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La Carretera / The Road

07/24/2009

Wizbook [Icon By Buuf]  Libros: Ficción.
Normalmente no incluyo en el blog críticas de libros de ficción, enfocándome en escribir reseñas sobre publicaciones de ingeniería de software o temas técnicos. Sin embargo, en esta ocasión haré una excepción debido a lo bueno que me ha parecido el libro que ha consumido mucho de mi tiempo libre en estos últimos días, hasta que lo terminé ayer por la noche.

Empezando por el autor: Cormac McCarthy es uno de esos escritores cuya redacción te gusta o te cae en el hígado. Del prefacio (con traducción de mi cosecha):

La prosa es esencialmente McCarthy: escueta, desolada, sin emociones; dejando fuera vocabulario y puntuación innecesarios (él mismo reconoció como un mal necesario incluir puntos para denotar el final de una oración. Algunas contracciones están marcadas con un apóstrofe, algunas no…) Aunque la mayoría de los maestros de inglés lo consideran como Satán encarnado [debido a los horrores de ortografía], él puede publicar frases de una belleza casi insoportable.

Esto hace que las narraciones puedan ser tediosas o que parezcan libretos de películas. Sin embargo, esto no le resta a la calidad de sus historias, que en su mayoría son pesimistas y cargadas de situaciones "no aptas para todo el público". Un ejemplo de ello fue la mundialmente aclamada No Country for Old Men – traducida en México como Sin Lugar para los Débiles – que fue convertida en película y cuya participación en la antepasada entrega de Oscares logró cuatro estatuillas.

Pues bien, la novela que terminé de leer se trata de The Road (traducida en Hispanoamérica como La Carretera). Ganadora del Pulitzer a la mejor obra de ficción para 2007, narra el viaje que emprenden un padre y su pequeño hijo a lo largo de una carretera interestatal norteamericana. El giro de la historia consiste en que el recorrido lo realizan a través de un paisaje devastado por un cataclismo desconocido que ha destruido por completo la civilización y aparentemente, también la biósfera del planeta.

Foto aerea de Prypiat, Ucrania.


Prípiat, Ucrania. Anteriormente una bulliciosa ciudad de casi 50,000 habitantes, tuvo que ser abandonada en menos de 3 horas por causa del accidente nuclear de Chernobyl, en abril de 1986. Debido a la radiación, esta región no será habitable por lo menos durante los próximos 600 años y es un buen ejemplo de cómo se vería el mundo de La Carretera. (Fuente: weburbanist.com)

Así entonces, padre e hijo huyen con dirección al océano del inclemente invierno, cuyo frío "como para agrietar las piedras" significa una muerte segura. Armados con una pistola cargada con sólo dos municiones – como defensa o como última salida ante un peor escenario – y un carrito de supermercado con escasas provisiones, caminan a través de un territorio post-apocalíptico parecido al de las películas Mad-Max (1979) y Exterminio (2002) o la serie de televisión Jericho (2006), atravesando kilómetros y kilómetros de una tierra cubierta de cenizas, helada y muerta, con los ocasionales cadáveres de los "afortunados" que quedaron en el lugar durante el momento de la catástrofe. Adicionalmente a las dificultades de sobrevivir en esta "tierra quemada", se presenta la terrible amenaza en forma de otros supervivientes: grupos de rednecks caníbales que están dispuestos a desvalijar, violar y alimentarse de cualquiera que se cruce en su camino.

De la novela me llaman la atención dos cosas:

• La primera es la temible descripción de un planeta muerto donde las ciudades y áreas rurales han sido abandonadas desde hace años; todos los seres vivos con la excepción de los humanos están extintos y debido a la omnipresente ceniza que cubre el ambiente, la atmósfera está saturada de una espesa capa de smog que impide ver la luz del sol y la lluvia, los ríos y hasta el mismo océano están permanentemente sucios y de color gris. George Monbiot, un activista ecológico británico, quedó tan impresionado que colocó a McCarthy como una de las 50 personas que podrían salvar al planeta, pues comenta que la novela "Podría ser el libro ambiental más importante de todos los tiempos. Es un ejercicio mental que imagina un mundo sin una biósfera y muestra que todo lo que valoramos depende del ecosistema."

• La segunda – el tema central de la historia y lo que me ha llevado a reseñarla en el blog – es la relación entre el padre y el hijo. Creo que de haber leído esta novela hace un par de años atrás, me hubiese parecido poco significativa, tal vez hasta aburrida. Pero como ya tengo un hijo propio, veo en la novela muchas formas de pensar y actuar que van de acuerdo con lo que creo yo significa ser padre. Por ejemplo, cuando se ha perdido toda la esperanza en el futuro, nuestra descendencia puede ser lo único que nos motive a seguir adelante. También la historia nos recuerda que a final de cuentas, los pequeños momentos que compartimos con nuestros seres queridos son lo que más importa en esta vida:

A las afueras de la ciudad llegaron a un supermercado. Unos cuantos automóviles viejos en un estacionamiento sembrado de desperdicios. Dejaron allí el carrito y recorrieron los sucios pasillos. En la sección de frutas y verduras encontraron en el fondo de los contenedores unos cuantos ejotes y lo que parecían haber sido albaricoques, convertidos desde hacía tiempo en arrugadas efigies de sí mismos. El chico le seguía. Salieron por la puerta de atrás de la tienda. En el callejón unos cuantos carritos, todos muy oxidados. Volvieron a pasar por la tienda buscando otro carrito pero no había ninguno más. Junto a la puerta había dos máquinas de refrescos que alguien había volcado y abierto con una palanca. Monedas esparcidas por la ceniza del suelo. Se sentó y paseó la mano por los mecanismos de las destruidas máquinas y en la segunda sintió un cilindro frío de metal. Retiró lentamente la mano y vio que era una Coca-Cola.

¿Qué es, papá?

Un regalo. Para ti.

¿Qué es?

Ven. Siéntate.

Aflojó las correas de la mochila del chico y dejó la mochila en el suelo detrás de él y metió la uña del pulgar bajo el gancho de aluminio en la parte superior de la lata y la abrió. Acercó la nariz al discreto burbujeo que salía de la lata y luego se la pasó al chico. Toma, dijo. El chico tomó la lata. Tiene burbujas, dijo.

Bebe.

El chico miró a su padre y luego inclinó la lata para beber. Se quedó allí sentado pensando en ello. Está muy rico, dijo.

Así es.

Toma un poco, papá.

Quiero que te la bebas tú.

Solo un poco.

Tomó la lata y dio un sorbo y se la devolvió. Bebe tú, dijo.

Quedémonos aquí sentados un rato.

Es porque nunca más volveré a beber otra, ¿verdad?

Nunca más es mucho tiempo.

Ok, dijo el chico.

La novela tiene muchos ejemplos como éste acerca del amor que siente el padre por su hijo. Así, conforme uno avanza en la lectura, aquellos que somos papás nos sentimos identificados con el protagonista principal, sintiendo ansiedad cuando se topan con los horrores de este mundo de pesadilla; no tanto por lo que al hombre le pudiese pasar, sino por el destino del niño. Es el típico chin, algo malo va a pasar… agarra al niño y corre…

En fin, recomiendo mucho esta lectura; seguramente provocará que a los que ya son padres se les haga un nudo en la garganta y a los más emotivos les haga rodar una lagrimilla. Una advertencia: cuidado con algunos pasajes, que son especialmente horripilantes. Por ello, aunque corto, este no es un libro apto para menores.

Para aquellos que así lo prefieran, pueden esperar a que en octubre próximo salga la película, que de acuerdo al avance, se ve muy buena y bastante fiel a la historia original. Sin embargo, aconsejo primero leer de la fuente original, pues con regularidad Hollywood destruye joyas de la literatura con bazofias mal hechas, como es el caso de El Cartero – titulo original: The Postman, del escritor David Brin – que fue una novela ganadora de los premios Hugo en 1983 y cuya producción cinematográfica protagonizada en 1997 por Kevin Costner resultó ser un churro.

Actualización: 24/06/2010

Pues… ciertamente, la versión cinematográfica de La Carretera (2009) es fiel al material original. Sólo noté una escena de la película que tiene considerables diferencias con respecto al libro, pero no es crítica en el contexto de la historia. Por otro lado, es una verdadera lástima que The Road no alcanzara a calificar dentro de los contendientes al Oscar, pero creo que conozco la razón: aunque sí existe una química entre Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee – padre e hijo en la pantalla, respectivamente – el hecho es que no se transmite del todo la pasión con que el hombre ama a su hijo y está dispuesto a "destruirlo todo" con tal que su pequeño sobreviva, o al menos enfrentando un peor escenario, sufra lo menos posible. Por otro lado, el que hayan incluido a Charlize Theron como la madre del pequeño funciona más como distractor que como parte de la historia principal. No digo que la Theron haya realizado una mala actuación, sino que simplemente, los flashbacks donde vemos cómo va perdiendo poco a poco la fe y voluntad de vivir me hicieron pensar más de una vez en algo así como "bueno ya, toma el fogón y ponte un tiro, pero si hay oportunidad de sobrevivir, deja que el niño continúe existiendo".

Dejando pasar estos detalles, veo esta producción como prácticamente material de Oscar, al grado en que algunos sitios la consideran parte del selecto grupo de películas tan buenas, que no quieres volver a verlas jamás. Uno de estos sitios, Mania.com incluye una pequeña pero concisa reseña al respecto:

La Carretera es aquella adaptación poco común que hace honor a su poderosa fuente original – que muchos consideraron no podría ser filmada – al mismo tiempo que inspira en los espectadores un impulso de sacarse los ojos con un cuchillo de mantequilla. El papel de Viggo Mortensen como un padre protegiendo a su hijo en un mundo post-apocalíptico de canibalismo y fuego es digno del mayor elogio. La cinematografía, dirección y montaje son de primera categoría; la película en sí hace difícil apartar la mirada. Pero la tensión emocional – expertamente extraída de la novela ganadora del Pulitzer de Cormac McCarthy – es del tipo que puede convertir un día en el cine en una genuflexión ante el dios de porcelana.

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