucha contra el narcotráfico" en realidad son para asegurar los recursos naturales de Sudamérica, ponerle presión a Brasil para que no se salga del guacal ahora que se está convirtiendo en potencia mundial y para darle una advertencia a Hugo Chávez de que si sigue por el mismo camino, le puede pasar lo mismo que a Saddam Hussein. En pocas palabras, el o los zoquetes que le otorgaron el distintivo a este señor no tienen idea de lo que significa "medir a un hombre por sus actos, no por sus discursos" y al menos a mi me dejan con la impresión de que el Nobel de la Paz ya es sólo una burla: ¿Cómo comparar su verbo con las acciones de otros premiados como Rigoberta Menchú, Nelson Mandela o Yitzhak Rabin?

Luego, la liquidación de Luz y Fuerza. Es un tema polémico porque huele muchísimo a "privatización" y honestamente, seguramente lo es. Sin embargo, en este caso no hay ni cómo defender a quienes se oponen. De acuerdo a cifras oficiales, que pueden estar algo infladas como medida propagandística, pero no dejan de ser preocupantes:

• El organismo registra un pasivo laboral de 240 mil millones de pesos (alrededor de 18,000 millones de dólares), de los cuales solamente 80 mil millones corresponden a trabajadores en activo y 160 mil millones al personal jubilado.

• A junio de 2009 Luz y Fuerza del Centro perdió el 30.6 por ciento de energía, en tanto que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) perdió el 10.9 por ciento; casi ninguna empresa eléctrica en el mundo registra el porcentaje de pérdidas que presenta Luz y Fuerza del Centro.

• En el mejor de los casos, los costos unitarios de las obras que ejecuta Luz y Fuerza del Centro son 176 por ciento superiores respecto de los costos de la Comisión Federal de Electricidad.

En el periódico El Universal dan estas y otras cifras que hablan de la ineficiencia de la paraestatal en comparación con la CFE. Y eso ya es decir mucho, pues todos sabemos que la CFE está plagada de mafias sindicales, clientelismos, nepotismos y demás ismos heredados después de 70 años de ya saben quien. De momento, hay una tensa calma pues el sindicato está clamando venganza, pero hasta ahora no han armado nada más allá de una marcha de protesta. Además, con números fríos se puede demostrar que dicha empresa es un lastre que hay que cortar. ¿O que preferirían, que todos sigamos pagando los sueldazos que muchos de los trabajadores de LyFC percibían? Voy de acuerdo con que las maneras no fueron las correctas – eso de desalojar a la gente de sus puestos y tomar las instalaciones de manera sorpresiva – pero el fondo es el mismo: la empresa es demasiado cara y puesto que los de arriba en LyFC no son amigos de Los Pinos, se explica por qué les están aplicando la jarocha.

Por otro lado, creo que también el gobierno armó este mitote para que los directivos de Pemex y la CFE pongan sus barbitas a remojar. En japonés, crisis es sinónimo de oportunidad y en este caso, la oportunidad es clara: aunque nuestro querido gobierno es muy tolerante con los holgazanes que lo integran y se dan la buena vida con nuestros impuestos – léase congresos estatales y federales así como jueces y magistrados – la posición con la que cuentan es simplemente, insostenible. Ahora bien, si en Los Pinos se deciden continuar por este camino, esperemos que no nos salgan con que le "regalan" la empresa al señor Slim o a alguno de sus múltiples prestanombres, creando un monopolio igual de ineficiente pero más caro para el usuario final, como pasó con Telmex.

Y en Europa también se cuecen habas.

¿Y qué me motivó a este pequeño análisis político? Así como se realizó el desalojo de LyFC durante el encuentro de fútbol entre México y El Salvador por el pase al Mundial en Sudáfrica, aquí en Portugal también han tenido un par de escándalos gubernamentales. Al parecer el ministro de defensa se llevó una lanita por otorgar la construcción de un par de submarinos a un consorcio alemán. En esta semana se realizaron unos debates bastante fuertes, pero extrañamente, desde el miércoles pasado casi todos los medios noticiosos cambiaron el tema por dos cosas: El "esperanzador" logro de Obama y su Nóbel y el partido de panbol de este sábado donde se decidiría si Portugal asistiría o no al mundial. En fin, como dicen en mi tierra, "aquí también se cuecen habas".

Una reflexión final, ya aparte de las cuestiones de política. Personalmente ayer asistí al partido entre Portugal y Hungría por el pase al mundial, en el Estádio da Luz. Aquellos que han asistido a un partido Chivas-America o México-Guatemala estarán de acuerdo conmigo en que un partido de futbol es algo divertido: entre el juego y los despapayes que se arman en las tribunas – las mentadas de madre, los cantos de las porras y lanzarle basura al jugador del equipo contrario cuando está por hacer un tiro de esquina – uno se la pasa muy bien. Aquí en Europa, hasta parece que uno esta viendo el partido desde el televisor: todo es orden y educación. Cero alcohol, no hay bardas de 3 metros que separen al público del campo de juego. Nada de reventas, granaderos ni desmadres en la tribuna. De hecho, es como ir al cine: la gente lleva a sus niños pequeños y sólo hacen fiesta cuando el equipo local anota un gol. Vamos, ni siquiera "la ola" pega muy bien. En pocas palabras, demasiado orden también llega a ser aburrido. Los únicos rijosos eran… si, los Mexicanos. Con nuestro ¡Viva Méshico cabrones! la gente hasta se sacaba de onda. Capaz que se nos ocurre lanzar un vaso de papel o un cartón de comida y nos llueven veinte policías – eso si, no armados con toletes pero sí con las fuertes palabras "ehh disculpe usted, por favor acompáñenos a la salida. ¡Gracias!"😉

En fin, ahora veo por qué con todo y que nuestros países del tercer mundo tienen tantas broncas de inseguridad, pobreza y corrupción los güeritos europeos gustan de descolgarse para allá: encuentran en nuestras tierras lo que desde hace décadas – o siglos – han perdido: el sentido de aventura, descubrimiento e inseguridad que se sienten al toparse con ambientes, situaciones y personas de otras culturas.

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