Cuando el astronauta Neil Armstrong caminó por primera vez sobre la Luna, no sólo exclamó la célebre frase Un pequeño paso para el hombre; un gran salto para la Humanidad, sino que hizo muchos otros comentarios, incluyendo el tráfico de comunicaciones habitual entre él, los demás astronautas y Control de Misión. Antes de reingresar al módulo lunar, hizo el enigmático comentario: Buena suerte, señor Gorsky.

Mucha gente en la NASA pensó que era un comentario casual relacionado a algún cosmonauta Soviético rival. Sin embargo, al verificarlo, no encontraron ningún Gorsky entre los programas espaciales rusos o americanos.

A través de los años, mucha gente le había cuestionado acerca de qué significaba esta frase. El 5 de julio [de 1995] en Tampa Bay, Florida, al responder preguntas después de un discurso, un reportero expuso nuevamente la pregunta. Armstrong finalmente respondió. Al parecer el Señor Gorsky ya había fallecido, por lo que Armstrong sintió que podría contestar. Cuando era niño, Neil estaba jugando béisbol con su hermano en el patio trasero de su casa. Éste bateó la bola de tal manera que cayó frente a la ventana del dormitorio de sus vecinos. Dichos vecinos eran el señor y la señora Gorsky. Conforme se agachaba para recoger la bola, el niño Armstrong escuchó a la Sra. Gorsky reclamarle al Sr. Gorsky: ¿Sexo oral? ¿Quieres sexo oral? ¡Tendrás sexo oral cuando el niño de al lado camine sobre la Luna!

Good luck Mr Gorsky!. Snopes.com (Sitio dedicado a desmentir o corroborar leyendas urbanas)

Muy divertida aunque falsa anécdota relacionada a Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna. Y dejando de lado esta leyenda urbana y otras tantas como que el Apolo 11 se topó con OVNIs y ciudades extraterrestres o que todo el asunto del alunizaje fue un engaño, hoy 20 de julio se conmemoran 40 años de este importante acontecimiento.

Para los conspiranoicos de corazón

Muchos rezan que nunca fuimos a la Luna – otros tantos que sólo el Apolo 11 mientras los demás si fueron reales – y que todo fue una superproducción hollywoodesca dirigida por Stanley Kubrick, director de 2001: Una Odisea en el Espacio, en alguna bodega especialmente adaptada en el Reino Unido. Demostrar cómo es que el hombre llegó a la Luna es un tema largo y tendido que prefiero dejárselo a los expertos. Sólo tengo una pequeña observación: la carrera a la Luna se dio por motivos más políticos que altruistas, específicamente por la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Así que si los Estados Unidos hubiesen creado una farsa, los primeros que habrían gritado “¡Fraude!” habrían sido los soviéticos.

Capricorn One (1978) poster fragment

Fragmento de un póster de la película Capricorn One (1978), un clásico de teorías de la conspiración donde el gobierno norteamericano falsifica la transmisión de la primera misión tripulada a Marte. A partir de esta película comenzó la leyenda urbana de que el viaje a la Luna nunca sucedió. (Fuente: impawards.com)

Ahora bien, en 1969 la tensión entre ambos países era altísima, por lo que un “soborno” no se podía dar tan fácilmente. De todas formas, muchos alegan que los gringos sí “compraron” a los russkies mediante cargamentos de granos como “ayuda humanitaria” debido a la falla de las cosechas soviéticas de aquél año, pero considerando el enorme gasto en términos económicos y sociales que realizó la Unión Soviética con su propio programa espacial, dudo mucho que se hubiesen quedado tan tranquilos y seguramente habrían publicando pruebas contundentes incluso por debajo del agua. Es más, los soviéticos persistieron por algunos años más en su intento de llegar a la Luna y debido a constantes fracasos y recortes de presupuesto, al final decidieron enfocarse al desarrollo y construcción de estaciones espaciales así como de tecnología industrial basada en el espacio, dos ramas de la astronáutica en las que siguen siendo la nación más avanzada al respecto.

Otras pruebas son las de telemetría (radares, pequeños radiotelescopios y observatorios que tomaron fotografías de las naves en vuelo) o las rocas, que son equivalentes a las obtenidas por las sondas rusas. Finalmente, el Lunar Reconnaissance Orbiter, cuya planeación y lanzamiento hemos cacareado bastante en este mismo blog, ha estado orbitando nuestro satélite desde hace poco menos de un mes. Del 11 al 15 de julio de este año estuvo tomando fotos de los sitios de alunizaje pasados, con la resolución suficiente para ver aunque sea de lejos, las secciones inferiores de los módulos de aterrizaje, así como algunos “caminitos” dejados por los rovers y el equipo dejado desde hace 40 años en la superficie lunar.

La pregunta del millón

Una pregunta que pocos han podido responder – y que la comunidad conspiranoica aplica para atacar la historia “oficial” – ha sido: si fuimos, ¿por qué no hemos regresado? Ayer por la tarde vi un documental donde justamente responden esta interrogante:

• Llegar no es algo de enchílame otra gorda: la logística, preparación y costos asociados a una misión lunar son enormes, con un gasto de aproximadamente US$ 135,000 millones para un programa equivalente. Incluso a los pocos días de la proeza del Apolo 11, muchas personas empezaron a reclamar que los costos para llegar a la Luna eran excesivos y que siempre sería mejor ocupar ese dinero en temas más importantes, como la Guerra de Vietnam, la pobreza o el hambre mundial. Esto más adelante provocaría la reducción de presupuesto que desembocó en la cancelación de las Apolo 18, 19 y 20.

• Adicionalmente, la desgracia del programa espacial norteamericano radica en la ideología de que “ser el primero” es lo que cuenta y lo demás no importa. Cuando el Apolo 11 alunizó el 20 de julio de 1969, cerca de 600 millones de personas (de una población mundial de 3,631 millones) presenciaron la transmisión. Para las últimas tres misiones (Apolo 15, 16 y 17) la NASA tuvo que pagar a las televisoras norteamericanas con la esperanza de que fueran vistas por un cada vez menor público norteamericano.

• Finalmente, se han enviado innumerables sondas autónomas a la Luna que han permitido descubrir prácticamente todo acerca de nuestro satélite. Por lo tanto, ya no hay muchas razones por qué enviar misiones tripuladas, a menos que encontremos un buen motivo. La opción más rescatable no sería “un viaje de ida y vuelta”, sino instalar una base permanente. Sin embargo, esto nos regresa al tema de los costos. En los Estates, con su crisis económica e innumerables guerras por pagar, esto ha llegado a tal grado que posiblemente la NASA misma ya haya tirado la toalla.

Y así, se dan las causas por las que los gringos hayan perdido la Luna: no van porque es caro, a menos que haya una razón que lo amerite. Sin embargo, aquello que podría valer la pena el esfuerzo es más caro todavía… y de todas formas a pocos les importa. Entonces, el respaldo financiero y moral no existe y un proyecto de este tamaño se hace imposible de llevar a cabo.

Una “luna de oriente” (東方月亮) (восточная луна)

Independientemente de si los Estados Unidos llegaron alguna vez o no, en la actualidad existen países con los recursos y capacidad tecnológica para llevarnos nuevamente a la Luna: aunque Japón y la India tienen el objetivo de crear bases permanentes en su superficie y han realizado algunos avances al respecto, una alianza estratégica entre China y Rusia podría perfilarse como la opción más viable: China tiene montañas de dinero debido a su enorme superávit comercial y ahorro interno, mientras Rusia tiene el expertise tecnológico para lograr el objetivo. Por ello, el programa espacial chino prevé un alunizaje tripulado durante la década del 2030 y ya están haciendo planes para la construcción de su propia base.

¿En qué acabará todo esto? Que probablemente China, Rusia, Japón o la India construyan su base lunar a mediados de este siglo, e inmediatamente después los Estados Unidos se vean forzados a construir una propia. Después de todo, los gringos son unos holgazanes si no cuentan con una competencia real, pero si China o Rusia plantan su bandera en la Luna, les pegará muchísimo a su orgullo nacional y conociéndolos como son, harán todo lo posible para no quedar rezagados en un segundo o tercer lugar.

Y así, con radares y telescopios en las manos de una nueva generación de escépticos conectados a través del Internet podremos contestar de una vez por todas la vieja cuestión de la llegada a la Luna: Si, hemos llegado y ya la estamos colonizando.

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